La asignación de JP Morgan como intermediario en la venta de Popular ha levantado ampollas en el sector de la banca de inversión. Los rivales del gigante americano consideran «muy poco estético» que una de las primeras decisiones ejecutadas por Emilio Saracho en el Popular haya sido encargar el traspaso a la entidad donde trabajaba. Hasta su fichaje, el directivo español ocupaba la vicepresidencia mundial del grupo con sede en Nueva York.

El malestar de algunas firmas está justificado en los vínculos que siguen uniendo a JP Morgan y a Saracho. El presidente de Popular abandonó la entidad estadounidense el pasado diciembre, tras pactar el cobro de unos 86 millones de euros. Para alcanzar esa indemnización de salida, fue fundamental que JP Morgan considerara que Popular no supone una competencia para su negocio, ya que de lo contrario el pago se habría reducido de forma ostensible.

Ahora, los lazos entre Saracho y JP Morgan pueden servir para que el grupo estadounidense obtenga un buen retorno de unas de las operaciones más esperadas del sector financiero. Y es que el banco estadounidense se juega con la venta del Popular unas comisiones que podrían alcanzar los 20 millones, en el caso de que Saracho logre colocar la entidad al precio deseado: unos 4.000 millones de euros. JP Morgan no sería el único en sacar tajada. Una porción idéntica iría a parar a las arcas de Lazard, la entidad que controla Jaime Castellanos, que comparte la labor de asesoramiento junto a su rival.

JPMorgan y Lazard podrían recibir en torno al 1% del precio de venta de Popular

La preocupación por la imagen que podría dar la designación de JP Morgan se ha hecho también notoria en el seno del Consejo de Administración de Banco Popular. Según fuentes de toda solvencia, la reunión en que debía darse el visto bueno a la elección del banco estadounidense, junto a Lazard, para comandar el proceso de venta transcurrió en medio de un tenso debate. Lo que se anticipaba como un mero formalismo acabó convirtiéndose en una discusión que se prolongó durante horas.

Una operación codiciada

La intermediación en la venta del Popular es objeto de deseo por los bancos de inversión. Su ganancia en este tipo de operaciones es proporcionalmente directa al precio al que se sella la operación. La del Popular tendrá la estructura habitual: una tasa fija, más otra conocida como «success fee». La parte del león es la segunda, ya que consiste en un porcentaje de la cantidad final pactada entre comprador y vendedor. Con frecuencia, en el contrato se fija un porcentaje de comisión mínimo que puede llegar a multiplicarse exponencialmente si el precio de la operación rebasa un nivel mínimo predefinido.

Según fuentes de la banca de inversión, un traspaso del calado del Popular llevaría consigo una tasa de éxito de en torno al 1%. Es decir, cerca de 40 millones a repartir entre dos, si el precio final ronda los 4.000 millones.

A pesar de las suspicacias generadas por la designación de JP Morgan para intermediar en la venta de Popular, algunas firmas competidoras consideran hasta cierto punto entendible que Saracho haya recurrido a su antiguo banco para llevar a cabo una operación de este tipo. «Es natural que escoja a los asesores en los que tenga más confianza y se sienta más cómodo trabajando con ellos. Son temas muy complicados y sensibles, así que tiene cierta lógica ir a tiro seguro», señalan desde una entidad internacional.

En este sentido, fuentes del sector recuerdan que son muchas las entidades con experiencia en este tipo de operaciones y que apenas suele haber diferencias en cuestión de precios, por lo que la elección de los bancos suele ser más «una cuestión de feeling«.

La venta del Popular ha sido la auténtica -y quizá única- misión de Emilio Saracho desde que asumió oficialmente la presidencia, el pasado 20 de febrero. Tal y como informó El Independiente, cuando asumió el cargo, el alto directivo llevaba al menos tres meses explorando las posibilidades de traspaso. Es decir, tanteando a posibles compradores.

La elección de asesores en estas operaciones suele responder a un criterio de confianza

Los analistas que han seguido de cerca los pasos de Saracho coinciden en que su intención siempre ha sido vender el banco. Buena prueba de ello es el mensaje que emitió en su primera junta al frente del Popular. Saracho dibujó ante los accionistas un crudo presente y un futuro nada halagüeño para la entidad.  El presidente aseveró que el banco estaba abocado a ampliar capital o a protagonizar una operación corporativa. Había poco espacio, a su juicio, para una solución basada en el crecimiento orgánico, que habría exigido mucho tiempo y muchísimo esfuerzo. El mensaje propició un desplome inmediato de las acciones del 9%.

Con los títulos cayendo en picado, Saracho decidió asignar el contrato de asesoramiento a su antigua casa, JP Morgan, y a Lazard.

En el sector hay quien recuerda, salvando las distancias, que Rodrigo Rato concedió el contrato de asesoramiento de la salida a Bolsa de Bankia al banco del que procedía, Lazard. Una conexión que acabó investigada por la Justicia y que ha sido archivada hace sólo unos días.