«Si alguien me cuenta esto hace quince años no me lo creo. Cuando yo empezaba en esto, a mediados de los 90, se decía que Popular era la bolsa, que si a Popular le iba bien a la economía española le iría bien», rememora un veterano operador de la bolsa española.

A quienes llevan años trabajando sobre el parqué español, la situación de Popular no deja de resultarles chocante. El que fuera uno de los grandes valores de la bolsa española, con un valor próximo a los 19.500 millones de euros, referente del sector financiero por su solidez y su eficiencia, ha quedado reducido a la mínima expresión en una convulsa década cuyas páginas más dolorosas parecen aún pendientes de escribir.

Este lunes las acciones del banco que preside Emilio Saracho han firmado un retroceso del 18,16%. Se trata del séptimo revés consecutivo, un periodo en el que los títulos de Popular acumulan un castigo del 50%. De este modo, el valor bursátil de la entidad ha caída hasta los 1.418 millones de euros, lo que le sitúa como el quincuagésimo séptimo por tamaño del parqué español, por detrás de compañías como Neinor, Applus y Vidrala.

Las dudas sobre el futuro del banco, que busca a la desesperada una solución para los problemas derivados de su elevada exposición al riesgo inmobiliario -que totaliza alrededor de 37.000 millones de euros-, han sumido en los últimos días su cotización en una espiral bajista que no encuentra fin.

El banco, que hace diez años valía 19.500 millones, capitaliza hoy poco más de 1.400

Un calvario bursátil que ha convertido a Popular en el peor valor de la bolsa europea desde los inicios de la crisis financiera en julio de 2007, hace ya casi una década. En ese periodo, los títulos del banco español han sufrido un desplome superior al 98%. Ninguna de las 600 compañías que forman parte del índice paneuropeo Stoxx 600 muestra un desempeño peor.

Ni siquiera Bankia, que resta más del 97,6%, aunque estas pérdidas se concentran en sólo seis años, pues la entidad no comenzó a cotizar hasta el verano de 2011. Otras entidades que han precisado del dinero público a lo largo de la crisis, como Bank of Ireland, Commezbank o Royal Bank of Scotland también muestran un resultado ligeramente superior al del banco que preside Emilio Saracho, al acumular pérdidas entre el 97,5% y el 94%.

Los problemas de Popular a lo largo de esta agónica década tienen un inicio paralelo al de otras firmas del sector: el pinchazo de la burbuja inmobiliaria pilló a un gran número de entidades sobreexpuestas a un negocio que les ocasionaría onerosas pérdidas.

Pero si otros muchos bancos han logrado a lo largo de este periodo taponar aquellas heridas -en muchos casos con la ayuda de dinero público o a través de fusiones-, las soluciones intentadas por el banco español, que han incluido una serie de ampliaciones de capital con las que ha captado unos 5.500 millones de euros, han resultado ineficaces.

La entidad, con más de 90 años a sus espaldas, se ha visto forzada a abrir un proceso para su venta. Pero esta operación parece haber encallado en una serie de obstáculos, que hacen improbable que el ningún otro banco se anime a presentar una oferta elevada por hacerse con el negocio del banco. El temor a un agujero oculto en su balance, que obligaría a un profundo saneamiento, y el riesgo de demandas por parte de los accionistas del banco parece disuadir a los posibles compradores.

Saracho se reúne este martes con el BCE para analizar la situación del banco

En este contexto, el presidente de Popular, Emilio Saracho, se reúne este martes con miembros del Banco Central Europeo (BCE) para analizar la situación de la entidad y las alternativas a su alcance. Para los analistas de Fidentiis «este encuentro será clave. Parece que Popular no tendrá mucho más tiempo antes de que pueda terminar el proceso de venta o lanzar un aumento de capital».

La firma de análisis advierte, como ya hizo Fitch hace escasos días, de que si no se alcanza una solución en el corto plazo «la espiral negativa de malas noticias y la disminución del precio de las acciones pueden deteriorar aún más la percepción de los clientes y esto podría llevar a nuevas disminuciones de los depósitos».

En este complejo escenario, los inversores han empezado a contemplar la posibilidad de que Popular se vea abocada a un rescate que, bajo las nuevas normas europeas de resolución bancaria, conllevaría notables pérdidas para sus accionistas y bonistas.

Para aliviar sus necesidades, Popular tiene abierta también la vía de la venta de activos, aunque avanza muy lentamente. Los expertos advierten de que en una situación de emergencia como la que atraviesa la entidad, los interesados en comprar los negocios a la venta intentan sacar provecho ofreciendo precios a la baja.

Así, mientras espera a cerrar traspasos de calado, como su negocio de tarjetas WiZink o su filial estadounidense Totalbank, el banco español apenas ha podido anunciar ventas menores como la reciente de su participación en Targobank, por 65 millones de euros.

Precisamente, tras esta operación, el banco francés Crédit Mutuel, con el que gestionaba de forma conjunta esta filial ha salido del consejo de la entidad, según ha comunicado Popular a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).