Popular ha cerrado este viernes una de las semanas más convulsas de su historia sobre el parqué. El banco que preside Emilio Saracho ha visto esfumarse un 38% de su valoración en sólo cinco sesiones, hundiéndose en los niveles más bajos de su historia.

De este modo, el valor en bolsa de Popular se ha reducido en más de 1.000 millones, hasta situarse en el entorno de 1.733 millones de euros, lo que le sitúa ya como el valor más pequeño del Ibex. Ha perdido un 55% de su valor desde que arrancó 2017.

La tensión en torno al banco se ha recrudecido en la última sesión de la semana, en la que ha registrado caídas del 17,4% -en su peor momento llegó a ceder cerca del 27%-, que han situado el valor de sus acciones en los 0,41 euros. Y eso que había abierto al alza, con repuntes que llegaron a rondar el 7%, debido al cierre de posiciones cortas tras las fuertes caídas de la jornada anterior.

Pero poco a poco el nerviosismo se fue acrecentando hasta dar paso a una nueva avalancha de ventas: en la jornada se negociaron más de 228 millones de acciones, representativas de un 5,4% del capital del banco, más del triple de la media anual.

El banco pierde más del 55% de su valor en 2017 y capitaliza ya menos de 1.800 millones

En esta oleada reciente de ventas también han sido partícipes algunos de los principales accionistas de Popular. BlackRock, que atesoraba un 4,09% del capital del banco, se ha desprendido de 97,15 millones de acciones de la entidad, reduciendo su participación al 1,775%, según consta en una nota remitida a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV) este jueves.

La pregunta que el mercado se hace con insistencia es si Popular vale aún algo. Y es que la desconfianza en torno al futuro de la entidad no ha hecho sino multiplicarse en las últimas jornadas. Las noticias que apuntan a que Europa está intensificando su vigilancia sobre la entidad, por si fuera necesaria una intervención, han elevado la tensión entre los inversores. Además, el retraso en el proceso de venta, que estaba previsto inicialmente que se cerrara el próximo 10 de junio, ha sido entendido como una muestra de desinterés por parte de los compradores.

«El mercado se ha ido posicionando en una solución extrema para el banco, que pasaría por la liquidación», observa Nuria Álvarez, analista de Renta 4. En su opinión, el problema del banco sigue siendo el mismo que hace dos meses: cómo valorar sus activos inmobiliarios para determinar el nivel de provisiones necesarias y el dinero que hace falta para reforzar las ratios de capital.

Pero las noticias y rumores que han ido surgiendo en las últimas semanas parecen ir alejando las opciones que se manejaban hasta la fecha como posibles alternativas del banco para solventar sus necesidades de fondos, cada vez más acuciantes. De este modo, los inversores han empezado a situar en el escenario la posibilidad de que Popular sea intervenido, con dolorosas consecuencias para accionistas y bonistas del banco.

Dificultades en la venta

Sobre todo, porque la alternativa más viable, la de la venta del negocio de Popular a un competidor se ha ido diluyendo a pasos agigantados. «Tras los recientes acontecimientos, parece que el potencial interés de una absorción resulta menos evidente, y esperamos ofertas muy bajas (si las hay)», advierten en Alantra.

La operación de venta de Popular parece haber encallado en una serie de obstáculos insalvables. Entre ellos, uno de los más relevantes es el riesgo de litigios al que se enfrentaría un posible comprador de la entidad, «en un contexto en el que Popular realizó una emisión de acciones hace un año por 2.500 millones de euros y una gran parte fue vendida a inversores minoristas», observan en Alantra.

Más evidente aún resulta el riesgo derivado del agujero en balance que tendría que cubrir un potencial comprador y que los expertos cifran en más de 4.000 millones de euros. «Veo muy difícil que nadie se plantee una oferta en firme por Popular sin que el banco concluya el proceso de evaluación de sus activos inmobiliarios», indica Nuria Álvarez.

Como recalcan los analistas de Fidentiis la magnitud de los problemas que aquejan a Popular, con una exposición al riesgo inmobiliario que totaliza 37.000 millones de euros, hace prácticamente inevitable una limpieza intensa del balance de la entidad. «Con este tipo de presión, creemos que una adquisición a precios considerablemente por encima de cero es poco probable», indican.

De este modo, la dirección de Popular, encabezada por Emilio Saracho, parece abocada a abordar el que hasta la fecha aparecía como el plan B en sus esfuerzos por reflotar la entidad: una millonaria ampliación de capital en paralelo a la venta de activos para aliviar las necesidades de fondos.

Pero también esta opción parece perder fuerza con el descalabro reciente de la cotización. «Es un círculo vicioso, las acciones caen porque los inversores desconfían de las soluciones para el banco, esa desconfianza aleja a posibles compradores y hace más difícil una ampliación de capital, que, con las acciones a estos precios, sería muy dilutiva», comenta Alberto Castillo, responsable de análisis de Capital Bolsa.

Popular necesita al menos 4.000 millones de capital, un 130% más de lo que vale

Y es que, por ejemplo, en Fidentiis consideran que el banco necesitaría ampliar su capital por al menos 4.000 millones de euros, unas cifras que superan en un 130% el valor actual de Popular.

El banco también podría obtener fondos a través de la venta de algunos de sus activos no estratégicos. De hecho, este jueves anunció la venta de su participación en Targobank. Y se espera que en los próximos días la entidad se desprenda de su negocio de tarjetas WiZink o de su filial estadounidense Totalbank, negocios con los que algunos analistas estiman que podría obtener cerca de 2.000 millones de euros.

Sin embargo, la situación de urgencia en que se encuentra la entidad dificulta que se pueda obtener un precio elevado por estos activos.

«Popular es visto como un vendedor forzado y esto podría obstaculizar la venta de activos, mientras que ampliar capital y atraer inversores ancla con un precio de las acciones descendente también parece más complicado», indican en Alantra.