La absorción de Banco Popular por parte de Banco Santander pone el cierre a una historia que tiene sus orígenes hace más de 90 años. La historia de un banco que llegó a erigirse a principios de la década de 1990 como la mejor entidad bancaria del mundo, según la revista especializada Euromoney, y la más rentable y saneada, según la agencia IBCA.

El 14 de octubre de 1926 tuvo lugar la inauguración de la sede social del Banco Popular de los Previsores del Porvenir, en la Avenida Conde de Peñalver (actual Gran Vía), en pleno centro de Madrid. Al evento asistieron la práctica totalidad de los miembros del Gobierno del general Miguel Primo de Rivera y el rey Alfonso XIII. Éste había suscrito 500 acciones de la entidad recién creada, más otras tantas en nombre de su familia, que con el tiempo pasaron a don Juan de Borbón y a la princesa Esperanza de Borbón y Orleans.

Con tan notable respaldo veía la luz una entidad surgida con el propósito de «proporcionar a cuantos utilicen sus servicios las mayores facilidades en toda clase de asuntos económicos y bancarios», realizando «todas las operaciones que, como peculiares de las compañías de crédito, se determinan en el Código de Comercio vigente». La entidad nacía con un capital social de 10 millones de pesetas, promovida por Emilio González-Llana Fagoaga, un ingenierio de minas que había ocupado puestos de representación en el Congreso y en el Senado, como miembro del Partido Conservador, y que sería su primer presidente.

El rey Alfonso XIII y su familia figuraron entre los primeros accionistas del banco

Aquellos fueron años difíciles para la economía española, golpeada primero por los efectos de la Gran Depresión y posteriormente por la guerra civil que estalló en 1936. Estas vicisitudes condicionaron la evolución durante sus dos primeras décadas del banco, que en 1947 cambió su denominación por la que le acompañaría hasta ahora: Banco Popular Español.

Acción del Banco Popular de los Previsores del Porvenir.

Acción del Banco Popular de los Previsores del Porvenir.

Por entonces, ya hacía tres años que había asumido el control del banco el industrial catalán Felix Millet i Maristany, quien contó con el supernumerario Juan Manuel Fanjul Sedeño como mano derecha, dando inicio así al ascenso de la institución religiosa en los órganos de control del banco.

Sería a partir de estas fechas cuando, de la mano del desarrollo que experimentó la economía española a finales de la década de 1950, el banco se adentró en una fase notable de crecimiento. Durante catorce años, Popular logró multiplicar por 15 los depósitos de sus clientes, por 24 los recursos propios y por 25 sus beneficios.

El mandato de los hermanos Valls

En este periodo fueron grandes protagonistas los hermanos Lluís y Xavier Valls. Con ellos ya en puestos de responsabilidad, el banco mantuvo una destacada vocación hacia las finanzas minoristas domésticas, aunque no por ello renunció a aventuras más extravagantes.

No en vano, Popular fue el primer banco español que obtuvo permiso para comerciar con la Unión Soviética, en tiempos de la dictadura. La amistad de Lluís Valls con el ministro de Comercio Alberto Ullastres, facilitó la apertura de esa vía comercial para la exportación de naranjas y la importación de celulosa, que reportó pingües beneficios al banco, según detallan Manuel J. Peláez y Concepción Serrano en su obra Historia del Banco Popular de los Previsores del Porvenir, luego Banco Popular Español (1926-2008).

En los años de la dictadura, Popular creó también sus filiales de banca industrial (Eurobanco) y de arrendamiento financiero (Iberleasing), que volvería a integrar décadas después, merced a la transformación de la regulación bancaria. También empezó en 1968 su primera aventura internacional, con la apertura de oficinas en Francia, para dar respaldo a los emigrantes españoles en territorio galo.

Desde 1974, los cambio regulatorios facilitaron la expansión del banco por toda la geografía nacional y, desde 1986, con la inclusión de España en la Unión Europea, Popular entabló alianzas con distintas entidades de la región como Rabobank o Hypo-Bank, para garantizar los servicios a sus clientes por toda la eurozona.

Era por aquellos años cuando, según fuentes del sector financiero, se decía que «Popular era la bolsa española. Si a Popular le iba bien, a la economía española le iría bien».

Popular fue el primer banco español que comerció con la Unión Soviética en plena dictadura

Desde finales del siglo XX, en medio de una avalancha de movimientos corporativos que alumbraron grandes grupos en el sector, como Santander Central Hispano o BBV Argentaria, Popular se enfoca en una estrategia de crecimiento dirigida a duplicar su tamaño preservando su independencia. En 2003, se adentra en Portugal, con la compra del Banco Nacional de Crédito y en 2007 salta el charco y aterriza en Estados Unidos con la compra de Totalbank.

Esta última decisión se ejecuta ya con Ángel Ron en la presidencia del banco, puesto al que había accedido en 2004, tras la renuncia de Lluís Valls. Precisamente en 2007, en los albores de la crisis financiera, Popular alcanza su auge bursátil, registrando una valoración próxima a los 20.000 millones de euros, que le situaba como una de las ocho mayores cotizadas de la bolsa española.

A partir de entonces comenzaría un profundo declive que la entidad trató de sortear a través de distintas medidas, como la venta de su filial en Francia, la absorción de sus enseñas regionales (Banco de Castilla, Banco de Crédito Balear, Banco de Galicia, Banco de Vasconia y Banco de Andalucía) o la compra de Banco Pastor.

Pero el peso de la exposición al riesgo inmobiliario se mantuvo todos estos años como un pesado lastre, drenando recursos y obligando a efectuar grandes provisiones. Para hacer frente a este problema, Popular afrontó a finales de 2012 una ampliación de capital por valor de 2.500 millones de euros y en mayo de 2016, nuevamente, volvía a recurrir al mercado para captar otros 2.500 millones, con los que se esperaba poner coto al riesgo inmobiliario.

Nada de esto fue suficiente y, en pleno desplome bursátil y en medio de profundas divisiones en el seno del consejo, a finales del pasado año se acuerda la sustitución de Ángel Ron por Emilio Saracho, hasta entonces vicepresidente de JPMorgan. Las medidas a contrarreloj ejecutadas por Saracho, no exentas de errores a ojos del sector, para tapar el agujero del banco se revelaron inútiles.

Al cierre del martes, Popular se hundía en mínimos históricos en bolsa, con un valor de apenas 1.300 millones de euros y una marca seriamente dañada. Al juicio del BCE, la fuga de depósitos registrada por el banco hacía inviable su continuidad, por lo que acordó su rescate y posterior traspaso a Santander. Más de 90 años de historia habían tocado su fin.