Ángel Ron (Santiago de Compostela, 1962), presidente de Popular desde 2004 hasta que el pasado 20 de febrero entregó el testigo a Emilio Saracho, da la cara tras la intervención de la entidad y su venta a Santander por un euro. La operación supone que todos los accionistas y parte de los bonistas han perdido todo su dinero. El propio Ron, que confiaba en el banco y no vendió ningún título, ha perdido un millón de euros.

En una entrevista exclusiva con El Independiente, el ejecutivo arremete contra la gestión de su sucesor, analiza las causas que han provocado la extinción de un banco con 90 años de historia y se confiesa absolutamente “desolado, perplejo” y preocupado por “la mejor plantilla de trabajadores de España”.

Pregunta.- Popular, el banco casi centenario que lideró durante más de una década, desaparece. ¿Qué le suscita?

Respuesta.- Estoy desolado y perplejo de que se hayan hecho las cosas tan mal. Lo que ha ocurrido era impensable. El banco era solvente hasta mi último día al frente.

Saracho quería meter presión a los supervisores y a los políticos para que facilitasen la venta”

P.- ¿Ha hablado con el ministro de Economía, tras la resolución del banco?

R.- No. Hablé meses atrás para comentar cómo veía la situación del banco. En ese momento ya señalé que cada vez que Emilio Saracho hacía una declaración, el valor de la acción se venía abajo. La depreciación de las acciones está directamente vinculada al proceso de resolución.

P.- ¿Cómo explicaría la crisis que ha marcado el final del banco?

R.- El banco se liquida porque, aun siendo solvente y teniendo más capital que nunca, tal como el propio Saracho manifestó públicamente, sufre una crisis de liquidez ante la desbandada de depósitos. El banco no tuvo activos colaterales suficientes para seguir solicitando liquidez al BCE. Esa crisis de confianza se genera porque se había metido mucha presión a la clientela y a los accionistas, y la crisis de confianza del mercado se traslada a las oficinas, algo que no había pasado antes de la llegada de Saracho.

Todos los grandes bancos se han acercado a Popular durante los últimos años para estudiar su compra”

P.- ¿Qué papel juega Saracho durante los últimos compases de Popular?

R.- Tal como señaló el ministro de Economía el lunes en el Congreso, sus declaraciones inconcretas generaron alarma en el mercado y provocaron que las acciones se desplomasen un 50% en cuestión de días. Cuando Saracho entró en el banco nos comentó a los directivos y a mí que él era banquero de inversión y que desconocía, por tanto, la gestión de un banco comercial. De hecho, repetía que no estaba entre sus objetivos gestionar la entidad. Él mismo señalaba que era experto en creación de valor, algo que pensaba conseguir con la venta del banco o una ampliación de capital. Personalmente, creo que se inclinaba más por lo primero. Días después, decía que la acción estaba cara, que había que hacerla caer, aunque fuese a costa de asustar al mercado y a las instituciones. Desde el principio, manifestó su voluntad de meter presión a los supervisores y al poder político para que le facilitasen una operación corporativa. Yo le advertí que esa estrategia era muy peligrosa.

P.- Los títulos de Popular cayeron más de un 60% desde la llegada de Saracho. ¿Dice que éste era su propósito?

R.- No sé qué pretendía Saracho con su gestión, pero sí lo que conseguía: tirar sistemáticamene la acción con sus comunicaciones. Descarto que quisiese que la acción valiese cero, pero claramente quería bajar su precio. Guindos lo relató perfectamente esta semana recordando la junta general de accionistas, en la que Saracho lanzó un mensaje vago y las acciones se desplomaron.

Confiaba en la buena situación del banco y no vendí ni una acción. He perdido alrededor de un millón de euros”

P.- ¿Alguna vez le transmitió a Saracho reparos sobre su gestión?

R.- Sí, al principio, le advertí sobre ciertas cosas que no debían hacerse. Y las hizo. Después me pidieron que no interviniese. Le advertí que Popular era un banco comercial, no de inversión; que mantener la confianza del accionista y el depositante es vital; que hay que ser transparente, pero no puedes salir y decir lo primero que se te ocurre; que está en el catón que, cuando el mercado te achaca un problema, sea o no real, tienes que salir dando ya una solución y no generando más dudas.

P.- Santander se ha hecho con todos los activos y pasivos de Popular por un euro. ¿Es un precio justo?

R.- Santander ha hecho una magnífica operación. Ha aprovechado la oportunidad y va a obtener una rentabilidad que ellos calculan en el 13%-14% y algunos analistas cifran, incluso, en torno al 20%. Los negocios de Popular han sido ambicionados por toda la banca nacional. A lo largo de los últimos años, he tenido contactos con todos los grandes grupos para comprar Popular, por su gran valor intrínseco y 11.000 millones de recursos propios. La última oferta -no vinculante- llegó el pasado mes de noviembre. BBVA ofreció 5.500 millones, cuando la valoración rondaba los 6.500 millones. Cualquier banco que hubiese comprado Popular a entre 0,70 y 0,80 euros habría logrado un retorno de más del 10%, aun realizando provisiones máximas que asegurasen la confianza del mercado.

P.- Si, como usted señala, Popular valía miles de millones, ¿se han precipitado los reguladores interviniendo el banco y poniéndolo en manos de Santander?

R.- Los reguladores se han enfrentado a una situación de máxima urgencia y han dado una solución que ha preservado los intereses de los depositantes, pero, desafortunadamente, los bonistas y accionistas se quedan sin nada, como consecuencia de la intervención porque el propio banco declara su inviabilidad por un problema de liquidez, aun siendo solvente. Ante eso las autoridades tienen que actuar.

BBVA ofreció en noviembre 5.500 millones de euros, cuando el banco estaba valorado en 6.500″

P.- ¿Hubiese convenido tratar de hacer una ampliación de capital antes de iniciar un proceso de resolución?

R.- Cualquier solución hubiese sido mejor para el accionista, pero no estaba en el consejo y no sé qué tipo de conversaciones mediaban entre el banco y los reguladores. En cualquier caso, el BCE sólo actúa ante la inviabilidad del banco.

P.- ¿Puedo preguntarle cuánto ha perdido con la amortización de las acciones?

R.- En torno a un millón de euros. La prueba de que confiaba plenamente en la buena situación del banco es que no vendí ni una sola acción al dejar la entidad. Que el banco haya caído por un problema de liquidez me deja perplejo.

P.- Los accionistas, muchos de ellos empleados del banco, han sufrido mucho durante su mandato y después. ¿Qué les diría?

R.- Sé que han sufrido y entiendo su malestar y su perplejidad. Estoy muy preocupado por la plantilla. Es una de las mejores de España, si no la mejor, y espero que Santander cuente con ella, aunque ya ha anunciado que, como consecuencia de la absorción, va a haber ahorro de costes.

P.- Muchos inversores preparan acciones legales contra usted, ¿cómo lo encaja?

R.- Voy a defenderme y lo estoy llevando con tranquilidad. El BCE, la JUR (Junta Única de Resolución), el FROB y el Ministerio de Economía coinciden en que el banco fue solvente hasta el último día y entró en el proceso de resolución por el pánico bancario, que generó un problema de liquidez. La posición de liquidez a 31 de diciembre es pública. Si alguien pretende imputar a los directivos que estábamos ahí algún tipo de responsabilidad, nos vamos a defender. Las cuentas están auditadas con fecha de 31 de diciembre y en marzo para hacer la ampliación de capital. Posteriormente, en verano, pasamos el test de estrés que desarrolla la EBA  (Auntoridad Europea Bancaria). Previamente hubo otra prueba de revisión de calidad de activos (asset quality review). El banco ha pasado todas las pruebas y auditorías del mundo.

No entiendo que la CNMV suspenda las posiciones cortas en Liberbank y no en Popular”

P.- Los sindicatos denuncian que la entidad concedía anticipos de sueldo a los empleados para respaldar las ampliaciones de capital y que animaba esta práctica.

R.- Yo no estaba en la comercialización de la ampliación, pero los empleados tradicionalmente han sido accionistas del banco y la concesión de anticipos es una práctica perfectamente legal. Comprar acciones es una muestra del orgullo de pertenencia y de compromiso que tenía la plantilla. Sin embargo, en una operación de 2.500 millones, la participación de los empleados era residual. Además se deducía de los recursos propios.

P.- Los inversores especuladores han atacado el valor. ¿Qué responsabilidad se les puede atribuir?

R.- Han jugado un papel decisivo. Desde la llegada de Julio Segura a la presidencia de la CNMV les he dicho a todos los responsables de la institución que no hay que prohibir esta estrategia de inversión, pero sí regularla y dotarla de transparencia. Al actual presidente de la Comisión, Sebastián Albella, le transmití que había intereses en tirar la acción. Tengo la sospecha, bien fundamentada, de que accionistas significativos se lucraron poniéndose cortos y recuperaron, de este modo, buena parte de las pérdidas registradas. Cuando se habla de banca, es vital la prudencia y la discreción, y ningún consejero o ejecutivo puede jugar a aprendiz de brujo.

Los empleados compraron acciones en la ampliación de capital por orgullo de pertenencia al grupo”

P.- ¿Qué le parece que la CNMV actúe ahora para proteger a Liberbank y no lo hiciera con Popular?

R.- No sé qué ha visto la Comisión en el caso de Liberbank que no viera en Popular. Me deja perplejo. No entiendo que se suspendan en un caso y no en el otro.

P.- ¿Ve a la cúpula de Popular sentada en el banquillo, emulando el caso de Bankia?

R.- Popular no es Bankia, un banco que quiere salir a bolsa, cuenta una cosa y el mercado no lo cree, aunque hay presiones de toda naturaleza para colocarlo. Aquí hay banco cotizado con 90 años de historia, que siempre ha sido transparente y pasado las auditorías sin salvedades.

Si no se cumple el folleto de la ampliación de capital es porque se abandonó el plan de actuación”

P.- La ampliación de capital de junio de 2016 es cuestionada. Los riesgos y escenarios que recoge el folleto no anticipaban este desenlace.

R.- Dijimos el propósito con el que hacíamos la ampliación, que iba acompañada por un plan de negocio, y así lo hicimos. Si no se cumple lo que refleja el folleto, es porque se ha abandonado el plan de actuación. Las coberturas de los activos improductivos eran del 47%. Nos faltaban 2.000 millones para llegar al promedio del sector, del 52%, De éstos, 1.200 millones se hubieran generado sólo por margen de explotación. Si a esto le unes la venta del banco de EEUU, para el que teníamos ofertas por unos 550 millones de euros, y la de WiZink, cuyo valor se estimaba entre 500 y 1.000 millones, resulta que, en el peor de los casos, este año no hubiésemos ganado ni perdido nada.

P.- El lastre del inmobiliario ha sido la gran debilidad del banco. En retrospectiva, ¿fue un error no traspasar los activos tóxicos a Sareb?

R.- No, lo volvería a hacer. El banco, si no fuese por los errores lamentables de las últimas semanas, estaba mejor que en 2012, con un mayor nivel de coberturas. Estábamos muy cerca de lo que el mercado exigía.

P.- ¿Se siente arropado por la comunidad financiera?

R.- Me he sentido bastante arropado por mis colegas y estoy recibiendo un ingente número de llamadas que me transmiten perplejidad por el desenlace.