El Banco de España ha concluido su análisis de la crisis financiera y valora que se haya conseguido el objetivo principal, evitar la quiebra de un buen número de entidades, lo que habría tenido «efectos demoledores» sobre la estabilidad del sistema, la economía real y el empleo.

El regulador cifra la factura total del rescate en unos 60.613 millones los fondos netos aportados, en línea con lo que señaló en enero el Tribuna del Cuentas. De éstos, 39.542 millones fueron aportados por el FROB y 21.071 millones, por el Fondo de Garantía de Depósitos.

Los 60.613 millones de ayudas netas resultan de descontar 4.139 millones de euros que ya ha recuperado el Estado y 12.198 millones adicionales que el regulador espera recuperar próximamente a las ayudas totales prestadas, que ascienden a 76.410 millones. De éstos, 64.098 millones se desembolsaron en inyecciones de capital e híbridos; 10.390 millones se destinaron a EPA -Esquema de Protección de Activos- y otros 1.922 millones fueron garantías. Es decir, el Banco de España asume que casi el 80% de las ayudas prestadas son irrecuperables.

El Estado dio ayudas por 76.410 millones, de los que ya ha recuperado 4.139 y espera recibir otros 12.198 millones

El supervisor del sistema financiero recuerda en su Libro Blanco para explicar la evolución de la crisis las principales medidas que ha tomado en los últimos años, pero echa balones fuera y justifica que no actuó de forma más enérgica porque la regulación internacional no le daba herramientas suficientes.

«Puede plantearse la pregunta de si se podría haber actuado de forma más enérgica, promoviendo las modificaciones legales necesarias para establecer límites a la concentración de riesgos por sectores, a los niveles de apalancamiento o a las proporciones máximas entre el valor de los préstamos y la valoración de sus garantías», señala el Banco de España.

Sin embargo, «la implantación de este tipo de herramientas macroprudenciales no se contemplaba en la regulación internacional existente en aquel momento».

Los instrumentos supervisores resultaron insuficientes y evidenciaron vulnerabilidades

Además, sostiene que «los niveles de solvencia y provisiones de las entidades, junto con la evolución de los mercados y las previsiones económicas, sustentaron la opinión de que, en general, las entidades podrían afrontar una corrección gradual de sus balances con los instrumentos disponibles y la normativa legal entonces en vigor».

El regulador sí reconoce, en cambio, que los «instrumentos supervisores que se habían desarrollado hasta entonces con un enfoque, sobre todo, microprudencial […] resultaron insuficientes, evidenciándose las vulnerabilidades acumuladas. Todo ello en un contexto en el que la arquitectura institucional de la zona euro era incompleta».

El papel de las cajas

En su análisis de la crisis, el Banco de España pone el foco sobre el papel que representaron las cajas de ahorros. Según la visión del supervisor, estas entidades, «analizadas en retrospectiva», presentaban una estructura de gobierno corporativo que «se mostró inadecuada para facilitar la adopción de las medidas precisas para afrontar la crisis».

La institución que dirige Luis María Linde señala al control político de estas instituciones y denuncia que las Comunidades Autónomas «consideraban las cajas de ahorros como un instrumento relevante en su actuación política y económica». Según su análisis, «este interés político perseguía, en última instancia, ejercer un control sobre dichas instituciones, considerando su función social».

Por todo ello, el Banco de España considera que la estructura de gobernanza de las cajas de ahorros «no favorecía la aplicación de las mejores prácticas internacionales de gobierno corporativo, ni la adecuada capacitación profesional de los miembros de los órganos rectores de estas entidades».

La banca ha destinado casi 300.000 millones a dotaciones para sanear sus balances

Este asunto no resulta baladí, ya que el supervisor observa en estas instituciones una de las piezas claves de los desequilibrios que golpearon al sector financiero durante la crisis. En concreto, menciona el papel director de estas instituciones en el auge del crédito durante los años de la burbuja, que se produjo en paralelo al incremento de su presencia geográfica. Así, entre 2000 y 2007, el crédito concedido por las cajas creció un 266% frente al incremento del 182% en los bancos.

Tras el estallido de la crisis, «la profundidad y duración de la recesión, sin precedentes en tiempos de paz en España, acabó poniendo de manifiesto las debilidades de una cartera de crédito que había crecido de manera muy sustancial en un número amplio de entidades, en buena medida cajas de ahorros, en los años de fuerte expansión del sector inmobiliario».

El Banco de España resalta el «elevado esfuerzo de saneamiento de los balances bancarios por el deterioro de los activos a causa de la crisis». Las dotaciones para saneamientos ascienden a casi 300 millones entre 2008 y 2015, cerca del 20% del total del crédito a residentes en el momento del estallido de la crisis y el 28% del PIB de 2015, recoge el libro blanco.

El esfuerzo en provisiones se ha visto acompañado por una importante reestructuración del sector financiero para reducir la base de costes. Desde el inicio de la crisis y hasta el cierre de 2015, el número de oficinas se ha reducido un 32% y el de empleados un 27%.