El peor destino cuando se va al volante de un coche es la muerte. Pero además, hay accidentes que duran toda la vida, más allá del impacto o el verano que no fue,  porque se quedan en el recuerdo de familiares y allegados o en forma de secuelas permanentes.

Un informe que se encuadra en la campaña Estamos seguros de la patronal de los seguros Unespa, recoge por primera vez algunos de estos datos, disponibles por primera vez en 2016 a partir de la información que proporciona el nuevo Baremo de Indemnizaciones, el sistema homologado que permite tasar las indemnizaciones por accidentes de tráfico.

De acuerdo con estas cifras, que no tienen comparativa posible con 2015 al ser la primera vez que se publican, un total de 1.112 personas murieron en las carreteras españolas el pasado año, unas tres diarias. Sin embargo, a su paso dejaron 4.605 personas, entre familiares y otros vínculos afectivos. Es decir que, de media, por cada persona que muere al volante, otras cuatro sienten su ausencia.

El estudio realiza esta estimación a partir de las personas que tienen derecho a indemnización en cada uno de estos accidentes mortales –las que han convivido con la víctima desde hace varios años–. En función de este mismo criterio permite conocer el número de personas que quedan con secuelas permanentes o temporales.

Las secuelas permanentes

Y es que otra de las caras más siniestras de este capítulo es que 77.820 personas quedaron con secuelas permanentes tras un accidente de tráfico en 2016. Unas 213 diarias. Cruzando estadísticas, por cada muerte en la carretera, unas 70 personas quedan marcadas para toda la vida.

Por otro lado, el Baremo cuenta con un sistema de valoración del daño corporal en accidentes de tráfico que establece puntuaciones en virtud de la gravedad de la secuela. Algo más de la mitad de las secuelas permanentes producidas en 2016 eran leves, principalmente vinculadas al conocido como latigazo cervical. Sin embargo, el 10% de los lesionados se situó por encima de los seis puntos.

Para hacerse una idea, al margen de las secuelas estéticas, entre las funcionales, la fractura de una costilla alcanza entre los cuatro y los seis puntos, mientras que la amputación de un brazo supone 45 puntos y las quemaduras del 60% del cuerpo, 85.

Otra de las referencias del informe señalan que de todas las secuelas sufridas por diferentes tipos de víctimas, ocho de cada diez tenían que ver con el sistema músculo-esquelético y un 13,3% fueron perjuicios estéticos.

Lesiones temporales

La base de datos se refiere también a aquellas lesiones tras las que hay una completa recuperación. Un total de 263.780 personas sufrieron estos procesos de incapacidad permanente en 2016. Por edades, son los jóvenes entre 19 y 35 años acaparan el 42,2% de los casos, por delante de los accidentados entre 35 y 55 años, con el 35,6%.

Sin embargo, no son los jóvenes, sino los mayores los que ocupan los primeros puestos de víctimas mortales. Un 30,6% de los fallecidos al volante tenía 71 años, mientras que un 25,7% tenía de 36 a 55 años. En cambio, menos de un 20% de los muertos tenían entre 19 y 35 años.