El desafío separatista catalán no es tan feroz. Al menos no a ojos de los inversores. Mientras la maquinaria nacionalista sigue avanzando hacia la celebración de un referéndum que pretende convertir en el episodio fundacional de un nuevo Estado Catalán, los mercados hacen alarde de calma.

Este martes, la prima de riesgo española se ha situado por debajo de los 100 puntos básicos, un hito que no lograba desde finales del pasado mes de septiembre. En el último mes, esta referencia, que mide la percepción del riesgo con que ven los inversores las finanzas españoles en relación a las alemanas -las consideradas más seguras dentro de la eurozona- ha experimentado un recorte de 20 puntos básicos.

Este movimiento se produce en pleno repunte generalizado de los tipos de interés en la eurozona, ante las crecientes expectativas de que el Banco Central Europeo inicie en los próximos trimestres el proceso de retirada de los estímulos monetarios. El interés del bono español a 10 años ha remontado en cuatro semanas desde el 1,36% hasta el 1,54% actual. En ese periodo, no obstante, la rentabilidad del bono germano se ha elevado 30 puntos básicos, hasta el 0,56%.

El mejor desempeño del bono español también es perceptible frente a países más equiparables, como Italia, cuyo bono a 10 años ha incrementado sus intereses en 29 puntos básicos, desde el pasado 21 de junio, hasta el 2,19%.

La deuda española se ha comportado mejor que la alemana y la italiana en el último mes

La favorable acogida a la deuda española también es perceptible en las subastas que viene celebrando el Tesoro a lo largo de 2017. Este martes, sin ir más lejos, la institución ha colocado letras a 9 años por las que los inversores han asumido un interés negativo del 0,387%, un nuevo récord que demuestra el apetito por estos títulos. El coste medio de la deuda española en circulación se situaba al cierre del pasado junio en el 2,66%, un nuevo mínimo histórico.

La confianza de los inversores en la deuda española puede justificarse, según fuentes del Ministerio de Economía, por la fortaleza de la economía del país, que se espera que vuelva a crecer en 2017 por encima del 3%; la sensación de mayor estabilidad política, después de la aprobación de los presupuestos de este ejercicio y el conocido como techo de gasto para 2018; y la buena acogida a la solución a la crisis de Popular, que no ha precisado del empleo de dinero público.

Todas estas cuestiones parecen estar primando en la mente de los inversores sobre las inquietudes que podrían derivarse de la cuestión catalana. Esto se debe, en buena medida, a que la mayor parte de los agentes económicos se muestra confiado en que la amenaza secesionista no irá a mayores. Firmas como Barclays o Bank of America Merrill Lynch han expresado en los últimos meses su convicción de que el referéndum catalán no llegará a celebrarse o, si lo hiciera, sería en unos términos que lo despojarían de significado.

Las firmas de análisis se muestran convencidas de que la crisis catalana no irá a mayores

También la agencia S&P señalaba el pasado marzo, cuando abría la puerta a una subida del ráting español, que «a pesar de las tensas relaciones, sin embargo, anticipamos que Cataluña seguirá siendo parte de España».

Eso sí, firmas como Andbank temen que la crisis entre el Gobierno español y el catalán se acabe enquistando, mientras que en Bank of America advierten de que si, finalmente, el gobierno tuviera que hacer uso de los medio legales -incluyendo la toma del control político de la región- para detener el movimiento separatista, «eso ayudaría a corto plazo a contener los riesgos de catástrofe, pero podría dar lugar a un renovado apoyo a la secesión».