En la hoja de ruta que los mercados han dibujado sobre el futuro de la política monetaria en la eurozona, julio aparecía como un mes de tránsito. De la reunión que mantenía este jueves el Consejo de Gobierno del Banco Central Europeo (BCE) apenas se esperaban novedades. A lo sumo algún leve gesto preparatorio, como el dado en la reunión de junio, antes de anunciar ya en septiembre las líneas preliminares de la retirada del plan de compra de bonos (QE).

Y ciertamente, pocos anuncios hubo durante la comparecencia ante los medios del presidente de la institución, Mario Draghi. Pero de sus mensajes se desprendió una voluntad de convencer al mercado de que los estímulos del BCE aún tienen una larga tarea que cumplir.

Es cierto que el banquero italiano inició su comparecencia haciendo hincapié en la creciente fortaleza económica de la eurozona. Pero a este mensaje le siguió la advertencia de que la inflación sigue lejos de los objetivos del BCE y que, por ello, las medidas extraordinarias de la institución siguen siendo necesarias. «El BCE estará en el mercado por un tiempo prolongado», apostilló una vez más.

Draghi no hizo ninguna concesión a quienes esperaban pistas sobre una próxima retirada de los estímulos. El tapering (como se conoce al proceso de reducción gradual de las compras de venta) no se ha discutido aún; su momento llegará en otoño, recalcó el banquero italiano, aunque luego precisó que eso no anula la posibilidad de que se produzcan novedades en la reunión del próximo 7 de septiembre.

Los recientes comentarios del presidente del BCE en Sintra, Portugal, habían sido entendidos por el mercado como una prueba inequívoca de que la institución ya tenía preparado el primer movimiento hacia la casilla de salida, tras años de medidas extraordinarias. Pero este jueves Draghi ha tratado de atenuar esa interpretación.

La razón puede buscarse en el notable repunte que han experimentado desde entonces las rentabilidades de los bonos europeos y, sobre todo, el euro, que ha remontado casi un 4% desde entonces, poniendo en riesgo los objetivos de inflación y la actividad exportadora de la eurozona, una de las piezas clave de la recuperación económica. De hecho, Draghi reconoció que el Consejo de Gobierno había prestado «alguna atención» al repunte del euro.

El euro ha escalado a máximos de dos años, pese a los mensajes de Draghi

«Lo último que el Consejo de Gobierno puede querer es un endurecimiento no deseado de las condiciones de financiación que puede poner en peligro» el proceso de recuperación de la eurozona.

Por esa razón, Draghi ha insistido en la capacidad y flexibilidad con la que cuenta el BCE para incrementar el programa QE en tiempo y cantidad (desde los 60.000 millones de euros al mes actuales) si fuera preciso.

Estos mensajes ocasionaron una confusa interpretación por parte de los inversores. La rentabilidad de los bonos experimentó un notable recorte, con el interés de los títulos españoles a 10 años cayendo por debajo del 1,5% por primera vez en cuatro semanas, precisamente desde el discurso de Sintra.

El euro, en cambio, recibió las palabras de Draghi con un súbito repunte por encima de los 1,156 dólares, niveles no vistos desde hace casi dos años.

Ahora, el futuro de la política monetaria queda a expensas de la reunión del próximo mes de septiembre, cuando el banco central contará con una revisión de sus objetivos de crecimiento económico e inflación que podría ayudar a Draghi a justificar sus próximos pasos.

No obstante, el banquero italiano podría ofrecer ya algunas pistas del rumbo a seguir por el BCE en la reunión de banqueros centrales de Jackson Hole, en Estados Unidos, que tendrá lugar entre el 24 y el 26 de agosto.