La crisis económica que asfixia a Venezuela arroja muchas cifras. Algunas de ellas más que alarmantes, como la inflación; y otras tan preocupantes como la caída en picado de las importaciones, un reflejo estadístico de la escasez con la que debe convivir a diario la población. Casi todos los indicadores tienen un nexo en común: el desplome del precio del petróleo. De las muchas cifras que ilustran la tremenda recesión, hay cinco que permiten hacerse una idea del duro presente -y el oscuro futuro- que afronta el país.

720%

Es la cifra más apabullante. Se trata de la última previsión de inflación para este año del Fondo Monetario Internacional (FMI). Según el organismo, la economía venezolana cerrará 2017 con un incremento de los precios del 720%. El número de tres cifras es asombroso y convierte a Venezuela en la nación con más inflación de todo el mundo. Lo alarmante es que las estimaciones del FMI para 2018 arrojan un dato peor aún, de cuatro cifras. La institución que preside Christine Lagarde augura que los precios se dispararán por encima del 2.000% si nadie -o sea, el Gobierno- hace algo por remediarlo.

Venezuela saca ya un largo trecho al grupo de países que sufren tasas casi insoportables de inflación, y que tradicionalmente ha estado liderada por economías africanas. Sudán, Malawi o Ghana son algunos ejemplos. Y el problema en Venezuela no es sólo la carestía de cualquier producto -sobre todo los básicos-, sino los tremendos vaivenes a los que están sometidos los precios.

7,4%

Ese porcentaje es lo que caerá el Producto Interior Bruto (PIB) de Venezuela este año. El dato asombra a algunos economistas, que ya llevan tiempo estudiando lo que está sucediendo en la economía latinoamericana. “No es fácil observar este fenómeno, donde se unen una caída en picado del PIB y una escalada brutal de la inflación”, reconoce Miguel Sebastián. El ex ministro de Industria, hoy profesor en la Universidad Complutense de Madrid, es uno de los economistas que está arrimando el hombro junto a José Luis Rodríguez Zapatero para ayudar al país a salir del pozo (junto al ex presidente también colabora José Carlos Díez). El brusco recorte del crecimiento económico lo pronostica el FMI. Lo llamativo es que el año pasado cerró con un descenso mayor aún, del 18%. Para 2018, el organismo prevé una ralentización de la caída, del 4,1%.

Al igual que ocurre con la inflación, Venezuela también ostenta un récord negativo por su PIB. Ninguna de las economías examinadas por el FMI se contraerá tanto como la venezolana el año que viene. Comparten el vagón de cola Guinea Ecuatorial, cuyo PIB caerá casi un 5%, Sudán del Sur (-3,5%) y Puerto Rico (-3%).

50

Es el precio medio del barril de petróleo en el último año. Los 50 dólares corresponden al Brent, que se cotiza en Londres y sirve de referencia en Europa. Pero lo que importa realmente es la evolución, idéntica en el resto de calidades de crudo, al margen de la procedencia. Cuando murió Hugo Chávez y Nicolás Maduro se instaló en el Palacio de Miraflores, en 2013, el barril de Brent se cotizaba en torno a los 115 dólares. Hoy vale menos de la mitad.

La caída del petróleo daña las cuentas de las petroleras y las arcas de los países productores. Pero es especialmente dramática para un país como Venezuela, cuya dependencia del barril es extrema. Según un informe encargado por el FMI, del petróleo depende casi el 95% de las exportaciones totales. El barril, por tanto, es prácticamente la única fuente de divisas extranjeras, necesarias para importar alimentos y materias primas del exterior.

Una de las instalaciones de PDVSA en Venezuela.

Una de las instalaciones de PDVSA en Venezuela. PDVSA

Además de la caída de los precios, la industria petrolera nacional es cada vez menos eficiente. El país afronta así una cruel paradoja: alberga las mayores reservas de crudo del mundo (300.000 millones de barriles, según la Opep), pero no puede sacarle todo el partido que desearía. “La reinversión de los beneficios del petróleo en programas sociales, en lugar de potenciar la exploración, la producción y el refino, declinó las exportaciones”, asegura en su informe sobre Venezuela la Agencia de Energía de Estados Unidos.

Las previsiones del FMI dan fe de ello. Este año y el que viene, las exportaciones caerán por encima del 11%. Paralelamente, las importaciones caerán de forma abrupta, en torno al 27% tanto en 2017 como en 2018.

7.000

La cifra corresponde a los vencimientos de deuda este año que afronta Petróleos de Venezuela (PVDSA) y que vuelven a poner a la empresa pública al borde del abismo. El gigante estatal es la columna vertebral de la economía venezolana. La economía depende del petróleo y sólo PVDSA puede extraerlo, directamente o a través de alianzas con empresas extranjeras en las que siempre lleva la voz cantante. Ese requisito ha espantado a muchas multinacionales; algunas se han ido marchando del país y otras no se atreven a entrar. La débil inversión foránea priva al país de tecnología, medios y dinero para rentabilizar las enormes reservas. Y obliga a PDVSA a lidiar, casi en solitario, con el complicado negocio petrolero, tan dependiente del precio del barril.

Gasolinera de PDVSA en Venezuela.

Gasolinera de PDVSA en Venezuela.

Tal cúmulo de circunstancias ha llevado a la compañía pública a endeudarse por encima de sus posibilidades. El problema PDVSA no es tanto la deuda que arrastra, como la estrechez de ingresos para pagarla. Sobredimensionada, con una estructura de mandos propia de un ministerio, PDVSA ha sido durante años la fuente de financiación de los programas sociales del Gobierno. Los partidarios de Maduro defienden que ese, y no otro, debe ser el único destino de los beneficios del grupo. La oposición, sin embargo, critica que se haya dilapidado tanto dinero con fines electoralistas, hasta dejar las arcas vacías.

“El riesgo que asume PDVSA para poder refinanciarse es alto. Además, la falta de claridad de sus planes de inversión exacerban la probabilidad de que incumpla sus pagos de deuda en los próximos 12 o 18 meses”, avisa Moody’s en su último informe sobre la compañía. Las tres principales agencias de calificación de riesgos consideran bono basura la deuda de la empresa. Para Moody’s y Standard & Poor’s, PVDSA entraña “riesgos sustanciales”. Fitch va más allá y la considera “extremadamente especulativa”. El siguiente paso en su escalafón de notas se denomina “default inminente”. El pasado mes de enero, esta agencia ya alertó en un informe de que no podía descartarse el escenario de la quiebra este mismo año. No es la primera vez que PDVSA afronta una situación de este tipo, lo que quita el sueño a más de un mandatario en Caracas. Porque, como afirma Moody’s, el deterioro fiscal y económico de Venezuela ha hecho al Gobierno más dependiente aún de PDVSA.

189

Venezuela ocupa un deshonroso penúltimo puesto en el principal ránking que mide las facilidades para abrir un negocio. El listado lo elabora el Banco Mundial y se titula Doing Business. En él se analizan a 190 economías desde distintos ángulos. En el caso de la simplicidad para poner en marcha una empresa, Venezuela figura en el puesto número 189. Por detrás sólo está República Centroafricana. En otros apartados, el país latinoamericano también ocupa el vagón de cola. Tiene 187 naciones por delante en las que resulta más fácil hacer negocios (por detrás aparecen Somalia, Eritrea y Libia). El Banco Mundial le otorga el puesto 175 en el ránking que examina la protección a los inversores extranjeros.

En un extenso informe realizado por la aseguradora Aon en 2015, Venezuela estaba a la altura de países con conflictos como Irak o Afganistán. La inseguridad jurídica, los vaivenes regulatorios y la inestabilidad política son factores que repelen la inversión, tan necesaria para que Venezuela pueda extraer el tesoro que alberga bajo la tierra.