Santander tiene prisa por limpiar su última adquisición. La entidad que preside Ana Botín ha puesto ya en marcha un ambicioso plan para desprenderse antes del cierre del ejercicio de buena parte de los activos tóxicos en el balance de Popular. Y la tarea parece que empieza a dar sus frutos.

Banco Popular ha comunicado en la mañana de este lunes que ha alcanzado un acuerdo con el fondo Blackstone para negociar de forma exclusiva la compra por parte de éste «de una participación mayoritaria en el conjunto de activos adjudicados y crédito dudoso que forman parte de la cartera de Banco Popular, derivados principalmente de la financiación de actividades inmobiliarias».

La venta de esta cartera de activos, que contabiliza unos 30.000 millones de euros en activos inmobiliarios -entre los que se incluye el negocio de Aliseda- se encuentra a la espera la decisión final, «que se producirá una vez constatado el cumplimiento de las restricciones en materia de competencia derivadas de la adquisición de Banco Popular», según ha indicado la entidad en un hecho relevante remitido a la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV).

Preacuerdo

Esta confirmación se produce después de que El Confidencial haya anunciado que Blackstone ha llegado a alcanzado un preacuerdo para adquirir el 51% del ladrillo tóxico puesto a la venta por Popular, por el que podría llegar a pagar unos 5.000 millones de euros, lo que supone valorar el conjunto de la cartera en algo más de 9.500 millones de euros.

Blackstone cuenta con bastante experiencia en el mercado inmobiliario español, en el que ha protagonizado notables operaciones en los últimos años, como la polémica compra de unas Viviendas de Protección Oficial (VPO) al Ayuntamiento de Madrid en 2013, que ya han triplicado su valor.

Popular ha confirmado que desde la puesta a la venta de la cartera ha recibido distintas ofertas de varios inversores, entre los que se encontrarían otros fondos como Lone Star y Apollo, según distintas informaciones.

Durante la puja, los candidatos no sólo han tenido que poner sobre la mesa sus ofertas económicas, sino también un plan de negocio que ha sido clave en la decisión de Santander, que espera maximizar el valor de la cartera, de la que seguirá controlando el 49%, a partir de la gestión de los inmuebles.

En cualquier caso, antes de tomar decisiones de calado sobre Popular, como sería la venta de esta cartera inmobiliaria, Santander está a la espera de recibir las pertinentes autorizaciones de las autoridades de Competencia para tomar control efectivo sobre el banco adquirido.

El pasado viernes, Santander anunció que había ganado 3.616 millones de euros en el primer semestre del año, de los que 11 millones habían sido aportados por el negocio de Popular.