Hace apenas dos años que la tragedia de la deuda griega era portada de todos los periódicos, la palabra de moda era Grexit (que se acuñó mucho antes, por cierto, que Brexit para alertar de la posible salida de Grecia del euro que nunca se consumó) y el protagonista de todas las miradas era Yanis Varoufakis. Este economista motero de look rebelde y fanfarrón, mezcla de Bruce Willis y Mr. Proper, acaparó el foco mediático entre enero y julio de 2015. Era el ministro de Finanzas de la Grecia de Syriza que tanto le gustaba poner de ejemplo al entonces eurodiputado Pablo Iglesias como símbolo anti austeridad.

Varoufakis encarnó durante unos meses la resistance a los hombres de negro, el pulso a Merkel y al FMI. Era Aquiles contra los dioses de los recortes. El David griego contra el Goliat del euro. Y lo cierto es que dejó huella -¿acaso nos sabemos el nombre de algún otro ministro griego?- aunque más mediática que política. De él apenas queda el recuerdo de su pose chulesca y sus enfrentamientos con el ministro alemán de Economía, su archienemigo Wolfgang Schäuble, que encarnaba la maligna austeridad del norte. ¿Pero qué ha sido de él y del legado político que dejó?

El primer ministro griego, Alexis Tsipras, que fue quien lo nombró ministro de su recién estrenado gobierno, reniega ahora de él. «Su plan era tan confuso que no valía la pena ni siquiera hablar del tema. Simplemente era débil e inútil«, dice Tsipras de Varoufakis en una reciente entrevista en The Guardian.

Tras dos años y medio al frente de un país que lleva seis en recesión, dice el primer ministro griego que su mayor error fue «la elección de algunas personas para cargos claves» nada más llegar al Gobierno. Es una referencia no muy indirecta al economista estrella que perdió su envite. Sólo le valora su estrategia inicial de «política de choque», pero deslegitima todo lo demás. Viene a decir Tsipras que el órdago de Varoufakis contra los países del euro no era más que una pose teórica impracticable en el mundo real donde las reuniones del Eurogrupo son mucho más que una foto.

«Yanis está tratando de escribir otra versión de la historia», ha añadido Tsipras por si quedaba alguna duda de que guarda un mal recuerdo de aquellos meses de Varoufakis al frente del ministerio de Finanzas griego, cuando la prima de riesgo del país superaba los mil puntos, los ministros del euro pedían reformas a Grecia y amenazaban al Gobierno de Syriza con cortar el grifo de la financiación si no actuaba, pero Varoufakis actuaba como si tuviera ganada la guerra. Su fanfarronería le costó a Grecia miles de millones de euros en depósitos y una bancarrota que empeoró las condiciones de un rescate que todavía sigue pagando muy caro.

El  ex ministro griego jugó al chicken game con la troika y lo perdió. Como perdió también su puesto al frente del ministerio más estratégico de las negociaciones del rescate griego tras solo seis meses en el cargo sin alcanzar ningún éxito. El Eurogrupo pidió su cabeza alegando que con él era imposible negociar y Tsipras lo sacrificó poniendo al frente a otro ministro cuyo nombre, para tranquilidad de Bruselas, la opinión pública europea nunca nos aprendimos.

Nuevo libro y nuevo partido

Varoufakis no ha desaprovechado la excusa para volver a los titulares  que le ha dado el ataque de Tsipras acusándole de «hipócrita». No entra en mucho más detalle en la carta que ha remitido a The Guardian como respuesta al ataque del primer ministro griego porque al que quiera más detalles le recomienda leer su último libro Adultos en la habitación, que próximamente se publicará en español. En él arremete no solo contra los homólogos europeos que lo acorralaron en las negociaciones (con Alemania a la cabeza), también contra los suyos de Syriza a los que acusa de traicionarle.

No puede extrañarle a Varoufakis que Tsipras, al que acusa de «débil» en su libro, desmienta sin paños calientes la versión que da en esas páginas de aquellos vertiginosos días de junio de 2015 en la que él se autoretrata como héroe incomprendido.

No se ha callado el primer ministro griego, al que después del default de hace dos años la economía empieza a dar un respiro (en abril el paro alcanzó el 21,7 %, la tasa más baja desde abril de 2012 y espera salir de la tutela europea en 2018). Pero las encuestas de popularidad le salen por los suelos en su país. Tsipras se pone a repartir culpas dos años después de que aceptara el rescate contra el que su pueblo días antes se había negado en referéndum: «Tal vez, en algún momento, salgan a luz ciertas verdades… Cuando llegó el momento de leer el plan que presentaba [Varoufakis] como plan B, vimos que era tan confuso que no valía la pena ni siquiera hablar del tema. Simplemente era débil e inútil». Así resume el legado de Varoufakis.

Tsipras le ha hecho en el fondo un favor descalificándole en la entrevista en el periódico británico. Al fin y al cabo, este carismático economista, «uno de los mayores egos que recuerda Europa» en palabras del corresponsal de El Mundo Pablo R. Suanzes, a lo que se dedica desde que salió del Gobierno además de dar clases y conferencias (el año pasado el ayuntamiento de Ada Colau se gastó 4.000 euros en una de sus conferencias) es a vender libros. Y sin polémica, claro, no venden.

También está preparando Varoufakis su vuelta a la política con el Movimiento por la Democracia en Europa 2025 (DiEM25), una especie de partido paneuropeo creado hace un año en Berlín. Lo ha presentado en Grecia, Italia y en España, con la intención de capitalizar su tirón mediático entre la izquierda europea más radical. Aún no ha aclarado si se presentará a las próximas elecciones. Necesita que cuaje el relato que hace en su último libro de sus seis meses de negociaciones con los hombres de negro, en los que su marcha no fue el fracaso de un plan imposible (como dice Tsipras) sino la fidelidad a unos principios que Syriza traicionó pero que él mantuvo con firmeza.

Cuando hace un año Varoufakis publicó ¿Y los pobres sufren lo que deben? (Deusto, 2016), prefirió dejar fuera de su relato «el thriller que llevó a nuestro gobierno a estrellarse con la Europa oficial y con el FMI, una colisión que acabó con el golpe de Estado por el que nuestro Gobierno fue, efectivamente, depuesto», según él mismo relataba entonces. Se guardó para su siguiente entrega los entresijos de sus meses como ministro estrella. Llegará a las librerías españolas este otoño.