Podemos se empleará a fondo tras el verano para pactar con el PSOE un plan par impulsar la rehabilitación de edificios y mejorar su eficiencia energética, en lugar de seguir levantando nuevas construcciones, y aprovechar para emplear en estas obras a parados mayores de 55 años, un colectivo que actualmente tiene muy pocas oportunidades de encontrar un empleo si no es en actividades de poca cualificación.

La formación morada quiere destinar a este empeño miles de millones de euros, convencido de que la rehabilitación es una actividad intensiva en mano de obra que tiene buenos retornos en manos de obra. Además, los datos del Ministerio de Fomento muestran que este segmento sigue avanzando a buen paso: los visados de obras para ampliación y reforma de edificios crecerá previsiblemente más de un 9% en 2017, aunque en término absolutos seguirán por debajo de los 70.000 certificados.

Sin embargo, algunos de los rasgos que caracterizan al colectivo juegan en contra de los planes de Podemos. En primer lugar, el ‘ladrillo’ es una actividad que tradicionalmente ha dado trabajo a los hombres, por su mayor componente físico. Tanto es así que, en la actualidad, dentro de este mismo colectivo de más de 55 años, de los 176.800 trabajadores que desempeñan su labor en la construcción, 163.000 son hombres, un 92,% del total, de acuerdo con la Encuesta de Población Activa (EPA) correspondientes al segundo trimestre publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE).

Esta circunstancia hace pensar que de centrar el plan de empleo para parados de mayor edad en este sector podrían quedar fuera muchas mujeres, cuando los niveles de desempleo en este colectivo es prácticamente igual entre un géneros y otro. Más en detalle, de los 542.100 parados mayores de 55 años que hay en España, 287.300 son hombres y 254.700 mujeres. La única diferencia es que, dado que las mujeres son más longevas, la proporción de hombres en desempleo se concentra más en las edades más cercanas a los 55 años.

Otra de las cuestiones que saltan a la vista al ver los datos relativos al colectivo es que solo una pequeña parte de estos desempleados cuenta con experiencia reciente en el sector, lo que hace pensar en la necesaria formación o, al menos, reciclaje de estos trabajadores. De nuevo, la EPA muestra que solo 14.700 parados mayores de 55 años han trabajado en el último año en la construcción, lo que supone el 2,7% del total.

Además, otra vez la condición de género tiene un peso importante, puesto que de estos hasta 14.400 eran hombres. A ello se suma también que entre el colectivo hay hasta 6.300 personas que busca su primer empleo y todas ellas son mujeres.

Las estadísticas muestran, en cambio, que un 70,5% de los parados dentro de este colectivo lleva más de un año desconectado del mundo laboral y, presumiblemente, dentro de este saco habrá muchos trabajadores que fueron expulsados del sector de la construcción durante los años de la crisis. Sin embargo, la EPA no alcanza ese grado de detalle.

Los puntos a favor

Los registros del INE muestran otros aspectos que hablan de la necesidad de buscar una solución para los desempleados de larga duración mayores de 55 años. Por ejemplo, el 74,2% de los parados en estas edades lleva más de un año en búsqueda activa de empleo: 62.100 personas entre uno y dos años y 340.300 más de dos años.

Además, en concordancia con esta realidad, la mayor parte de estos desempleados no tiene amplios niveles de formación. Frente a 67.300 parados con estudios superiores, 215.800 solo completó la primera etapa de educación secundaria y 111.700 solo alcanzó la primaria. El peor dato quizás es que de todos ellos, solamente 26.400 personas, menos de un 5% se encuentra cursando estudios.