La crisis del desempleo y la moderación salarial han frustrado las aspiraciones de muchas familias de acceder a una vivienda en propiedad o, incluso a una en alquiler, en la que vivir holgados y sin desperfectos. También han ralentizado las ilusiones de emancipación de muchos jóvenes. En esa tesitura, el debate sobre qué hacer con los inmuebles vacíos ha sido una constante durante los últimos años. ¿Cómo puede ser que tantas personas tengan dificultades para acceder a un techo digno –es un mandato constitucional–, mientras tantos inmuebles permanecen desocupados?

Sin embargo, hay una realidad que a menudo escapa de estas discusiones y que plantea retos también complejos: casi la mitad de los españoles viven en casas infraocupadas, mientras que otra parte de la población sobrevive hacinada o en inmuebles en mal estado.

Los datos que maneja la oficina estadística de la UE (Eurostat) con datos de 2016 reflejan que el 55,7% de la población española vive en viviendas que denomina así, infraocupadas, es decir, en inmuebles con más dormitorios de los que necesita el morador y con capacidad para albergar a más personas.

España comparte estos altos niveles de infraocupación con los países más ricos de Europa, aquellos en los que la renta per cápita media es muy superior. Así, los únicos países que siguen a la zaga a España en este ránking son Bélgica (67%), Noruega (53,6%), Holanda (51,3%), Finlandia (48%), Dinamarca (44%) y Suecia (38,5%).

Esto podría ser un indicador de cómo ha aumentado la desigualdad durante la crisis, puesto que, por una parte España es un país nórdico en términos de infraocupación, mientras que por otro mantiene una tasa de paro superior al 17%, con más de 1,5 millones de desempleados de larga duración.

Y es cierto que la infraocupación está relacionada con la riqueza. De hecho, la proporción de españoles que superan el salario medio y que tienen pisos en los que hay habitaciones vacías superar el 60%. Además, la incidencia de esta infraocupación es superior en el caso de las viviendas en propiedad (59,4%) frente a los pisos en alquiler (36,8%).

Sin embargo, tal y como relata el Consejo Económico y Social (CES) en su última memoria sobre la situación socioeconómica y laboral de España, correspondiente a 2016, pese a las dificultades de acceso a la vivienda de muchas familias en la actualidad, el hecho de que España haya sido un país tradicionalmente de propietarios ha permitido que la privación severa de un techo sea baja. De igual modo, el hacinamiento es inferior a la media de la UE-18, del 5,4% frente al 12%.

Lo que ocurre es que la oferta ha sido extensiva durante décadas. En España hay alrededor de 25, 5 millones de inmuebles y en torno al medio millón son pisos nuevos vacíos. Con este historial de oferta el CES calcula que, en todo caso, una tercera parte del parque existente, con más de 50 años de antigüedad, vive un proceso natural de reemplazo de sus moradores por el mero ciclo vital. De ahí que por un lado haya propietarios de pisos que les quedan grandes y familias con la necesidad de acceder a mejores viviendas.

Esta circunstancia se observa cuando se recurre a las estadísticas del Instituto Nacional de Estadística (INE), que reflejan que algo más de 4,6 millones de españoles viven solos y que, de ellos, casi dos millones tienen 65 años o más. Más aún, las personas que viven solas se concentran en el tramo de edad de 85 años o más (427.800).

Pues bien, la dificultad para trasladar la demanda de viviendas amplias y en buenas condiciones a los millones de pisos semivacíos que se desocuparán de forma natural plantea el reto de la rehabilitación. El mismo CES indica que casi un millón de edificios residenciales se encuentran en estado deficiente, malo o ruinoso, y 370.000 de más de cuatro plantas no disponen de ascensor. La necesidad de rehabilitar estos inmuebles salta a la vista.

El envejecimiento pone en cuestión la rotación de pisos

En este punto, cabría pensar que esta rotación en el parque de vivienda no se compadece con lo que cabe esperar en términos demográficos. El progresivo envejecimiento que presiona al sistema de pensiones convive con la progresiva reducción de los flujos de nuevos hogares por emancipación.

Sin embargo, el CES indica en su memoria que, pese a todo, va a ser necesario disponer de información suficiente de los flujos que alimentan el número y las tipologías de los nuevos hogares, puesto que “la sobredimensión del parque a nivel nacional no impide que puedan darse situaciones de escasez de oferta adecuada para ciertos tipos de hogares en ámbitos concretos”.

En cualquier caso, lo que parece no caminar parejo a estas supuestas necesidades son las inversiones que se realizan en el ámbito residencial. De acuerdo con los datos de visados de viviendas que publica el Ministerio de Fomento, hasta el mes de mayo, los certificados para construir nuevas viviendas han aumentado un 13,2% en los primeros cinco meses del año, porcentaje que se eleva hasta el 16% en el caso de las viviendas unifamiliares.

Sin embargo, si bien los visados para ampliar viviendas han aumentado un 43,9%, presentan un exiguo volumen de 986 certificados, mientras que aquellos solicitados para rehabilitar y reformar, aumentan de momento un 4%, hasta los 11.061.