En plena desbandada de empresas y con las agencias internacionales de calificación alertando de que Cataluña se arriesga a entrar en recesión por el desafío independentista, la Generalitat trata de despejar las incertidumbres actuales y prometer que la futura República catalana sería una suerte de Arcadia idílica en la que todo va a ir mejor. Mejor que en España, se entiende.

El Departamento de Vicepresidencia y de Economía y Hacienda de la Generalitat, comandado por Oriol Junqueras, ha elaborado un documento –en principio de uso interno, pero finalmente hecho público– en el que se desgranan las bondades de la economía catalana y se apuntan los atractivos de la futura República catalana. Entre ellas, una mejora de la regulación del mercado eléctrico que borre todos los vicios y las cadencias negativas que el Govern detecta en el sector energético español.

“El mercado energético catalán está integrado en el mercado español y por tanto está totalmente regulado por la legislación española”, se subraya en el informe. Y la Generalitat relata todos los males del sistema en que está obligatoriamente integrada Cataluña: “El mercado energético español se caracteriza por ser oligopolístico, con cinco grandes holdings que poseen o controlan las tres actividades en el mercado español” (generación, distribución y comercialización). Esto es, Iberdrola, Endesa, Gas Natural Fenosa (que acaba de cambiar su sede para irse de Barcelona a Madrid), EDP España y Viesgo.

“A eso se le suma una elevada capacidad de producción infrautilizada”, en referencia fundamentalmente a las centrales de gas, que funcionan a un 15% de su capacidad; “falta de interconexión con Europa”; “una deuda acumulada del déficit tarifario de más de 30.000 millones de euros desde medios de los años 90” (en realidad a principios de año eran sólo 23.000 millones);  y “las subvenciones otorgadas a las energías renovables instaladas durante el periodoo 2007-2012”.

El departamento de Junqueras entiende que todos estos factores son los que provocan que los precios de la energía (tanto de gas y electricidad) sean “sensiblemente superiores” a los de los países europeos. Y se queja de que, mientras que las grandes industrias españolas pagan menos que la media europea, son los consumidores domésticos y las industrias pequeñas y medianas las que sufren precios superiores a los de la media de la UE. Y, según recuerda, “la mayoría de usuarios industriales en Cataluña son industrias pequeñas y medianas”.

“La República catalana podrá orientar la necesaria reforma del mercado a dar respuesta a los problemas específicos que afectan al mercado catalán y su competitividad, y lo podrá hacer sin estar tan condicionada por el oligopolio que domina el mercado español y el coste de amortizaciones de las grandes inversiones sobredimensionadas”, sentencia la Generalitat. La nueva Cataluña independiente estaría libre del peso que ejercen las grandes eléctricas (sin precisar cómo sería posible) y del peso de la deuda del sistema eléctrico.

«Cierre seguro» de las nucleares

Por lo demás, el futuro que promete la Generalitat es brillante. “El sistema eléctrico catalán tiene una capacidad de generación suficiente para cubrir íntegramente la demanda catalana”, sostiene el departamento de Junqueras. En concreto, la capacidad de generación eléctrica instalada en la región era de 14,3 gigavatios (GW) al cierre del año pasado, “suficiente para cubrir los picos de demanda”.

Cataluña cubre la mitad de su consumo eléctrico con las centrales nucleares ubicadas en Tarragona: Ascó I (que controla enteramente Endesa), Ascó II (con una participación del 85% de Endesa y un 15% de Iberdrola) y Vandellós II (72% de Endesa y el 28% restante de Iberdrola). Pero todas las centrales tendrían contados sus días en la República catalana.

“Las tres centrales nucleares de Cataluña se están acercando al final de su vida útil. En los próximos años se habrá de decidir sobre su cierre o sobre la ampliación de su vida útil”, concede la Generalitat en un primer momento en su informe. Pero el departamento de Junqueras concluye que la futura Agencia Catalana de la Energía se “focalizará en realizar un cierre seguro de las centrales nucleares al llegar éstas a su final de ciclo de vida”. De hecho, el Parlament catalán ya aprobó en julio una Ley de Cambio Climático en que se anticipa el cierre de todas las nucleares de la región “no más allá de 2027”.

Una Cataluña independiente podrá, según el Govern, “poner en práctica más rápidamente la estrategia europea de la Unión de la energía, que tiene como objetivos el aumento de la seguridad energética, la accesibilidad, la implementación del mercado interior de la energía, el aumento de la eficiencia energética, la descarbonización de la economía, la creación de puestos de trabajo, la protección de los consumidores vulnerables y la participación activa de los ciudadanos para hacer su transición energética”.

Para ello, la Agencia Catalana de la Energía, además de cerrar las nucleares, desarrollará una estructura de mercado enfocada a “eliminar la producción de CO2”, así como “permitir el autoconsumo y la generación distribuida”. Sobre cómo lo haría, la Generalitat da pocas pistas en su informe.