La jornada del 8 de marzo ha sido histórica y además un éxito. Más allá de la huelga, los paros y las manifestaciones, que los sindicatos han tildado de triunfo rotundo pese a que la cuantificación de estos actos siempre es difícil de realizar, el gran hito de la jornada ha sido el debate generado, nunca visto antes en centros de trabajo, las administraciones y en las calles, sobre la figura de la mujer.

Los grandes sindicatos UGT y CCOO hablan de una “huelga sin precedentes en la historia del movimiento sindical”, de casi seis millones de personas secundando los paros de dos horas por turnos que habían convocado–con un seguimiento del 80% en Madrid–, y de una gran cobertura tanto en el sector público como en las grandes empresas.

Entre los sindicatos más radicales que convocaron una huelga de 24 horas, la Confederación General del Trabajo (CGT) también certificaba a media mañana el éxito de afluencia, aunque sin aportar cifras tan contundentes.

Fieles a su particular beligerancia, la organización hablaba a medio día de 300 trenes parados en todo el país, de un seguimiento de la huelga del 50% en empresas de telemárketing, de irrupciones en centros comerciales como Primark o Mango, y de un piquete que se ha manifestado ante las puertas del Banco Santander, en la Gran Vía de Madrid, en protesta por el anuncio  de despidos, que según argumentaba la organización, afectará sobre todo a mujeres.

En todos los casos el mismo tono triunfal, una alegría latente, la que ha cundido entre el resto del movimiento feminista. El de los compañeros de trabajo felicitando a compañeras en público y en privado. Y también en las aulas: el Sindicato de Estudiantes y Libres y Combativas ha celebrado que institutos, centros formativos y universidades estén “vacíos” por el seguimiento “masivo” de la huelga general.

No han podido saborear esa felicitación millones de mujeres autónomas que, igual que otras muchas asalariadas, no han podido desatender sus puestos de trabajo. La Federación Nacional del Asociaciones de Trabajadores Autonómos (ATA), igual que certificaba hace dos días un gran crecimiento del número de mujeres que emprenden en el último año, daba parte este jueves de la baja participación en las huelgas.

ATA habla del nulo seguimiento en sectores como el comercio, la hostelería, la agricultura o el transporte, y algo más de seguimiento de los paros parciales en la educación, comunicación, sanidad y servicios profesionales, aunque en todos estos ámbitos el 80% de las autónomas habrían desarrollado su actividad.

Silencio en las empresas

Sin embargo, otras cosas sí han sido posibles, como el hecho de que la Bolsa de Madrid celebrara un día así con un “toque de campana”.

Aguas abajo, era mucho pedir que las empresas, como tal, se posicionaran en una jornada como hoy. Desde las grandes compañías se optaba de manera generalizada por guardar silencio. La postura oficial de los grandes grupos empresariales españoles pasaba por no ejercer de portavoces de nada durante esta jornada de protesta.

En esencia, silencio. “Es un tema sensible y no hacemos comentarios. Trabajamos por la igualdad de mujeres y hombres, pero sobre la huelga y su seguimiento, no hablamos”, explicaban desde una de las grandes del Ibex. “Que hablen los sindicatos”.

Y aunque no se hacían comentarios oficiales, la sensación que transmitían varias compañías consultadas era que la incidencia en su actividad había sido muy escasa, con seguimientos muy poco significativos, y en todo caso con paros discretos e incluso más breves que los temporales de dos horas convocados por los sindicatos mayoritarios UGT y CCOO. Como muestra, en Renfe cifraban en un 2,6% el seguimiento de la huelga y en un 5,20%, los paros. Cada uno en su papel.

El 8M empezó antes del 8M

Pero, otra vez en la calle, la euforia y el debate. Su razón no estaba solo en el 8M, sino en cómo empezó a crecer muchas semanas antes, cuando las noticias, las estadísticas, los símbolos y los lemas circularon sin parar por los medios, las redes sociales y por la sociedad en general. Quizás también porque las periodistas se han sumado con firmeza a la causa dándole más voz.

De cara a este Día Internacional de la Mujer los sindicatos tradicionales convocaron 3.000 asambleas y reuniones en empresas y administraciones, a enviar 20.000 pronunciamientos de comités de empresas y secciones sindicales y a poner en marcha una campaña de información con decenas de miles de carteles, folletos, octavillas, pancartas, pegatinas y chapas, como recordaban hace unas horas CCOO y UGT.

Este empuje también ha procedido de los cientos de organizaciones que conforman el movimiento feminista en España, que han abierto webs, han arengado a la movilización a través de las redes sociales. Un bestiario de siglas que, más allá de las rivalidades y los reproches, como resumía este jueves la CGT, “ha abierto debates la sociedad, visibilizando el trabajo de los cuidados”.

Al final de la jornada, esa sensación de algo histórico ha tenido como broche las manifestaciones que han recorrido las calles de las principales ciudades, especialmente en Madrid, Barcelona y el País Vasco. Mujeres que nunca habían pisado una manifestación han acudido. Y más aún, nunca se podrá poner cifras a las tareas que hoy tuvieron que hacer en casa los hombres porque las mujeres decían que paraban.

En lo que corresponde a la Comisión 8 de Marzo, convocante de la huelga feminista en su sentido más amplio, el que llegaba hasta los cuidados domésticos, la ha calificado de “éxito”: “Hemos puesto el machismo y la desigualdad en todas las casas, en toda la sociedad y nadie puede quedarse indiferente después de este día”, han señalado desde la organización.

Al término de la jornada, queda otro mensaje implícito tras el 8M y es que el día importante es el 9 de marzo y siguientes. El Día Internacional de la Mujer ha sido histórico este año, también sus actos, sus pancartas y sus vítores. Pero quizás aún más las conversaciones sobre el feminismo y la mujer entre aquellos y aquellas que hoy han acudido a trabajar.