El “restaurante-jamonería” Leomar, frente al Río Manzanares, presenta un aspecto interior impoluto y sus raciones -callos, mollejas, revuelto de morcilla y huevo, ensaladilla- son un reflejo del tapeo madrileño. “Aquí venía Luis Aragonés de empalmada después de pasarse la noche en el Casino de Torrelodones y aquí se cerró el fichaje de Futre”, relata Leo, la propietaria. La dueña también fue testigo directo de la lamentable pelea entre ultras del Atlético de Madrid y del Deportivo de la Coruña el 30 de noviembre de 2014 que dejó un muerto, Jimmy. “Entraban ensangrentados a lavarse al servicio, a las ocho de la mañana”.

El Leomar es de los bares del distrito de Arganzuela que resisten tras el cierre del viejo Vicente Calderón al final de la temporada 2016/2017. Si no son futbolísticamente forofos, los vecinos consultados por la calle se confiesan encantados con la clausura y celebran el fin de los ajetreos con la Liga, la Copa y la Champions. Los hosteleros, todo lo contrario: “Los días de partido venían en tromba los aficionados colchoneros. Corrían las copas y eso es lo que dejaba dinero. Ahora hay que reconvertirse”, cuenta Jonatan Ocaña, del Bar El Abulense, al otro lado de Madrid Río junto a la Pradera de San Isidro.

La dueña del Leomar recibía a Luis Aragonés y fue testigo de la pelea mortal de 2014

El barrio se prepara para cambios previstos en el proyecto Mahou-Calderón, siempre que la Justicia no tumbe definitivamente el plan del Wanda Metropolitano, donde se ubica el nuevo estadio, y obligue al club rojiblando a volver al Manzanares. El Calderón se demolerá el verano de 2019 y a su alrededor se apiñan una retahíla de bares con la persiana echada entre el Paseo de Los Melancólicos y la calle de Alejandro Dumas (punto de encuentro del ultra Frente Atlético) en una zona privilegiada de la ciudad, con la M-30 soterrada y Lavapiés, en el centro, a 20 minutos a pie. El punto neurálgico es Madrid Río, la senda ciclable y peatonal paralela al río que cada día surcan miles de viandantes.

El Duratón, decorado totalmente con motivos rojiblancos.

El Duratón, decorado totalmente con motivos rojiblancos.

Pero mientras no se lleven a cabo las obras, reina la parsimonia en el perímetro otrora balompédico. La caja que hacían los bares oscilaba entre los 3.000 y 6.000 euros por partido. “Y un partido implicaba movimiento los días previos, turistas curiosos, cámaras… y una afición que no es de este mundo porque cuando el equipo estaba en segunda división también se volcaba”, evoca el dueño del Duratón, otro de los afectados. La decoración del bar es completamente rojiblanca: “La gente sigue viniendo a ver los partidos por la tele. Bueno, los del Real Madrid no”, ríe.

La caja que hacían los bares podía alcanzar los 6.000 euros por partido

“Los seguidores estamos un poco tristones con el fin del Calderón”, comenta Fernando Romero, vecino del Manzanares y último presidente de la última agrupación oficial de peñas, hoy inactiva. “Yo salgo por la puerta de mi casa y lo primero que veo es el Calderón”, agrega nostálgico. A Romero el Wanda no le gusta tanto. “El Calderón era una olla a presión, era como la Bombonera. Y no es por renegar de todo, pero es que hasta el sonido era mejor que en el Metropolitano”.

El Doblete, El Chiscón de la Ribera, la Esquina del Calderón, El Parador… El primer impacto fue un descenso brutal de los ingresos extra para todos los establecimientos inmediatamente contiguos. Y muchos camareros contratados como refuerzo dejaron de aparecer tras las barras. Varios han cerrado definitivamente aprovechando la jubilación del personal. Sobreviven los locales en el Paseo de las Acacias y en el Paseo de Pontones, más céntricos a pesar de que también han notado un acusado descenso a la hora de facturar detrás de la barra, revelan los propios afectados.

Los seguidores estamos un poco tristones. Yo salgo de mi casa y veo el Calderón”

“Quizá antes había muchísimos bares, demasiados”, dice Mario, vecino del Paseo de los Melancólicos y aficionado colchonero. “También negocios exclusivos de los días de partido, como un bar de bocadillos en la esquina entre Melancólicos y Alejandro Dumas. Cerró y en su lugar se instaló una mercería. Los bares se tienen que adaptar al nuevo barrio que viene, quizá quitando símbolos del equipo para no parecer tan selectivos o no ofender al personal”.

1.300 viviendas

“Ahora que ha terminado la primera temporada sin el Calderón sí se nota demasiado silencio, un barrio dormido”, opina una mujer. “Se ven solares sobre los que se harán obras y un ambiente un poco deprimido. Pero todo el mundo sabe que no hay vuelta atrás”. En el futuro próximo llegarán 1.300 viviendas y la intervención urbanística abarcará 193.804 metros cuadrados. El precio de los pisos rondará, dicen, los 6.000 euros el metro cuadrado, como en el privilegiado distrito de Salamanca.