Las grandes capitales vuelven a vaciarse de españoles para llenarse de turistas en agosto. Es un síntoma de que España ha dejado atrás lo peor de la crisis, aunque quede aún camino por recorrer. También es cierto que, pese a que las cifras de ocupación previas a la crisis ya se vislumbran en el horizonte, la calidad del empleo no es la misma, ni tampoco el poder adquisitivo de los salarios. Así es que, la España de la recuperación se rasca el bolsillo, como siempre, pero gasta de otra forma.

Según datos de la oficina estadística de Bruselas, la fisonomía del gasto de las familias españolas está marcado además por el incremento del coste de suministros como la luz o el gas, que cada vez se llevan un porción mayor de renta, como también el gasto en alquileres. Al mismo tiempo, los españoles destinan proporcionalmente más dinero a educación y menos en ropa.

Los datos que maneja Bruselas corresponden al ejercicio 2016. Pero si se observa la evolución de los precios que ofrece el Instituto Nacional de Estadística (INE) se observa que los precios de la vivienda y los suministros subieron ese año un 0,8%, tras entrar en terreno negativo en 2014 y 2015. Sin embargo, en los años previos, su valor avanzó a ritmos cercanos al 6%.

En el caso del vestido o el calzado, los precios crecieron a tasas anuales no superiores al 1% en esos años, mientras que para la educación, los precios subieron más de un 10% solo en 2012.

Pero lo que no acaba de descender claramente es el porcentaje de recursos que se destinan a comer fuera de casa. Nada menos que alrededor de un 15%, una de las cinco partidas de gasto más importantes antes y después de la crisis. Se trata de una rúbrica cuyos precios han subida de forma volátil desde el 4% en 2008 al 1,4% en 2016, pasando por el 0,2% en 2013. Esta evolución, variable pero moderada, favorece el mantenimiento de unos niveles constantes de consumo.

¿Dónde se va el dinero?

De acuerdo con estos datos, el principal ‘agujero’ económico de las familias españolas se concentra en el mantenimiento del hogar y los suministros –agua, electricidad, gas y otros combustibles–. Estos gastos suponen un 22,3% del total, casi cinco puntos porcentuales más que en los años previos a la crisis.

Algo similar ocurre con las rentas del alquiler de viviendas, que se llevan un 13,3% del total de los gastos, frente al 11,9% de 2008.

Ahora bien, en la comida se va un 11,7% del gasto de los hogares, prácticamente lo mismo que antes de la crisis, mientras que la porción de tarta del gasto en transporte pasa del 11,9% al 11%.

¿Y el gasto en restaurantes y hoteles? Ambas categorías acaparan el 16,3% del gasto total, tan solo cinco décimas menos que antes de la crisis y tras un subidón de cinco puntos en el coste de los suministros del hogar. Dentro de este epígrafe, lo que tiene que ver exclusivamente con servicios de restauración supone un 14,8% del gasto de las familias, frente al 15,2% precrisis.

Muy por encima de la media europea

Llama la atención también que, mientras que las grandes partidas de gasto, las familias se encuentran a la par que la media de la UE. En el caso del gasto en restaurantes, la proporción se duplica. En el entorno europeo, las familias no dedican más de un 7% del total de sus desembolsos a comer fuera.

Y destaca también que, mientras tanto, el gasto en protección social en España supone el 0,3% del total, frente al 0,8% de antes de la crisis y el 1,4% del entorno europeo; o que las prendas de vestir se lleven un 2,6% del gasto, por debajo del 4,2% de antes de la crisis y el 3,9% que alcanza de media en la UE.