El foco de la polémica ha estado durante meses centrado en Arabia Saudí. El debate que contrapone la salvaguarda de los derechos humanos a la necesidad de empleo, que enfrenta los ideales a la realpolitik, se ha avivado de manera recurrente por la venta de material de defensa al gigante del Golfo Pérsico.

Frente a las críticas de parte de la oposición –singularmente de Podemos-, el Gobierno de Pedro Sánchez ha optado por la “defensa de los intereses estratégicos” –tanto económicos como diplomáticos- en las relaciones con el coloso árabe y lo ha hecho “por responsabilidad”.

España exportó 4.300 millones en material de defensa y autorizó ventas futuras por 21.000 millones en 2017

El Ejecutivo ha decidido mantener el contrato de venta de 400 bombas inteligentes al régimen de Riad en plena polémica por el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi y a pesar de liderar la coalición militar que bombardea el territorio de Yemen. Y lo ha hecho para garantizar la venta a Arabia de cinco corbetas por parte de Navantia (un contrato de 1.813 millones de euros y del que dependen unos 6.000 empleos) en una zona castigada por el desempleo como la Bahía de Cádiz.

España vendió el año pasado a Arabia material de defensa por importe de 270,2 millones de euros. Un avión de transporte militar, repuestos para aeronaves, aviones no tripulados, granadas de mortero, munición de artillería, equipo de detección, equipos de vigilancia perimetral, elementos para cámaras de infrarrojos… fue el equipamiento que la industria de defensa española exportó con destino al régimen saudí sólo el año pasado.

Un negocio de 4.000 millones al año

El Ministerio de Defensa tiene registradas algo más de 600 empresas españolas como potenciales vendedoras de material de defensa. Pero el propio departamento dirigido ahora por Margarita Robles rebaja a menos de la mitad el número de compañías que efectivamente han realizado operaciones de comercialización de material militar en los últimos cinco años y que registran un mínimo de facturación.

Defensa identifica a 256 sociedades que cumplen esos requisitos en el último Catálogo de la Industria Española de Defensa. Un volumen que recoge el listado de empresas, los productos concretos que comercializan, todos sus datos de contacto…, y que se edita en español (por razones obvias), en inglés (la lingua franca de los negocios) y, significativamente, también en árabe.

Arabia fue el quinto mayor receptor del mundo de material de defensa español el año pasado y fue el mayor comprador fuera de la lista de socios de la Unión Europea y de la OTAN. Pero esas ventas a Riad concentraron sólo un 6% del negocio internacional total de la industria armamentística nacional durante 2017.

Las exportaciones de material de defensa durante al año pasado alcanzaron los 4.346 millones de euros, según los datos de la Secretaría de Estado de Comercio. Un montante que demuestra un negocio exterior creciente: duplica las cifras que se alcanzaban en 2012 (1.953 millones de euros) y mantiene la expansión de unas exportaciones que se han colocado entre los 3.000 y los 4.000 millones anuales desde entonces.

El Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI) elabora un índice propio de países basado fundamentalmente en las características del armamento exportado y el número de transacciones, más que en el precio real de las operaciones. Según ese índice, denominado indicador de tendencia del valor (trend-indicator value, TIV), España fue en 2017 el noveno principal exportador de armas del mundo, tras escalar dos puestos en un solo año.



Vídeo: Giulio M. Piantadosi | David Domínuez | Agencias

Contratos por 21.000 millones

Las ventas internacionales ejecutadas alcanzaron en esos casi 4.350 millones, pero el Gobierno autorizó también el año pasado operaciones por importe de 21.085 millones de euros (algunas incluidas en las exportaciones de 2017 pero la inmensa mayoría son transacciones que se efectuarán este año y en siguientes). El enorme desfase entre ambas cifras se debe a la aprobación de licencias para entregar en los próximos años más de un centenar de aeronaves del Airbus A400M –cuyo ensamblaje final se realiza en España- a Alemania, Francia, Reino Unido, Bélgica, Luxemburgo y Turquía.

El Gobierno edita un catálogo anual con 256 empresas de defensa en español, inglés y, significativamente, también en árabe

Como sucede en otros sectores exportadores, el principal mercado de las ventas de la industria armamentística son el resto de países de la Unión Europea. Las exportaciones a otros miembros de la UE concentraron casi dos tercios del importe total, con 2.766 millones. Alemania (1.213 millones), Reino Unido (950 millones) y Francia (422 millones) son los principales compradores del material de defensa español.

La suma de las ventas a la UE y a socios de la OTAN eleva su peso por encima del 72% del total. Turquía (301 millones), Italia (90 millones) y Estados Unidos (81 millones) son otros de los grandes destinatarios del material de defensa expedido. Fuera de la Unión y de la Alianza, Arabia (270 millones), Malasia (170 millones), Australia (159 millones), Perú (78 millones)  y Omán (73 millones) figuran las estadísticas del Ministerio de Defensa como grandes compradores.

El gran negocio: los aviones militares

La participación de España en el consorcio europeo Airbus (y la industria auxiliar vinculada al gigante aeronáutico instalada en el país) condiciona las cifras de exportaciones y da un enorme peso a las aeronaves en el total de ventas en el exterior.

Casi un 80% del total de ingresos (hasta 3.434 millones) está ligado a este subsector, que es con mucho el principal de la industria nacional de defensa. Los programas de cooperación con otros países, vinculados al caza de combate EF-2000, el avión de transporte militar A400M y al helicóptero Eurocopter Tigre disparan la importancia de la venta de aeronaves a otros países.

Con importes comparativamente menores, empresas españolas comercializaron a otros países municiones de todo tipo por 245 millones de euros, buques de guerra por 147 millones, diferentes tipos de explosivos por 140 millones, vehículos terrestres de uso militar por algo menos de 84 millones, equipos de imagen e infrarrojos por 65 millones, sistemas de dirección de tiro por 63 millones, y misiles, bombas y torpedos por otros 62 millones.