Economía Entrevista a Antonio Garrigues Walker

"Las restricciones al tráfico y al diésel no son medidas antiliberales"

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"Las restricciones al tráfico y al diésel no son medidas antiliberales"
Antonio Garrigues Walker

Antonio Garrigues Walker, presidente de la Fundación Garrigues, acaba de publicar 'Manual para vivir en la época de la incertidumbre'

Resumen:

«Hay que aceptar vivir con la incertidumbre», afirma Antonio Garrigues Walker. Es su primer consejo para navegar en un mundo en el que las viejas certezas de prosperidad y progreso se han ido desdibujando. En estos tiempos en los que crecen con fuerza los populismos regados por el desamparo postcrisis, Garrigues publica ‘Manual para vivir en la era de la incertidumbre’ (Ed. Deusto).

«La corrupción ha vivido en España y una época gloriosa y horrorosa durante muchos años. Pero España ha dejado de ser un país corrupto, la corrupción que se está juzgando ahora ya ha desaparecido. ¿Por qué?», se pregunta este jurista de 84 años, que fue de 1962 a 2014 presidente del despacho de abogados Garrigues, convirtiéndolo en el mayor de Europa, y ahora preside la Fundación que lleva su nombre, «porque el sistema judicial ha demostrado que llevando a los tribunales y a las cárceles a las personas culpables de estos delitos, transmite a las generaciones más jóvenes que la corrupción se paga y es un peligro».

España se ha convertido en uno de los países menos corruptos que hay en Europa»

Ver en la cárcel a ex políticos y banqueros como Rodrigo Rato, tiene «sin duda de ningún tipo» un efecto ejemplarizante. Según este veterano abogado, «España ha mejorado y se ha convertido en uno de los países menos corruptos que hay en Europa». Una imagen que parecen tener más clara fuera que dentro de nuestro país. De hecho, el Financial Times destaca esta semana que España es el segundo país después de Islandia que más banqueros ha mandado a la cárcel en los últimos años. De los 47 altos cargos financieros que han sido sentenciados a penas de cárcel por su rol durante la crisis financiera, 25 han sido juzgados en Islandia y 11 en España. Según el diario económico británico, esto «disipa el mito de que nadie ha tenido que rendir cuentas personalmente por los catastróficos fallos del sector financiero».

Sin embargo, tampoco estamos para tirar cohetes. Este abogado, que también fue futbolista y político en su juventud, y además de ensayos escribe obras de teatro, identifica los que a su juicio son los tres problemas básicos que sufre España: «la desigualdad económica; el temor a los flujos migratorios; y el problema de modernización pendiente del modelo educativo».

De esto último le preocupa que siga siendo una educación memorística, «en vez de un sistema enfocado a resolver problemas», así como que se sigan diferenciando de forma tan marcada las ciencias de las letras. «Hay que mezclarlos con naturalidad, como en el mundo anglosajón, porque es evidente que la tecnología es transversal en este mundo al que vamos».

¿Reformar… o no reformar  la Constitución?

En vísperas del 40 aniversario de la Constitución de 1978, Garrigues recuerda que «en la Transición tuvimos suerte y no podemos olvidarlo». Recuerda el tránsito de la dictadura a la transición, proceso que vivió con cuarenta y pico años, como algo «maravilloso». «Teníamos dos objetivos que eran sagrados: la democracia y la integración en Europa. Y ahora lo que tenemos que hacer es celebrar que hayamos tenido durante 40 años una Constitución tan moderna, independientemente de que haya que modificarla o no».

La familia Garrigues vivió muy de cerca el proceso. Tanto por su padre, Antonio Garrigues Diez-Cañabate, un ministro de Arias Navarro que jugó un importante papel en la transición a la democracia tras la muerte de Franco; como su hermano Joaquín, que fue un destacado miembro de la UCD hasta que murió por una leucemia en 1980; como por la etapa política del propio Antonio Garrigues Walker que en 1982  incluso fundó su propia formación, el Partido Democrático Liberal. Posteriormente se integraría con el Partido Reformista de Miguel Roca hasta que su fracaso en las elecciones de 1986 llevó a la disolución.

España podría dar un salto tremendo si hubiera coaliciones electorales en las que se superaran las diferencias ideológicas»

¿Hay que revisar la Constitución 40 años después? «Posiblemente, pero sin necesidad de reformar la Constitución se pueden hacer importantes mejoras». Y añade: «Y si hay que reformarla no hay que tenerla miedo. El problema está en que en estos momentos no puede haber una reforma constitucional porque el grado de aquiescencia y colaboración política es nulo». Y reconoce que lo dice «claramente con pesar».

Aunque pasa rápidamente al optimismo: «Claro que el contexto puede mejorar». Curiosamente es lo bajo que está cayendo la política lo que parece inspirarle la sensación de que tarde o temprano va a tener que remontar. Y eso que la charla fue un par de días antes del presunto escupitajo de un diputado de ERC al ministro Borrell en el Congreso. Con todo, Garrigues prefiere ser optimista: «Creo que el estamento político empieza a darse cuenta de que su credibilidad está bajando de una manera alarmante y tenemos que empezar a ver en España fórmulas de coalición electoral que no ha habido nunca en democracia». Pone de ejemplo al vecino Portugal, «que ha hecho una coalición de izquierdas estupenda que funciona admirablemente bien». Y continúa: «España podría dar un salto tremendo si hubiera coaliciones electorales en las que se superaran las diferencias ideológicas y se pusieran en marcha una democracia más eficaz. Ahora prácticamente es imposible tomar acuerdos».

Reconoce que le «molesta mucho democráticamente hablando», que el debate de la exhumación de Franco todavía despierte «reacciones a favor del franquismo y de soluciones políticas no democráticas». Espera que pase «como una fiebre temporal que desaparece en cuestión de semanas o meses». Sin embargo, España cuenta según Garrigues con la gran ventaja de que «tenemos menos problemas con el populismo que en los demás países europeos. Incluso en Alemania, con el partido Alternativa por Alemania, que es un partido  populista y nacionalista; también en Francia e Italia son un problema cada vez mayor. Y en España no tenemos un componente radical fascista como tienen estos países». ¿Y qué papel juega Vox? «Podría derivar a una ultraderecha clásica, pero aunque tuviera más éxito del que tiene ahora no deberíamos preocuparnos. En otros países claramente democráticos siempre ha existido una ultraderecha, salvo en España, así que no nos asustemos demasiado».

Tenemos menos problemas con el populismo que en los demás países europeos»

El optimismo con respecto a España, sin embargo, se ensombrece al hablar de Europa, a la que ve en peligro: «Con una Francia y Alemania cada vez más débiles, la Unión Europea es cada vez más débil. Y si le sumamos el Brexit la preocupación es mayor».

De la incertidumbre al desamparo

«El futuro ya no es lo que era», bromea Garrigues. «Se acabó esa etapa en la que se percibía el futuro con cierta estabilidad y se sabía lo que había que hacer y lo que no. Estamos en un mundo en el que como no estés permanentemente pensando en cambiar tu forma de pensar y en innovar estás alejándote de tu éxito profesional». Y añade: «No creo que esta incertidumbre afecte solo a los jóvenes, creo que la gente mayor está más desprotegida. Los jóvenes, al menos, son nativos digitales y no han conocido un mundo de certezas».

Y aunque reconoce que los jóvenes no lo tienen fácil para encontrar trabajo en España, un país con una tasa de paro juvenil cercana al 40% que triplica la media de la OCDE,  les recomienda «que no se empeñen en buscar trabajo solamente en España. Tienen que reaccionar ya y perderle el miedo a la movilidad, pueden trabajar en cualquier lugar del mundo y aquí no se mueve nadie».

Lo que más le preocupa es el aumento de la desigualdad. Garrigues, que es un lector voraz, ha leído a Steven Pinker, el psicólogo de Harvard autor de En defensa de la ilustración que defiende que vivimos en el mundo más seguro y más próspero de la Historia. Y aunque conoce bien sus tesis, no le convencen. «En parte tiene razón, para qué negarlo», afirma. «Pero al mismo tiempo los indicadores revelan que Estados Unidos es el país más desigual del mundo, Europa tiene desigualdades profundas… Está claro que se han producido mejoras. El caso es si nos vamos a quedar contentos o vamos a afrontar las desigualdades que siguen existiendo».

En su ensayo, escrito con la colaboración de Antonio García Maldonado, Garrigues repasa los devastadores efectos de la crisis económica en las democracias liberales como detonador de la creciente sensación de desamparo. Insiste Garrigues en que en este nuevo terreno de juego la desigualdad es fundamental para entender por qué crecen los populismos. Y de ahí la llegada a la presidencia de Donald Trump y la victoria del Brexit en el referéndum cuyas consecuencias todavía está tratando de digerir la Unión Europea.

De la situación de la Justicia en España le preocupa más la falta de medios que su politización. «La politización de la Justicia es un fenómeno en todo el mundo», afirma con resignación. «En EEUU, estamos viendo cómo Trump está cambiando la política con el nombramiento de jueces conservadores. Siempre ha habido injerencia política en la vida legislativa. Hay que lograr que eso no sea la costumbre, pero tampoco nos preocupemos demasiado. El tema de quién nombra a los jueces es un debate permanente en otros países. ¿Debeos dejar el estamento judicial el único que intervenga en el proceso o ha de intervenir el poder legislativo?». Y prefiere destacar que la Justicia en España «hay una grave falta de medios tanto materiales como personales, así como una falta de adaptación tecnológica».

El liberalismo contra el diésel

«Pensar que dentro de 20 años voy a tener que cambiar de coche me tiene muy inquieto», ironiza el octogenario al preguntarle qué le parecen las medidas de restricción del tráfico y el Plan del Ministerio de Transición Ecológica que planea acabar con los coches contaminantes en 2040. No es un tema que se tome a broma. En ‘Manual para vivir en la era de la incertidumbre‘ aborda el cambio climático como uno de los grandes desafíos de la humanidad en los próximos años. Por eso considera «inexcusable» que no se busquen medidas de consenso a nivel global.

No hay nada de antiliberal en ninguna medida restrictiva a los coches que favorezca el medioambiente»

«Claro que las restricciones al tráfico y al diésel no son medidas antiliberales», afirma en referencia a la polémica. «Sin ética no hay liberalismo, porque este no consiste únicamente en defender la economía de mercado». Y matiza: «El  liberalismo consiste en defender una economía justa. Y el deterioro del medioambiente no solo afecta a una ciudad, afecta a toda la humanidad. Así que si ayuda cambiar los coches convencionales actuales por coches eléctricos, hay que hacerlo. Nadie duda que vaya a tener implicaciones económicas, pero hay que hacerlo. Para mí no hay duda». Y concluye: «No hay nada de antiliberal en ninguna medida restrictiva a los coches que favorezca el medioambiente y luche contra el cambio climático. Al contrario, eso es lo liberal».

Y junto a la importancia de combatir el cambio climático, Garrigues también insiste en la necesidad de seguir avanzando en la igualdad. Esto, insiste, también es liberal. «Mucha gente cree que el ‘tema’ de la mujer ha terminado y acaba de empezar», explica. «Si el hombre cree que el ‘me too’ ha conseguido todos sus objetivos está muy equivocado. Y no va a haber una vuelta atrás en la igualdad». Lo que no ha desaparecido, según Garrigues Walker, es el machismo: «Sigue teniendo cotas muy altas en nuestro país, pero creo que España es menos machista que Italia, Francia y Alemania».

El mee too acaba de empezar. España es menos machista que Italia, Francia y Alemania»

Quedan aún muchos cambios pendientes en el papel de la mujer en la sociedad: «Para empezar, las mujeres tienen que tener cotas mucho más amplias», afirma. «Las mujeres pueden aportar a la democracia un sentimiento y un concepto de poder distinto y más eficaz. Así lo creo sinceramente. Y creo también que la mujer puede lidiar con los problemas de manera más dialogante. El hombre sigue embebido en la posesión de la verdad. La mujer, sin embargo, está más abierta al cambio. El enriquecimiento de la calidad democrática española se debe en gran medida al creciente protagonismo que ha tenido la mujer».