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Empresas españolas. Pixabay

Economía, Empresas

Las empresas se hacen grandes en España (a pesar de todo)

“Cuando una pyme o una startup se convierte en una empresa de cierta envergadura, debe afrontar una serie de problemas que si no son correctamente gestionados, pueden suponer la muerte de la empresa”.

Son palabras de Isaac Gil, director de Recursos y Procesos de SATEC, una multinacional dedicada a las soluciones tecnológicas y de capital español, pero presente en una decena de países, desde Mozambique hasta Perú. Lo saben bien en la compañía, que ha recorrido un largo camino desde su fundación en 1987 y que hoy tiene más de 1.000 trabajadores.

Sin embargo, SATEC no es el prototipo de compañía dentro del entramado empresarial nacional, nutrido casi un 90% de pymes y microempresas y que arrastra un déficit de grandes compañías respecto a otros países como Alemania.

Esta estructura empresarial hace que la rotación de empresas sea alta, que su capacidad de innovación no aumente en la mayoría de los casos y que, en último término, la posibilidad de incrementar la competitividad y la productividad por esta vía no permita tampoco dar el salto a mayor volumen de empleo de calidad o a salarios mayores. Es la reforma pendiente, según muchos economistas.

Sin embargo, no es un reto imposible. SATEC lo ha logrado, como también otras empresas españolas que han compartido su experiencia con El Independiente, desde la firma de joyería Unode50 al grupo de maquinaria de lavandería Girbau, ambas propiedad de Cree100do.

Todas ellas comparten una larga carrera de crecimiento, de adaptación al medio y a las necesidades de sus clientes. Pero también problemas y piedras por el camino.

Montar una pyme, a la vista de la red empresarial española, es un proceso en el que las posibilidades de estancamiento son las lógicas de toda actividad económica. Eso, hasta que la facturación alcanza los 100 millones y, contra pronóstico, lo que se puede antojar una carrera fulgurante se convierte en un muro, según Gil.

A partir de ese nivel de facturación, las empresas “quedamos excluidas de muchas ayudas, subvenciones, programas de desarrollo, etc. que están orientadas únicamente a pymes”, asegura para añadir que, al carecer del tamaño y el músculo financiero de las grandes empresas, estas empresas estas quedan “en terreno de nadie”.

Además, Gil advierte de que una empresa grande debe implantar una política salarial más completa y que abarque “muchas más realidades y casuísticas”. “Con el tamaño llega la negociación colectiva y la homogeneidad de condiciones”, resume.

Se trata de una de las barreras que más salen a colación cuando se habla de la reforma pendiente para impulsar el tamaño de las empresas española. En el terreno laboral, las empresas deben contar con un comité de empresa al superar los 50 trabajadores lo que, si bien es una garantía de protección para los trabajadores, también es considerado del lado empresarial un corsé para su actividad diaria.

Un salto cultural en la empresa

En su caso, Marcé Girbau, CEO del grupo Girbau, relata que en su tránsito desde 1960, año de nacimiento de esta empresa familiar de la localidad catalana de Vic, las vicisitudes han sido múltiples, pero que en estos momentos lo que más impide a las empresas desarrollarse son las trabas administrativas.

Habla desde su teléfono móvil después de salir de una conferencia sobre nuevas normas fiscales y se lamenta de que “cada vez hay más complicaciones”. “Cada vez tenemos que dar más información sobre el negocio (a las autoridades fiscales), dónde vendemos…mientras que la competencia en otros países no tiene que hacerlo”.

Lo sabe bien, porque Girbau ha logrado en más de medio siglo estar presente en más de 15 países a través de sus filiales. Habla de Estados Unidos o Alemania, países que atesoran gigantes empresariales, y se queja también del daño que hace a las empresas españolas la limitación de la deducibilidad de las pérdidas de filiales en el extranjero, que opera desde 2016.

Según explica, cuando se abre una filial no es posible evitar las pérdidas en el primer o segundo año de actividad, lo que debería tenerse en cuenta en Hacienda. “El regulador está muy alejado de la realidad de las empresas”, ahonda.

Una nueva cultura empresarial

Desde SATEC, también se apunta que “la cultura empresarial es fácil de identificar en una empresa pequeña”, pero advierte de que, al crecer, “hay que definir mucho mejor esa cultura y hay que buscar procedimientos para comunicarla y que no se difumine en el crecimiento”.

Es un sentimiento que también comparte Girbau, que habla de las dificultades para “comprometer” a toda la empresa en los objetivos de crecimiento y de conseguir que en todos los ámbitos se crea firmemente en ese propósito.

Del mismo modo, el CEO de Unode50, Javier Gala, considera que en el momento en que las empresas inician su despegue, como le ha ocurrido a la firma de joyería, se hace necesario organizar la relación entre departamentos y establecer una organización diferente. Gil concreta que se trata más de organizar los procesos y los roles que a las personas.

Como señalan, el crecimiento es una forma de escalar la actividad, de forma que las empresas deben buscar la optimización de procesos o racionalizar los gastos. En el caso concreto de Unode50, la empresa ha logrado en su expansión reducir su gasto en inventarios gestionando por ejemplo de forma directa los productos terminados con sus proveedores, de forma que ha conseguido dirigirse a ellos en función de la demanda y responder así a los pedidos en plazos prácticamente de horas. Todo un reto que le ha permitido dar un gran salto competitivo.

Con este y otros avances, la compañía ha logrado abrir hasta la fecha 15 boutiques en España, 47 tiendas internacionales de las que 23 en se encuentran en EE.UU., y 30 establecimientos conocidos como ‘shop in shops’, a los que sumar un total de 92 puntos de venta retail. En total, una red que abarca 50 países y más de 80 teniendo en cuenta la actividad en ecommerce.

La internacionalización

Una vez que las compañías ganan cierto tamaño suelen asomarse al abismo de la internacionalización, lo que exige volver a diseñar y dimensionar el negocio y las operaciones en cada país, aprender su cultura, sus leyes, su costumbres, etc. Gala advierte de la falta de seguridad jurídica que la empresa se ha encontrado en algunas jurisdicciones.

“A veces no es sencillo repatriar beneficios, hacer contratos de trabajo, mover mercancía en la aduana, etc. Pero el mercado internacional es inmenso y permite desarrollar proyectos muy interesantes, de los que ya es difícil encontrar en España”, asegura Gil.

Después de todo, el premio

Una vez superados todos estos escollos, las empresas consultadas aseguran que se abren nuevos horizontes de negocios y crecer, entonces, cuesta tal vez menos.

Gil asegura que llegados a cierto nivel empresarial, se obtiene más estabilidad en los ingresos y, por tanto, también las plantillas gozan de mayor seguridad. Todo suma de pronto, se acumulan las referencias y se gana marca, de forma que a la hora de acceder a concursos, por ejemplo, se tiene mayores posibilidades de éxito.

Y, sobre todo, aumenta el margen para el error, porque con más recursos se pueden abordar nuevas áreas de negocio e innovar, lo que a la larga se traduce en algún momento en mayores éxitos. Para las empresas, para la economía y para el empleo.

 

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