El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, lleva apenas seis meses instalado en el Palacio de La Moncloa, pero ya tiene un balance de su gestión económica. Y es muy positivo, a la vista de los datos que desplegó en la rueda de prensa posterior al último Consejo de Ministros del año.

Según precisó a partir del consenso de los principales servicios de análisis, la economía española crecerá un 2,2% en 2019, con lo que mantendrá un ritmo de avance superior al de las principales economías europeas.  De momento, tal y como confirmó el Instituto Nacional de Estadística (INE) este viernes, la economía española creció un 0,6% en el tercer trimestre, frente al avance del 0,4% en Francia y las caídas del 0,1% en Italia y el 0,2% en Alemania.

Al mismo tiempo, Sánchez destacó que la inversión extranjera, muestra palpable de la confianza en la economía española, creció un 88,4% en los primeros tres trimestres de este año, con un nuevo repunte de las exportaciones del 5%, hasta los 118.383 millones de euros.

Y en lo que se refiere al déficit, el presidente del Gobierno se congratuló también con que el déficit del conjunto de las administraciones públicas solo alcanzara el 0,7% del PIB hasta el mes de octubre, sin contar con el dato correspondientes a los ayuntamientos, lo que supone más de medio punto menos que en el mismo periodo del año anterior.

Más aún, Sánchez puso en valor un superávit primario (descontado el gasto en intereses de la deuda) de 3.178 millones de euros en lo que va de año, superior a los 2.113 millones de déficit que se registraron en el mismo periodo de 2017. Y todo ello gracias a un avance los ingresos por impuestos del 6,3% frente a un crecimiento de los gastos del 4,2%.

Sin embargo, al llegar a los datos de empleo, el presidente del Gobierno no pudo evitar hacer autocrítica. Si bien la afiliación a la Seguridad Social refleja medio millón de trabajadores en los últimos doce meses, hasta rozar los 19 millones de ocupados, Sánchez admitió que la tasa de paro será aún rondará el 13% el próximo año, un nivel que consideró «inaceptable».

El BCE dice lo que no dice Sánchez

Estas explicaciones parecían ser una respuesta velada al Boletín Económico publicado en la víspera del Consejo de Ministros por el BCE, en el que, reconociendo todos estos logros, se ponía énfasis en una realidad por la que Sánchez pasó de puntillas: España no acaba de ser la que fue tras una crisis económica.

Y es que, pese a que la crisis parece quedar atrás cuando se miran indicadores como el avance del PIB o la recaudación tributaria, aún es palpable en las estadísticas que se refieren al mercado de trabajo.

Mientras que, en efecto, España es a día de hoy una locomotora del crecimiento europeo, el BCE constata que la España de la recuperación ha cedido su atractivo para los inmigrantes que buscan oportunidades y como motor del empleo en la zona euro.

Y el traspaso de poderes tampoco es caprichoso. Su lugar lo ocupa ahora el país que comandó las políticas económicas de la UE en los años más duros de la crisis cuando a nivel nacional la palabra más temida era la del rescate, y al que los inversores pagaban por su deuda (que presentaba rentabilidades negativas) cuando en España seguía disparada la prima de riesgo, entre 2010 y 2013.

Porque el hecho de que España haya recuperado el nivel de rentas previo a la crisis con medio millón de trabajadores menos tiene esa inequívoca lectura a ojos de un BCE que ha estado detrás de la remontada económica patria gracias a una política monetaria expansiva que, por cierto, ahora empieza a agotarse.

De acuerdo con los registros del BCE, la zona euro alcanzó los 158,3 millones de ocupados en el tercer trimestre de este año, hasta 9,6 millones más que en el segundo trimestre de 2013, cuando el mercado laboral europeo tocó fondo. Con estas cifras, la institución asegura que «el incremento del empleo en la fase de recuperación ha compensado con creces la caída observada durante la crisis».

Al menos, el crecimiento del empleo en la zona euro es comparable con el que se produjo en el periodo 1999 y 2008, cuando la generación de empleo alcanzó los 10 millones de puestos de trabajo.

Sin embargo, la composición de esta creación de empleo ha cambiado a su paso por la crisis económica. La diferencia principal radica, según relata el BCE, en que la aportación de Alemania al crecimiento del empleo ha sido considerablemente mayor que antes de la crisis, mientras que la del resto de los grandes países de la eurozona, especialmente la de España, se ha reducido.

Las razones son variadas, pero el BCE pone el foco básicamente en la menor aportación de la construcción en la actual fase precisamente de reconstrucción de las economías europeas, lo que se hace especialmente patente en España, donde la ‘burbuja’ inmobiliaria que explicó la bonanza económica también estuvo detrás del acelerado crecimiento del empleo en la fase precrisis y después, de su desplome tras el ‘pinchazo’ y la recesión.

En paralelo, el BCE señala que, mientras que España fue el principal país de destino de la inmigración en la zona euro antes de la crisis, durante la recuperación, Alemania ha sido el país receptor del mayor flujo de inmigrantes.

Esta lectura de la recuperación económica pone sobre la mesa el vacío que trata de llenar ahora España, tanto del lado de la creación de empleo a través del impulso de la formación profesional y dual (que Alemania lleva años liderando) para dar salida a una gran bolsa de parados de larga duración, como de la necesaria atracción de trabajadores inmigrantes cualificados y la repatriación del talento emigrado.

España paga caro su modelo económico

Más en profundidad, el informe del BCE explica que son los servicios de mercado los que han impulsado el avance del empleo tanto antes como después de la crisis, aunque con una menor aportación a la creación total de empleo en los últimos años.

En cambio, señala que «durante la reciente recuperación, la contribución de la construcción ha sido menos que antes de la crisis», al tiempo que incide en que «la aportación del sector manufacturero ha sido ligeramente positiva desde el segundo trimestre de 2013, tras descender en el periodo previo a la crisis».

Esto deja claro que precisamente aquellos ámbitos en los que España ha liderado en el pasado reciente la creación de empleo –servicios y construcción– no son ahora los motores laborales que fueron, de ahí que haya cedido su liderazgo.

Se frena el empleo femenino

Por otro lado, el presidente del Gobierno aseguraba este viernes que, en lo que al empleo femenino se refiere, los datos también le respalda. Señalaba que entre junio y diciembre, casi la mitad de los empleos creados correspondieron a mujeres.

¿Y qué dice el BCE? En este caso, el BCE no emite ningún mensaje específico sobre España. Solo pone de manifiesto que el crecimiento del empleo se ha distribuido de forma bastante equitativa entre hombres y mujeres en la recuperación, pero después de un crecimiento muy intenso del acceso de las segundas al mercado laboral por efecto de su mayor nivel educativo, las reformas del mercado de trabajo y el mayor peso del sector servicios.

El efecto, por tanto, es en la práctica una ralentización del empleo femenino durante la recuperación en tanto que los factores que lo impulsaron antes de la crisis empiezan a estabilizarse.

Entre tanto, el empleo masculino cayó durante la crisis, en tanto que la destrucción de puestos de trabajo se produjo sobre todo entre los que más lo ostentaban. En estos últimos años, aunque se ha ido recuperando, todavía no ha retornado a los niveles previos a la crisis.

Como resultado, la tasa de participación femenina en el empleo se ha estabilizado recientemente en el 46,3%, frente al 42,6% del primer trimestre de 1999.

El empleo envejece

Asimismo, Sánchez también defendía que entre junio y noviembre se alcanzó el mayor número de jóvenes trabajando desde 2011.

Por su parte, el BCE llama la atención sobre un proceso acelerado de envejecimiento de los trabajadores en la zona euro y «una contribución considerablemente mayor de los trabajadores de más edad durante la reciente recuperación».

Antes de la crisis, los trabajadores con edades comprendidas entre los 25 y los 54 años representaban más de dos terceras partes del crecimiento del empleo, pero en el periodo reciente de recuperación, solo ha contribuido en torno a una quinta parte. En cambio, el colectivo de 54 a 77 años ha supuesto tres cuartas partes del crecimiento acumulado del empleo, frente a menos de un tercio antes de la crisis.

El BCE cree que «es probable que la evolución demográfica y las reformas de los sistemas de pensiones sean los principales factores que explican los cambios en la composición por edad del crecimiento del empleo».