Economía

Los inversores se refugian en el bono alemán y el oro ante la creciente amenaza económica

El yen japonés también se beneficia de la búsqueda de protección después de que los malos datos macroeconómicos a nivel global hayan azuzado los temores a una recesión

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Los inversores se refugian en el bono alemán y el oro ante la creciente amenaza económica
Un bróker en el interior de la Bolsa de Nueva York, en Wall Street.

Un bróker en el interior de la Bolsa de Nueva York, en Wall Street. EFE

Resumen:

La sucesión de datos débiles macroeconómicos en China, Europa y Estados Unidos ha azuzado este miércoles las preocupaciones de los mercados por la debilidad de la economía mundial.

La percepción de que la guerra comercial entre China y EEUU ya está causando estragos ha conducido a los inversores a adoptar una actitud más cauta, tomando posiciones en el bono alemán, cuyos tipos caen a niveles de abril de 2017, el oro (en máximos de seis meses) y el yen, que registra sus mejores niveles de cambio frente al euro en el último año y medio.

Aunque los analistas siguen descartando una recesión inminente, la larga lista de factores de incertidumbre alimenta las visiones más negativas sobre el parqué.

Los expertos prevén que la inminente temporada de resultados podría aplacar el nerviosismo reinante, si se ofrecen unas perspectivas aceptables a medio plazo, pero también podrían agudizar los miedos si decepcionan.

El nuevo año no trae ánimos renovados a los mercados. Al contrario, los primeros compases del año han visto un incremento de las dudas sobre la situación económica global que no han pasado, ni mucho menos, desapercibidos para los inversores.

La sucesión de malos datos macroeconómicos ha fulminado este miércoles cualquier propósito de enmienda en los mercados tras un nefasto 2018, culminado con el peor diciembre de las bolsas globales desde 1931. Si primero fue China la que sembró la preocupación, con la primera contracción de sus cifras de manufacturas en dos años, no tardaron Europa (el PMI manufacturero de España y Francia registró sus tasas más bajas desde 2016) y también Estados Unidos se sumó al cúmulo de decepciones con un dato peor de lo esperado.

Todo esto no ha hecho sino agravar la percepción creciente entre los inversores de que el ciclo económico pierde fuerzas a marchas forzadas y que una recesión global podría estar acechando a la vuelta de la esquina. Casi nadie la prevé, pero tampoco anteriores recesiones han llegado acompañadas de advertencias generalizadas.

Basta con que a un escenario de debilidad le sobrevenga un shock inesperado para provocar un desmoronamiento en cadena. Y son aún muchos los cabos sueltos que se prestan a generar esas temidas turbulencias. No deja de ser significativo que las búsquedas en Google del término recesión se hayan disparado a su nivel más elevado desde 2011.

En ese contexto, cada vez se hace más patente el giro de los mercados hacia un enfoque mucho más cauto. Se huye del riesgo, al que se asocia principalmente a las bolsas y se busca refugio en activos seguros, poniendo en ese movimiento, en cuestión, que el ciclo de normalización tras la reciente crisis vaya a llegar a buen término. Sólo así puede entenderse que la rentabilidad del bono alemán a 10 años se situara este miércoles en el 0,16%, su nivel más bajo desde abril de 2017. Hace menos de un año se movía en el 0,76%.

La caída de rentabilidad del ‘bund’ evidencia las dudas del mercado sobre una próxima subida de tipos en la Eurozona

Toda expectativa de que el fin de los estímulos del Banco Central Europeo (BCE) -que cerró este pasado diciembre su plan de compra de deuda- provocaría un incremento de los tipos de la deuda, ante la inminencia (sobre el papel) de una subida de los tipos de interés en la Eurozona parece cada vez más papel mojado. Si ya el banco central señala que no moverá el precio del dinero hasta, al menos, el verano de 2019, son cada vez más los que apuestan a que Draghi abandonará la institución el próximo octubre sin siquiera atisbar esa primera subida de los tipos.

El mercado hace tiempo que tiene fijada su atención en la guerra comercial entre Estados Unidos y China como el principal riesgo que podría hacer descarrilar el crecimiento económico. Y las señales que llegan desde ese ámbito parecen confirmar los temores. “La evidencia del daño de la guerra comercial está aumentando”, explica Karen Ward, estratega jefe de mercado para Europa, Medio Oriente y África en JPMorgan Asset Management, en declaraciones recogidas por Financial Times.

La situación de China es vista como la más preocupante a día de hoy. “Creemos que los datos reflejan que la guerra comercial no solo ha dañado el crecimiento en el sector exportador, sino que también ha afectado a las empresas de la cadena de suministro relacionadas con la exportación y, a su vez, a la demanda interna. Si la demanda interna no es apoyada por el estímulo fiscal rápidamente, entonces un mayor debilitamiento supondrá un riesgo para la seguridad laboral. Eso podría crear un círculo vicioso a la baja”, señala al respecto Iris Pang, economista de ING.

Es cierto que la constatación del deterioro económico del gigante asiático podría ofrecer una lectura positiva, ya que como observa Juan José Fernández-Figares, director de Análisis de Link Securities, es probable que apremie a los dirigentes del país a buscar una solución negociada al conflicto que mantienen con el presidente estadounidense, Donald Trump.

En cualquier caso, más allá de la guerra comercial, otros asuntos internacionales, como el Brexit, el presumible progreso del populismo y el euroescepticismo en las próximas elecciones al Parlamento Europeo, los problemas de los países emergentes ante la fortaleza del dólar y las dudas crecientes sobre la conveniencia de que la Reserva Federal de Estados Unidos (Fed) siga adelante con su ciclo de subida de tipos configuran un escenario en el que resulta difícil ser osado.

La inminente campaña de resultados de 2018 puede ser el factor que aplaque los miedos o agrave la sensación de peligro

Así, además de buscar acomodo tras la deuda considerada más segura, los inversores tratan de exprimir los pocos activos que parecen ofrecer algo de seguridad en el entorno actual. Así, el yen japonés ha alcanzado también este miércoles sus niveles más elevados frente al euro desde junio de 2017. Cada moneda común se cambia hoy por poco más de 124 yenes, casi un 10% por debajo de los niveles registrados el pasado febrero. Y el oro se situaba en sus niveles más elevados desde junio, tras repuntar más de un 8% en apenas tres meses.

Todas estas muestras de temor, discuerdan con la visión imperante entre los analistas. Una idea clara de quién puede estar más acertado debe desprenderse de la campaña de resultados empresariales de 2018 que comenzará en las próximas semanas y en la que los inversores estarán muy pendientes de las previsiones a futuro que proyectan las grandes empresas, para calibrar la gravedad de una desaceleración que, eso sí, nadie niega.

Tras las fuertes caídas de los últimos meses, estas cuentas podrían ser el impulso que cambie la suerte de los mercados, aunque la situación se antoja complicada. “Los niveles de valoración se han suavizado, por supuesto, pero el apetito por el riesgo solo regresará si es impulsado por un catalizador significativo. Ese catalizador se puede encontrar en los resultados corporativos anuales, pero también pueden no ser suficientes. Aunque no necesariamente debemos temer lo peor, los tiempos han cambiado”, advierte Igor de Maack, gestor en DNCA, del grupo Natixis IM.