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Santander rechaza nombrar a Orcel consejero delegado para evitar el pago de 50 millones de bonus

El banco considera que compensar al ejecutivo por su bonus a lo largo de siete años en UBS y otros beneficios que le correspondían supone una suma mayor a la prevista

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Santander rechaza nombrar a Orcel consejero delegado para evitar el pago de 50 millones de bonus
Orcel, Botín y Álvarez, en la sede central de Santander.

Orcel, Botín y Álvarez, en la sede central de Santander. SANTANDER

Resumen:

El consejo de administración de Banco Santander ha acordado en su reunión del martes frenar el nombramiento de Andrea Orcel como consejero delegado del grupo. La sorprendente marcha atrás llega después de que UBS rechazase hacerse cargo del pago de los alrededor de 50 millones de euros de bonus que el ejecutivo tiene pendientes de cobrar durante los próximos siete años.

El grupo suizo considera que Santander, pese a ser un banco eminentemente comercial y no un banco de inversión como UBS, es un competidor global. Con este argumento, señala que es el grupo que preside Ana Botín quien debe afrontar el abono de los derechos adquiridos por Orcel durante los últimos años. Santander, por su parte, ve inaceptable asumir este cargo.

Entretanto, para Orcel, que actualmente está en garden leave (periodo en el que el ejecutivo no puede trabajar para evitar problemas de competencia, pero sí percibe remuneración), no es planteable la vuelta a la firma helvética, que ya ha nombrado a sus sucesores.

El consejo de Santander anunció en septiembre de 2018 el nombramiento de Orcel. El consejo de administración de Santander acordó entonces la futura retribución anual que Orcel percibiría como consejero delegado en Santander, en línea con la de José Antonio Álvarez. Sin embargo, en aquel momento, la entidad ha explicado que no era posible anticipar el coste final de abonar las retribuciones diferidas que se le habían asignado en su puesto anterior y que habría perdido al abandonarlo.

José Antonio Álvarez, que tenía previsto ocupar la presidencia de Santander España en marzo próximo, se mantendrá como consejero delegado

Por ello, se procedió al nombramiento sobre la base de una estimación razonada del coste, de acuerdo con el asesoramiento recibido, los precedentes y las expectativas de que podría revisarse a la baja por la naturaleza de la relación entre ambos bancos y las diferencias en las actividades que llevan a cabo.

En los últimos meses, se han mantenido conversaciones relativas a los términos de la salida de Orcel de la entidad en la que trabajaba. “Ha quedado claro ahora que el coste para Santander de compensarle por su retribución diferida a lo largo de siete años, y otros beneficios que le correspondían por su puesto anterior sería una suma significativamente mayor que la prevista inicialmente por el consejo en el momento del anuncio de su nombramiento”, señala Santander en un comunicado.

El consejo considera que sería “inaceptable” para un banco comercial como Santander hacer frente al coste de contratar a una persona, aunque sea de este nivel y esta trayectoria a la luz de los valores de la entidad y de la responsabilidad que tiene con sus stakeholders y las sociedades de los países en los que opera. En este contexto, el consejo considera que no sería adecuado seguir adelante con el nombramiento.

José Antonio Álvarez, que ha seguido como consejero delegado tras el anuncio del nombramiento y que tenía previsto ocupar la presidencia de Santander España en marzo próximo, se mantendrá como consejero delegado del grupo. Asimismo, ocupará el puesto de vicepresidente del consejo. Rodrigo Echenique, que tenía previsto dejar su actual cargo de presidente de Santander España en marzo, continuará hasta la designación de su sucesor.

Rodrigo Echenique, que tenía previsto dejar su actual cargo de presidente de Santander España en marzo, continuará hasta la designación de su sucesor.

Ana Botín ha explicado que “como banco comercial, teníamos que sopesar  el alto coste de contratar a un profesional, aunque sea alguien del talento de Andrea Orcel, a quien  había que compensar la pérdida de siete años de salario diferido, con nuestra cultura corporativa, que  implica compromiso y responsabilidad con nuestros empleados, clientes y accionistas. Por eso, el consejo y yo misma, estamos convencidos de que, pese a que resulta una decisión difícil, hemos tomado la correcta”.