La familia Gallés lleva cuatro generaciones horneando pan y amasando una fortuna que se eleva a varios ceros. Europastry, el imperio del pan, debutará en Bolsa con una valoración de en torno a 1.000 millones de euros en mayo. De orígenes humildes, los Gallés se han convertido, probablemente, en los panaderos más ricos de España.

Su fundador, Pere Gallés i Payàs (1931-2010), oriundo del pueblo barcelonés de Castellterçol, pasó hambre, calamidades y vivió las penurias de la Guerra Civil. Y, mientras pasaba frió y le salían sabañones, aprendió el oficio del pan, un oficio que le serviría para convertir la panificadora que heredó de su padre -y éste a su vez de su abuelo- en la mayor compañía de masa de pan congelado del país y una de las mayores del mundo: Europastry.

“Mi padre Manel, trabajador incansable, después de hacer el pan, hacía el taxi con un coche Chrysler negro, sedán cuatro puertas (Tipo Chicago años 30). En el pueblo, sólo había el coche de mi padre. En 1936, el coche y la panadería familiar fueron incautados. Mi padre fue enrolado en el ejército republicano y enviado al frente”, recordaba el fundador de Europastry, en las breves memorias que escribió a los 75 años, tres antes de fallecer tras una larga enfermedad.

Pere Gallés i Payàs, fundador de Europastry, pasó hambre y vivió las penurias de la Guerra Civil, mientras aprendía el oficio del pan

Sus palabras forman parte de la historia de la próxima compañía que dará el salto al parqué. Gallés i Payàs murió en abril de 2010 y dejó su legado en manos de sus tres hijos: Jordi, Anna y Eva Gallés. Los tres controlan el 76% del capital mientras que el fondo MCH cuenta con el 21%.

Hace unos meses, Europastry comenzó a dar los primeros pasos para salir a Bolsa. Está previsto que su debut se concrete en mayo, pasadas las elecciones generales del 28 de abril, tal como publicó El Independiente. El plan tentativo sugiere que la campaña de márketing arranque antes de los comicios y, tras éstos, el registro del folleto en la CNMV, el roadshow de los bancos de inversión y la petición de órdenes de compra para fijar el precio.

Los Gallés ya han manifestado su intención de mantener, como mínimo, el 50% del capital del imperio que levantó su padre, aunque no está claro de qué porcentaje se desprenderán. Así, la operación de salida a Bolsa se articulará mediante una ampliación de capital, la venta de todas las acciones del fondo MCH (21%) y parte de las de la familia propietaria.

De orígenes humildes, los Gallés se han convertido, probablemente, en los panaderos más ricos de España

En función de la dilución que sufran los Gallés, tras la emisión de nuevas acciones, y del paquete que finalmente saquen al mercado, ingresarán entre 100 y 200 millones de euros.

Las cifras son abultadas y Europastry una historia de éxito que está despertando gran interés entre los inversores y analistas de Bolsa que el jueves se reunieron en Barcelona para tener los primeros contactos con la compañía.

Ésta facturó 600 millones de euros en 2017, un 7% más que el año anterior, y logró un ebitda (resultado bruto de explotación) de 95 millones. Tiene una plantilla de 4.100 empleados y opera bajo las marcas Fripan, Frida, Yaya María, Friart y Dots. Tiene presencia en 50 países y cuenta con fábricas en España, Portugal, Países Bajos y Estados Unidos.

Europastry es una historia de éxito que está despertando gran interés entre los inversores y analistas de Bolsa

Ha llovido mucho hasta alcanzar estas cifras y desde que su fundador Gallés i Payàs anhelaba ser arquitecto, pero se vio abocado a seguir los pasos de su padre y convertirse en el panadero del pueblo.

Porque Gallés i Payàs, tal como relata en sus memorias, quiso ser arquitecto, pero no tuvo opción. “A mis 16 años regresé al pueblo. Me hubiera gustado seguir estudiando y ser arquitecto para desarrollar mi espíritu creador. No me seducía mucho continuar con la panadería de mi padre, por el esfuerzo y dedicación total que exigía”, relató.

“Quédate haciendo pan y no pasarás hambre”

“Tú quédate en casa haciendo pan, que siempre te ganarás la vida y no pasarás hambre, dijo mi padre. Y como yo nunca le contradecía, pues en las familias imperaba el respeto al padre -siempre le había tratado de usted-, seguí sus consejos y aprendí el oficio de panadero”, recordaba. “Esta decisión fue importante. De haber sido arquitecto, hoy no estaríamos en Europastry y quién sabe si hubiera sido o no un buen profesional de la construcción”, continuó.

El pan marcó su infancia, su adolescencia… su vida y la de sus descendientes. “Mis padres hicieron un gran esfuerzo para poder pagar mi formación, supongo que vendiendo pan blanco de estraperlo, ya que oficialmente solamente había el pan negro y de maíz de las cartillas de racionamiento. Junto con el chocolate de algarrobas y pocas cosas más. La harina blanca la obtenían tamizando la harina integral del racionamiento, el pan resultante, tal como sabía hacerlo mi padre, era muy bueno”, narraba.

Mis padres hicieron un gran esfuerzo para poder pagar mi formación, supongo que vendiendo pan blanco de estraperlo”, contaba el fundador

“Mi adolescencia y juventud las pasé en mi pueblo. Cada noche ayudaba a mi padre a hacer el pan y durante el día después de dormir unas horas, íbamos al monte a buscar leña para el horno o a los molinos a cargar harina . Mi padre siempre encontraba trabajos para realizar. Recuerdo la impresión que me producía, el contemplar por las noches claras de invierno, mientras fermentaba el pan, el cielo estrellado de mi pueblo. ¡No he visto otro cielo igual!”, escribió el patriarca de los Gallés.

También detalló sus primeras operaciones corporativas, el germen de lo que hoy es Europastry. “En 1973, fui socio de Panificadora Santa Rita, de Cornella (Barrio de San Ildefonso). En 1974, compramos la panificadora Marcosa de Sant Boi de Llobregat. En 1980, adquirí las acciones de mis socios, que no veían favorable la liberalización del mercado del pan de 1977 . Fue una decisión arriesgada que pude cumplir bien, gracias a la rentabilidad de mi cadena de panaderías de Barcelona. Después compré a una Agrupación de panaderos de Sabadell la Panificadora de Barberá de Vallés”.

En el año 1980, sus viajes a Francia con ocasión de las Ferias del sector le abrieron los ojos al mundo del pan ultracongelado en masa crudo antes de la fermentación. “Me causó una gran impresión y pensé que allí estaba el futuro de la panadería”. Y fue clave.

En los últimos ejercicios, con sus hijos ya al frente, la compañía ha llevado a cabo iniciativas y operaciones para impulsar sus ventas, como la ampliación de la planta de Oldenzaal (Países Bajos), la compra del distribuidor Crandon en Chile y la adquisición del 60% del grupo Ingapan en Galicia.

Esta última compra se realizó con el objetivo de aprovechar la tecnología, las plantas de producción y las redes de distribución tanto nacionales como internacionales de ambas empresas para seguir creciendo dentro del mercado de masas congeladas, explica el grupo en la memoria de 2017.