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La subida de salarios puede llevar a mayores desigualdades. Pixabay

Economía

Por qué la subida de los salarios no es tan buena noticia

Suben los salarios y lo hacen con fuerza. Es una gran noticia, puesto que en estos momentos es el consumo interno el que sostiene el crecimiento económico tras el deterioro del sector exterior. Y porque es la fuente de la que beben (junto con el empleo) las cotizaciones sociales con las que se está compensando el aumento del gasto en pensiones, el principal agujero de las cuentas públicas. Sin embargo, esos son los efectos de la subida conjunta de las rentas salariales.

De fondo, las razones que explican estos incrementos, entre otras la falta de perfiles cualificados o la maduración del ciclo económico y la aparición de tensiones salariales cuando escasea la mano de obra, hacen que se pueda estar fraguando un nuevo aumento de la desigualdad, más silencioso y discreto que el que se produjo durante la crisis, en plena destrucción masiva de empleo. Esto iría en línea con la progresiva contracción de la clase media de la que avisaba esta semana la OCDE, o de lo que ya se conoce como el atasco del ascensor social.

Dicho de otro modo, tras los datos gruesos, unos trabajadores podrían estar empezando a ver crecer sus salarios bastante más que otros. Por lo pronto, el decil de salarios por empleo principal que publica el Instituto Nacional de Estadística (INE), que aporta información sobre la evolución de las rentas por tramos, solo ofrece datos hasta 2017. Sin embargo, los economistas ya empiezan a alertar de esta posible deriva.

De entrada, algunos datos referentes a las subidas salariales registradas durante el último año han hecho saltar las alarmas de estos economistas. Por ejemplo, ¿cómo puede ser que las empresas estén pactando subidas salariales superiores al 2%, por encima del IPC, mientras la productividad se deteriora? Es una ecuación que a primera vista carece de lógica. Porque ningún empresario, al menos en los manuales de macroeconomía, estaría dispuesto a pagar a sus trabajadores más de lo que producen sin luego repercutir ese coste en los precios, tirando por tanto de sus propios márgenes, al menos durante un tiempo prolongado.

Los últimos datos de subidas salariales pactadas hasta el mes de marzo muestran que las retribuciones suben con fuerza desde el inicio del año. Un 2,20% en el tercer mes del ejercicio. Y que, aunque el magro de estos incrementos se localiza en los convenios colectivos de ámbito sectorial y en el sector público, las nuevas unidades de negociación a pie de empresa también han pisado el acelerador con subidas del 1,49%, por encima del IPC en ese mes, que se ha situado en el 1,3%.

Además, cabe recordar que los grandes salarios en las empresas de mayor tamaño, los de los perfiles más exclusivos y los cargos de responsabilidad, no se encuentran reflejados en los datos de convenios colectivos, porque se negocian al margen y además suelen contar con amplias proporciones de variable.

Servicios de estudios como el del BBVA, por citar uno de los últimos que ha presentado recientemente sus nuevas previsiones, estiman que las retribuciones de los asalariados crecerán hasta 2020 por encima de la inflación. Contando de partida con una importante recuperación de los salarios de los empleados públicos, hasta cifras superiores al 2,5% desde 2019, y con la última subida del salario mínimo interprofesional (SMI) hasta los 900 euros al mes, que afectan a unos 2,5 millones y 1,3 millones de sueldos, respectivamente, la entidad estima que las remuneraciones de los asalariados crecieron un 0,8% en 2018, se elevarán un 2,1% en 2019 y otro 2,3% en 2020.

Contando con una dinámica expansiva de los salarios, el Banco de España ya ha alertado del riesgo que supone que esas subidas salariales se hagan de forma prácticamente lineal, sin atender a si las empresas están en condiciones de asumirlas, y dejando ‘hipotecas’ en las empresas en la antesala de lo que puede ser un deterioro de la economía si se materializan riesgos como una escalada de los proteccionismos o un Brexit duro.

Faltan trabajadores y hay que pagarlos

De otro lado, cabe recordar las palabras de Fernando Abril Martorell, presidente de Indra, quien recientemente alertaba de que la empresa tiene 800 vacantes sin cubrir por falta de candidatos con suficientes niveles de cualificación.

No se trata de un hecho aislado. Los datos de vacantes del INE muestran que estas han aumentado notablemente en el último año. Aunque el último dato visible, del cuarto trimestre del año, muestra que se ha producido un descenso respecto al primero, los actuales niveles son considerablemente superiores a los de un año antes. Las vacantes han repuntado un 23,7% en la industria, un 19,6% en los servicios y prácticamente se han duplicado en la construcción.

Y todo ello, mientras la tasa de paro se mantiene alta y se frena el ritmo de caída. Los datos de paro registrado del mes de febrero arrojaron el menor descenso en el tercer mes del año desde 2014, cuando se inició la recuperación, y ya han provocado un aviso del FMI, que avisa de que España encontrará en adelante serios problemas para seguir absorbiendo desempleados.

Por tanto, ralentización en el ritmo de reducción del paro, mientras aumentan las vacantes y los salarios.

El origen de la desigualdad

Hasta aquí, el economista de la Universidad de Alcalá José Carlos Díez señala que lo que se está observando en el plano salarial desde 2017 es lo que se define en la teoría de los salarios de eficiencia: no todos los sueldos se fijan únicamente por el equilibrio entre la oferta y la demanda. En determinadas circunstancias, las empresas tienden a pagar salarios mayores que el promedio del mercado para aumentar su productividad de sus trabajadores.

Estos perciben que ganan más que lo que ganarían en otras empresas y aumentan su esfuerzo. Y ahí se abre la primera puerta al crecimiento de la desigualdad. Se da la circunstancia, ahonda Díez, de que el 40% de las empresas están en rentabilidad negativa y no se pueden permitir llevar a cabo esta estrategia.

Además, hay problemas para cubrir determinados puestos (como ocurre en Indra) y Díez insiste en que la escasez de candidatos para perfiles como los de jefes de obra en la construcción, ingenieros para cubrir jubilaciones masivas en la industria, o expertos en Big Data, mete una presión añadida al mercado.

Esto da la idea que el problema no es que no haya puestos en oferta, sino de que el personal disponible no es el adecuado para rellenarlas, o de que las empresas no se pueden permitir el coste de contratar a los más idóneos. En ese sentido, uno de los economistas que reaccionaron a esas declaraciones del presidente de Indra fue el subdirector de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea) Ignacio Conde-Ruíz, quien considera que para poder llenar esas vacantes hay que competir en salarios por los trabajadores.

Por su parte, el economista jefe para España del BBVA Research, Miguel Cardoso, profundiza en esta cuestión y asegura que la pregunta más importante a la hora de abordar la dinámica de subida de los salarios es si es compatible con que se reduzca la desigualdad y continúe la creación de empleo.

“Desde el inicio de la recuperación, las rentas salariales han crecido alrededor de un 18%, en buena parte como consecuencia del aumento en el número de asalariados (+14%). Esto implica que el salario medio por asalariado, apenas ha aumentado en ese período, lo que habría permitido la rápida reducción de la tasa de paro”, señala.

En los últimos meses, sin embargo, recuerda que se han observado incrementos salariales muy superiores. Puede que ello se explique, según Cardoso, porque los sindicatos comienzan a tener un mayor poder de negociación. Pero también podría indicar que las empresas comienzan a tener problemas para encontrar mano de obra cualificada y tienen que subir las remuneraciones para atraerla o mantenerla en su plantilla.

En ambos casos, “sería indicativo de que el crecimiento de la renta salarial hacia delante se puede concentrar en colectivos no tan vulnerables y, por lo tanto, contribuir a un aumento de la desigualdad”, concluye.

¿La digitalización traerá más desigualdad?

Para agrandar el problema, en este caso la desigualdad salarial, los nuevos modelos de negocio nacidos al calor del avance de las tecnologías y las plataformas digitales establecen magnifican la distancia entre perfiles cualificados y no cualificados. Empresas como Amazon o Deliveroo invierten mucho dinero en el desarrollo de herramientas que desarrollan y manejan perfiles como ingenieros o analistas de datos.

Sin embargo, después, a la hora del servicio final, el reparto por ejemplo en el caso de los nuevos gigantes de la distribución, lo realizan jóvenes habitualmente con bajos salarios y que empiezan ahora a organizarse para tratar de mejorar sus derechos, como es el caso de los raiders. En una reciente intervención en un acto organizado por Fedea, el candidato de Ciudadanos a la elecciones europeas, Luis Garicano, así lo explicaba. Señalaba que, a futuro, “los que no tienen suficiente cualificación se quedarán detrás y se beneficiará a los cualificados, aumentará la desigualdad”.

La clave, la productividad

Según Cardoso, en ese momento y ahora mismo, la clave radica en el comportamiento de la productividad de los asalariados. Hasta ahora, ambas variables, productividad y retribuciones, parecen haber ido de la mano, pero en los últimos tiempos se ha ido abriendo un hueco entre ambos, por ese efecto de desigualdad que no parecen recoger las estadísticas agregadas.

“A partir del año anterior, comenzó a observarse una brecha que de incrementarse podría ralentizar la creación de empleo (si las empresas perciben que el coste marginal de contratar a un trabajador más es superior a su beneficio, en términos de productividad, dejarán de añadir a la plantilla)”, añade Cardoso.

Para ello, todos los economistas consultados coinciden en que es preciso mejorar la formación continua de los trabajadores, la eficiencia del sistema educativo universitario y así la posibilidad de que los trabajadores encuentren un trabajo mejor remunerado.

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