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Un Iphone, sobre un ordenador Mac. EUROPA PRESS

Economía

Sin productividad no hay futuro

La crisis económica, al margen de lo bueno o malo que ha arrastrado consigo, ha elevado por necesidad la conciencia y el conocimiento económico de los españoles. La prima de riesgo o el déficit público han pasado a formar parte de un acervo no tan exclusivo de los economistas, y se han llegado a oír con naturalidad en las colas del pan o en los trayectos de taxi. Sin embargo, un término no acaba de calar en la opinión pública: la productividad.

Y será clave, porque, para resumir un poco las cosas, si queremos que en el futuro haya buenos empleos, sueldos y pensiones suficientes, no habrá más remedio que incrementarla, algo que se antoja difícil después de una década en la que esa productividad está estancada y dada la resistencia de los Gobiernos a poner esta cuestión en primera línea de fuego, casi como una política de Estado. El caso es que salarios y pensiones, venden, pero la productividad, no.

Los economistas no lo ven de la misma manera. “La productividad lo es todo”, indica la economista senior de la Fundación de las Cajas de Ahorro (Funcas), María Jesús Fernández. “No olvidemos que la productividad es la auténtica asignatura pendiente de la economía española”, añaden también los economistas y miembros de la Fundación de Estudios de Economía Aplicada (Fedea), Ignacio Conde-Ruiz y Manu García, en un reciente estudio titulado Retos laborales pendientes tras la Gran Recesión.

¿Pero por qué? Para poner en situación, baste decir que la productividad es la capacidad de los factores –trabajadores y capital– de generar valor o riqueza. La relación entre los recursos que se disponen y los productos y servicios que se obtienen. Es por eso que, en primer lugar, las empresas tienen muy en cuenta esta variable para fijar salarios y precios.

Esto es, si una empleado con su ordenador genera una cantidad determinada de valor para su empresa, el empresario no le podrá pagar más que eso, en principio, sin incurrir en pérdidas. De resultas, la capacidad adquisitiva de este trabajador estará limitada por su productividad, el consumo agregado dependerá de ello, la riqueza por tanto del país y su PIB, también. Finalmente, la pensión del trabajador también estará condicionado como reflejo de su nivel salarial durante la etapa activa.

¿Cómo funciona la productividad?

Esto es un esquema muy simplificado de las implicaciones de la productividad, pero que nos dan una idea de qué puede ocurrir, como está ocurriendo en España en los últimos tiempos, si este indicador se estanca o incluso cae. Los investigadores de Fedea recuerdan que, básicamente, la productividad del trabajo, medida como el PIB por trabajador –la riqueza que aporta cada empleado a la economía–, solo aumenta durante las recesiones por lo que se conoce como efecto composición.

Quiere decir que, como durante las épocas de crisis se despide primero a los trabajadores temporales y con menor cualificación, el nivel de productividad agregado del factor trabajo aumenta. Pero ese efecto, en realidad, supone una suerte de espejismo, porque la productividad individual no varía.

Si se analiza la productividad total de los factores, esta se ha mantenido estancada desde los años 90. Y eso es lo preocupante. A lo largo de 2018 se ha constatado incluso un claro empeoramiento de la productividad por hora trabajada, con una aportación negativa de 9 décimas al PIB.

No obstante, en ciertos sectores, como la agricultura, la construcción o las telecomunicaciones, la productividad es superior en España que en otros países de la eurozona, y la productividad laboral ha crecido comparativamente más en las manufacturas que en los servicios.

Pero los salarios suben

El problema que surge cuando, en esa tesitura de estancamiento de la productividad, aumentan los salarios por el empuje de la negociación colectiva, como ha ocurrido especialmente en el último tramo de 2018 –los salarios pactados en convenios suben por encima del 2%, el salario mínimo ha aumentado un 22,3% y los funcionarios verán subidas sus nóminas un 2,75%–. En ese caso, lo que pasa es que suben los costes laborales de las empresas, y eso les hace menos competitivas.

La Comisión Europea espera que los salarios crezcan un 2,4% en 2019, para moderarse en 2020, aunque aún por encima de la inflación, empujando en todo este periodo al alza los costes laborales, que repuntarán por encima de la media de la UE.

Esto es algo especialmente peligroso en el actual contexto de deterioro del sector exterior en plena guerra comercial desatada por las tensiones entre EE.UU. y China. Si no aumenta la productividad en las empresas, la subida salarial puede peligrar. Como señala el economista jefe para España del BBVA Research, Miguel Cardoso, esta situación puede ir en detrimento del empleo: “Si las empresas perciben que el coste marginal de contratar a un trabajador más es superior a su beneficio, en términos de productividad, dejarán de añadir a la plantilla”, explica.

Otra opción es subir los precios, pero esa opción sigue yendo en detrimento de su competitividad. De momento, no está ocurriendo ni una cosa ni la otra de forma generalizada. De hecho, las empresas están absorbiendo las subidas salariales a costa de sus márgenes empresariales; pero eso no será posible durante mucho tiempo ni en todas las empresas, como ha advertido recientemente el Banco de España.

Señala el banco emisor que “sería deseable que la magnitud de las alzas salariales se acompase a las circunstancias concretas de cada empresa o sector y, en particular, a los crecimientos de productividad, evitando subidas generalizadas para el conjunto de la economía, desligadas de esas condiciones específicas”.

Entonces, parece claro que habría que aumentar los niveles de productividad, como, por otra parte, ha llamado a hacer la Comisión Europea en sus últimas recomendaciones a España, si se quiere preservar el resurgir de los salarios. Surge entonces otro obstáculo, y es que cualquier cambio en la productividad, no aparente, implica políticas de largo plazo, y estas no tienen demasiada cabida en los tiempos de agitación electoral.

¿Qué hace falta?

Bruselas realizaba en sus últimas recomendaciones una aproximación a las causas del actual estancamiento de la productividad que coinciden con las de la mayoría de los economistas. Entiende que la productividad se ve limitada por la rigidez en la libre circulación de trabajadores y otros recursos; menciona la escasa penetración de las tecnologías y la innovación de las empresas y la falta de habilidades adecuadas entre los trabajadores.

Pero quizás el elemento fundamental al que se refiere sea la dualidad del mercado laboral, que sigue sin resolverse tras años de crisis y varias reformas laborales. Más aún, la temporalidad imperante en el mercado laboral, con cada vez mayor rotación por la cada vez menor duración de los contratos, no hace sino acentuar el problema.

El empleo temporal ronda actualmente el 27% y esto, según Bruselas, tendrá un impacto negativo en el crecimiento potencial, la productividad y la cohesión social. El problema queda perfectamente reflejado en el trabajo de Conde-Ruiz y García. La temporalidad elimina los incentivos por parte del trabajador y el empresario para la inversión en el capital humano, ya que no hay muchas razones para mejorar la formación de los empleados con contrato temporal y, sin esta inversión, su productividad es muy baja.

Temporalidad…y baja cualificación

Además, durante la crisis, el sector de la construcción empleó a millones de personas con buenos sueldos y futuro prometedor. Muchos jóvenes abandonaron sus estudios de forma prematura para subirse al andamio. Pero esos trabajos tenían caducidad y España arrastra ahora una gran herencia de mano de obra poco cualificada.

Por otro lado, una vez que los servicios han dado el relevo como motor económico a la construcción, el 88% de las vacantes en estos momentos se concentran en este sector, a priori en puestos también de poco valor añadido.

Por eso, Bruselas llama a incrementar los niveles educativos, a crear más vínculos entre las academias y universidades y las empresas; también a incrementar el tamaño medio de las empresas, puesto que los niveles de productividad y la capacidad de innovación es mayor entre las grandes.

Las críticas de Bruselas también se dirigen a la productividad del capital. Señala que España aún está pagando los excesos del ‘ladrillo’, muy intensivo en inversión pero que ha presentado comparativamente mayores niveles de rentabilidad que de productividad. Algo lógico cuando se habla de una burbuja. Esta tendencia cambió de signo durante la recuperación económica, puesto que la fuerte creación de empleo se produjo en detrimento del capital, lo que elevó la productividad en comparación con la eurozona. Pero aún no es suficiente.

Como muestra un reciente trabajo elaborado por BBVA Research y Fedea, en 2018 pierde fuelle la contribución positiva al ciclo económico procedente de la eficiencia de la generación de capital productivo.

No obstante, el peso que pierde el capital productivo lo gana la productividad total de los factores, que durante 2018 vuelve a tener una contribución positiva aportando una media de 1,7 puntos porcentuales. Sin embargo, de nuevo, el estudio señala que el empuje positivo de la eficiencia del capital y de la productividad total de los factores se ve contrarrestado cada vez en mayor medida por el aumento de márgenes salariales. Y vuelta a empezar.

El envejecimiento traerá mayores costes laborales

Por otro lado, un elemento añadido se suma a los problemas de productividad a los que se pueden enfrentar las empresas. Como señalan, el actual responsable de Economía de la CEOE, Gregorio Izquierdo, y la profesora de la Universidad Rey Juan Carlos, María Luisa Recio, en el artículo Población activa y oferta productiva, del anuario correspondiente a 2018 del Colegio de Economistas de Madrid, el envejecimiento tensionará a la larga los costes laborales al ganar peso progresivamente los trabajadores de más edad, que son también los menos productivos, pero los que tienen mejores salarios.

No obstante, el trabajo confía en que la productividad se beneficie de los procesos de inversión que se tendrán que acometer como consecuencia de la menor disponibilidad y encarecimiento del factor trabajo.

Como resume la Comisión Europea, mantener la competitividad externa será todo un reto a menos que se incremente la productividad, a lo que añade: “las ganancias de competitividad en España se han apoyado en los años recientes en la moderación salarial, pero mantener la competitividad externa se puede convertir en un desafío a menos que se sustente con incrementos localizados de la eficiencia”.

Tanto desde el Banco de España como desde BBVA Research se pide que, en ausencia de claras mejoras en términos de productividad, sería necesario avanzar en medidas que pudieran hacer que los salarios se ajustaran mejor a cambios en la productividad. Y esa parece ser la salida de emergencia en las actuales circunstancias, mientras parece que los representantes políticos vuelven dejar pasar la oportunidad de poner de moda la productividad.

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