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Economía

Criptomonedas: el futuro detrás de la burbuja

El hundimiento de sus precios y los cientos de miles de millones liquidados no han detenido el desarrollo de proyectos basados en las monedas digitales

Si eres lo suficientemente estúpido como para comprar bitcoin lo pagarás”, aseguraba a finales de 2017 el presidente de JP Morgan, Jamie Dimon. En aquel momento, la mayor criptomoneda del mundo se encontraba inmersa en una vertiginosa escalada que atraía todas las miradas desde el mundo de la inversión y también desde fuera de éste, a medida que un creciente número de personas empezaba a ver en este universo tan poco conocido una garantía de ganancias.

El hundimiento de los precios que se inició pocos meses después pareció dar la razón al prestigioso banquero, que había tachado de “fraude” a las monedas digitales. En menos de un año, el bitcoin vio esfumarse un 80% de su precio y el mercado de las criptodivisas fulminó más de 700.000 millones de dólares (625.000 millones de euros). La burbuja había pinchado. Las criptodivisas…¿habían muerto?

El propio Dimon sería el encargado de despejar esa duda. El pasado febrero, su banco sorprendía al convertirse en la primera entidad estadounidense en crear su propia criptomoneda, el JPM Coin, para gestionar pagos a través de la tecnología blockchain. Y lo cierto es el interés por las monedas digitales del mayor banco del mundo por valor de mercado no es, ni mucho menos, una excepción en el mundo financiero.

Fidelity, una de las mayores gestoras del mundo, mantiene abiertos varios proyectos en torno a las criptodivisas y planea poner en marcha de forma inminente un servicio de negociación de estos activos para sus clientes institucionales, según publicaba recientemente Bloomberg. El hundimiento de los precios no ha supuesto, ni mucho menos, el abandono de las monedas digitales.

Grandes entidades como JPMorgan o Fidelity han desarrollado recientemente proyectos basados en criptomonedas

“Se han ido montando buenas startups, se ha mejorado mucho la tecnología, se va facilitando el uso de cripto para todo tipo de usuarios por medio de nuevos wallets o exchanges más usables, e incluso hemos visto grandes empresas apostar por las criptomonedas”, explica Eneko Knörr, co-fundador de Onyze, una startup madrileña que custodia criptomonedas para bancos, fondos y otros grandes clientes.

Uno de esos recientes proyectos lleva sello español y ha sido bautizado como 2gether, uno de los denominados neobancos (al estilo de N26, Revolut, Monzo o Bnext), que se distingue por estar montado sobre su propia criptomoneda o token (denominado 2GT) y que tiene como meta soportar al mismo tiempo la economía tradicional y la nueva economía basada en activos digitales.

La primera de estas características significa que el cliente de la plataforma contribuye a su financiación y es, por ello, dueño, lo que le permite disfrutar de servicios sin comisiones, tener voz en las decisiones estratégicas y capturar parte de los ingresos que genera para la plataforma cuando, por ejemplo, adquiere un producto financiero de un tercero.

En lo referente a la segunda, 2gether permite al usuario operar a través de la plataforma de forma indistinta con sus fondos en euros o en monedas digitales, un servicio que se traduce, por ejemplo, en que gracias a su colaboración con Visa, sus clientes pueden efectuar pagos con tarjeta en criptomonedas, algo en lo que se definen como pioneros en Europa.

“La misión de 2gether es facilitar la transición hacia una nueva economía descentralizada. Creemos que la tecnología blockchain con la posibilidad de transmitir valor de manera descentralizada, sin que haya un agente de por medio, va a generar un nuevo tipo de economía que va a convivir con la anterior, basada en estos modelos descentralizados, que van a tener monedas distintas al euro”, explica Ramón Ferraz, CEO de la entidad.

Las incertidumbres generadas por el hundimiento de las cotizaciones han lastrado la financiación de proyectos

Ferraz reconoce que las incertidumbres generadas por el hundimiento de las cotizaciones desde inicios de 2018 han supuesto un lastre para la financiación de proyectos, pero no han detenido el trabajo de quienes apuestan porque blockchain supondrá una transformación de calado en la forma de hacer negocios.

Lo cierto es que, con independencia de los vaivenes de las monedas digitales, en el mundo empresarial pocas voces se han atrevido a cuestionar el potencial que encierra la tecnología blockchain, considerada la base de una innovación futura tan relevante, al menos, como la que ha supuesto Internet en las últimas décadas, con capacidad para revolucionar casi cualquier área de negocio. Con su sistema de bloques, que permite hacer todo tipo de transacciones entre particulares de forma fiable sin necesidad de un intermediario que garantice la operación, podría obligar a repensar buena parte de la lógica empresarial actual.

Sin embargo, y a pesar de su estrecha relación, las criptomonedas han generado más dudas y algunos han dibujado un futuro de blockchain sin criptomonedas, un escenario que Ferraz no ve factible. “Hay algo que está pasando, que es relativamente lógico, pero que está equivocado de raíz. Hay mucha gente que está tratando de aplicar blockchain para ganar eficiencia, pero hoy en día, en el estado en el que está la tecnología, blockchain es más ineficiente que cualquier otra tecnología. Ganar eficiencia hoy con blockchain no es posible”, sostiene.

En su lugar, el CEO de 2gether recalca que “lo que es posible es crear modelos económicos en los que la confianza no está en un elemento central sino en la comunidad. Ese es el gran avance de blockchain y para crear esos modelos descentralizados hace falta la criptomoneda”, indica.

Pero si el futuro de las criptomonedas puede darse por seguro, cuántas y cuáles formarán parte de ese futuro resulta mucho más discutible. El banco de inversión GP Bullhound pronosticaba hace cerca de un año una debacle en la que desaparecerían en torno al 90% de las criptomonedas y solo resistirían unas pocas.

Las criptomonedas más conocidas hasta la fecha, con bitcoin a la cabeza, tienen por objeto convertirse en un medio de pago, sustitutivo del dinero actual. Para este uso, Nereida González, consultora del área de Mercados de Analistas Financieros Internacionales (AFI), considera que sí tendría lógica una reducción del número de monedas digitales existentes. “El objetivo inicial era reducir costes de transacción. Si cada comunidad acepta una diferente, las barreras al comercio se incrementarían”, observa.

Las criptomonedas pueden soportar funciones muy diversas, más allá de la de sustituir el dinero tradicional

No obstante, una visión más abierta de lo que pueden representar los tokens como activo para el intercambio de recursos sí permite imaginar un universo mucho más poblado, “igual que existen infinidad de acciones”, indica González.

Esta idea es compartida por Ramón Ferraz, quien vislumbra un futuro en el que el uso de estos activos esté tan extendido que un chaval pueda crear su propio activo digital para ofrecer sus servicios para dar clases en su propia urbanización. “La cuestión es que va a haber tokens soportando casos de uso muy diversos. Los más conocidos ahora son moneda: bitcoin y sus variantes… Pero hay muchísimos más casos de uso, cualquier modelo empresarial descentralizado basado en incentivos tendrá una moneda distinta”, señala el experto, que cita como ejemplos los casos ya existentes de Filecoin o Brave. “Percibo un mundo en el que mucho más de estos modelos se consoliden, la gente los empiece a utilizar y haya muchas más de estas monedas”, añade.

Esto no quiere decir, ni mucho menos, que vayan a sobrevivir todas las criptomonedas existentes en el entorno actual. De hecho, el experto de 2gether augura que muchos de los proyectos existentes a día de hoy acabarán cayendo, del mismo modo que sucedió con un sinfín de negocios ligados a Internet a mediados de los 90.

El desarrollo de esta tecnología es aún tan incipiente y sus usos tan poco conocidos que los expertos asumen que tardará mucho en convertirse en un fenómeno masivo. En 2gether, sin ir más lejos, se han centrado en esta etapa de su negocio en el público que ya está inmerso en el mundo de las criptodivisas mientras tratan de extender su conocimiento a un público más amplio, partiendo de lo que llaman digital experimenter (el perfil afín a la economía colaborativa, pionero en el uso de modelos como Uber, Airbnb o Car2Go) y los digital banker (el cliente que está ya inmerso en la innovación financiera y la tranformación digital de la banca).

Según sus cálculos, en estos grupos se englobaría un 29% de la población europea entre 25 y 40 años. Muchos otros quedarían fuera de eso. “A mí me han preguntado amigos personales por qué deberían entrar en 2gether y les he dicho que, conociéndolos, probablemente no deban hacerlo todavía, porque no van a encontrarle utilidad”, indica el CEO del banco, quien afirma que, hoy en día, en Europa, entrar en el campo de las criptomonedas sólo con el objetivo de usarlas en lugar del dinero común no tiene sentido.

Potencial con riesgos

Sí puede tenerlo, sin embargo, hacerlo como inversión si se confía en un futuro despegue de estos activos. Pero la experiencia del último año hace muy reticentes a los inversores, por mucho que en las últimas semanas haya vuelto a hablarse de las alzas del bitcoin  –desde el pasado febrero se ha revalorizado más de un 130%, superando el nivel de los 8.000 dólares. “Hay una gran incógnita alrededor de la evolución de este mercado en los próximos meses, aunque se espera una tendencia al alza. Pero, quien decida invertir, debe tener muy claro que puede pasar cualquier cosa. Hay que aprender de los errores”, advierte Miguel Ángel Barrio, director del Programa de Innovación Digital y FinTech del IEB.

Knörr se muestra más optimista respecto al futuro de las criptomonedas, aunque sin renunciar a la cautela. “En mi opinión, aunque a corto plazo no sabemos si bitcoin puede volver a caer a 4.000 euros o menos, a largo plazo creo que lo peor ha pasado. En unos años hay teorías muy bien sustentadas que valorarían un bitcoin en medio millón o un millón de euros. Eso sí, quien invierta en bitcoin tiene que comprar y no mirar el precio, porque el camino es tortuoso, pero a largo plazo ganador”, opina.

La progresiva entrada de dinero a través de fondos institucionales puede impulsar los precios a medio plazo

El emprendedor especializado en criptodivisas se muestra confiado en que la progresiva entrada de dinero a través de fondos de venture capital y fondos institucionales estadounidenses se convierta en el principal impulsor de los precios a medio plazo. Por eso, afirma, “bitcoin es ahora una oportunidad de inversión asimétrica con un potencial espectacular. En unos años se puede multiplicar su valor por 100, o también se puede perder todo. Sólo por ese potencial creo que todo el mundo debería tener aunque sea un pequeño porcentaje de sus ahorros en bitcoin, aunque eso sí: sólo lo que uno pueda permitirse perder”.

Sobre el desarrollo de las criptodivisas quedan aún muchas dudas por desentrañar, desde sus usos hasta su regulación. Y en los mercados parecen destinadas aún a protagonizar agitadas idas y venidas que dejen algunos ganadores, pero también muchos perdedores por el camino.

Pero, como observa Ferraz, “ahora que la fiebre especulativa que rodeó a las criptomonedas se ha enfriado, es buen momento para dar un paso atrás y recordar sus fundamentos. Las criptomonedas y blockchain, la tecnología detrás de las criptomonedas, están aquí para quedarse”. Hasta Dimon parece haberlo comprendido.

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