Tras la popularización del bitcoin, sin duda la más refulgente criptomoneda que el mundo ha conocido, la fiebre por las monedas digitales desdentralizadas no ha hecho más que ganar grados de temperatura. La avidez por las ganancias fáciles ha estimulado su multiplicación hasta límites casi esperpénticos.

Hace escasas semanas, el universo de las divisas digitales veía nacer un nuevo vástago patrocinado nada más y nada menos que por el hermano de Pablo Escobar Gaviria -el famoso capo colombiano del cártel de Medellín– bajo el nombre de dietcoin. Un bitcoin “más ligero” y rápido, según sus patrocinadores. Una versión light que promete ganancias ilimitadas, en palabras de sus patrocinadores. Solo este último mensaje, bastaría por sí solo, para no invertir ni un céntimo en semejante asunto.

Y por si eso no fuese suficiente, que el hermano de uno de los narcotraficantes más sangrientos de la historia se meta en estos jardines, al menos a un servidor, no le deja especialmente tranquilo y dice bien poco de los que niegan en redondo y en cuadrado ninguna relación de las criptodivisas con asuntos de blanqueo de capitales, terrorismo y asuntos similares.

Puede ser anecdótico, pero parece evidente que al soniquete de la rentabilidad meteórica y en apariencia sencilla de la música de las monedas digitales, cada vez más empresas del todo solventes se están involucrando en el asunto y más de 300 ya han creado su propia moneda virtual. En España la empresa de alimentación Nostrum ha creado el Meal Token, la primera criptodivisa made in Spain, con la que quiere obtener financiación para desarrollarse en Europa.

Cada vez más empresas del todo solventes se están involucrando en las monedas digitales

Otros casos sonados han sido los de Telegram o Kodak, que también han creado sus propias divisas cibernéticas. Aunque en estos casos parece que la idea es insuflar ánimo a sus acciones a través de este enganche entusiasta por la ciencia ficción monetaria.

No obstante, incluso algún gobierno, con Japón a la cabeza, empieza a mirar el asunto sin tantas reticencias y se ha colocado en primera línea de desarrollo y admiración por la tecnología de cadena de bloques (blockchain), tan vinculada a las criptomonedas, y que no es más que una base de datos descentralizada con documentación encriptada en la que todo queda grabado permanentemente, resolviendo, aparentemente, el problema principal entre las empresas: la confianza.

Pero la confianza que se gana por un lado, se derrumba por el del anonimato absoluto de sus participantes y se acaba de rematar con su transferencia por Internet y sin el control de autoridades centrales.

A pesar de ello, nadie quiere dejar de probar su suerte en el casino cibernético por lo que hasta entidades tradicionales como, en España, el Banco Santander han oficializado el uso de otra criptomoneda como es ripple.

A pesar del tímido apoyo bancario, en mi opinión, coincidente con la del regulador español (la CNMV ha declarado que las monedas digitales cuentan con menos protección para los inversores que los mercados de valores tradicionales, con los consiguientes mayores riesgos de fraude y manipulación) es necesaria una regulación europea armonizada, para evitar la anarquía libertaria que supone la gestión de las transacciones de forma colectiva y descentralizada en la red.

Urge, pues, acabar con el anonimato de las mayores transacciones en criptodivisas y obligar a las plataformas a informar a las autoridades de las mismas y de la identidad de sus autores, cuando sean claramente sospechosas. La UE, se ha puesto manos a la obra y está acabando de conformar una legislación estricta tanto del bitcoin como del resto de monedas digitales que será de aplicación en toda Europa, para prevenir la financiación del terrorismo, la financiación ilícita de negocios o el blanqueo de capitales a gran escala.

El antiguo ideal ciberanarquista de descontrol y libertad total en Internet puede ser una idea respetable, pero del todo peligrosa, pues no se me ocurre mejor campo de cultivo para el cibercrimen que un espacio absolutamente ajeno al control de nadie para campar por los fueros del delito con total impunidad.

Invertir en criptomonedas puede parecer un juego especulativo (que también lo es) del todo inocente, pero hoy por hoy, y aunque es necesario desgranar el trigo de la paja, puede favorecer multitud de transacciones ilegales que se realizan a través de Internet.

Las criptomonedas pueden favorecer multitud de transacciones ilegales a través de Internet

Desde un punto de vista especulativo, el bitcoin y sus derivadas, son instrumentos de inversión del todo adecuados para un órdago a la grande de un inversor minorista. Eso sí, tengan bien claro que las ganancias, pero también las pérdidas, pueden ser ilimitadas. Es una apuesta que cualquier pequeño inversor ha de calibrar muy mucho en el puro afán del sueño de hacer fortuna.

En caso de acudir a una ICO (Initial Coin Offering) de este tipo, mi consejo es que pregunten y se informen exhaustivamente de los aspectos de la misma y se dejen aconsejar por asesores financieros regulados, que sabrán realizar las preguntas y la auditoría más relevante para proteger sus inversiones y sus derechos. Por otra parte, les animo a la lectura del comunicado que la CNMV emitió al respecto. Es una guía imprescindible si van a invertir en criptomonedas.

Cualquier actividad que involucre una oferta de valores debe ser acompañada de un importante desglose de información, procedimientos y otras protecciones que debe ser puesta a disposición del ahorrador.

Para el caso de grandes inversores, las derivadas son diferentes y es muy probable que su interés se escore más hacia el anonimato que hacia la inversión. Supongo, que ustedes me entienden.

En cualquier caso, urge una regulación que subsane las clamorosas carencias en cuanto a seguridad y protección de los inversores que pueden verse cegados por el fulgurante éxito de unos activos que mal gestionados pueden pasar de ser considerados el oro del siglo XXI a la enésima burbuja financiera que se lleva por delante ahorros y fortunas.