Economía

La amenaza de crisis en Europa engorda la burbuja de los bonos en negativo

La colocación por parte de Alemania de deuda a 30 años a tipos negativos evidencia la expectativa de nuevos estímulos del BCE pero también las dudas sobre su eficacia

La amenaza de crisis en Europa engorda la burbuja de los bonos a tipos negativos.

La primera ministra de Alemania, Angela Merkel. EFE

Este miércoles, Alemania logró vender bonos a un plazo de 30 años a tipos de interés negativos por primera vez en su historia. El Tesoro alemán captó 824 millones a una tasa del -0,11%, lo que significa que los inversores que le han prestado su dinero habrán acumulado, cuando los títulos lleguen a su vencimiento en 2050, pérdidas superiores a los 27 millones de euros.

La ‘sinrazón’ de los tipos negativos  es una realidad cotidiana de los mercados desde hace ya varios años. Pero lo que se inició como un escenario anómalo, producto de una coyuntura extraordinaria, no sólo ha acabado por perpetuarse en el tiempo, sino que va camino de hacerse más intensa, a medida que los inversores empiezan a prepararse para un nuevo escenario de crisis en Europa.

Cuando se conoció la pasada semana que la economía alemana había cerrado el segundo trimestre del año con una contracción del 0,1%, las alertas de recesión se dispararon por todo el continente. La conocida como la locomotora europea acumula varios trimestres de dificultades, lastrada por un sector industrial seriamente dañado. Los efectos de la guerra comercial entre Estados Unidos y China tienen un impacto sin duda reseñable sobre una economía claramente orientada a la exportación. Aunque lo cierto es que cada vez son más los analistas que advierten de que tras la crisis de la industria alemana hay una crisis de modelo que va mucho más allá de la actual batalla sino-estadounidense.

La debilidad de Alemania y a Italia amenaza con arrastrar al conjunto de la Eurozona, como quedó patente en el segundo trimestre

Lo cierto es que con Alemania al borde de la recesión y con Italia afectada por un prolongado estancamiento económico, agravado por sus continuas turbulencias políticas, el futuro para la Eurozona se presenta poco halagüeño. Como observa Ángel Talavera, economista jefe para Europa de Oxford Economics, la debilidad industrial también ha dejado su huella en el conjunto de la región, limitando su crecimiento. «Si excluimos a Alemania e Italia, las dos economías industriales más grandes, el crecimiento fue un más que respetable 0,4% intertrimestral en el segundo trimestre. Desafortunadamente, con esas dos economías representando alrededor del 40% del PIB total en la zona del euro, la suerte de todo el continente está indisolublemente ligada a lo que suceda en estos países», indica.

Firmas como Bank of America vienen alertando desde hace meses de que la debilidad de la industria europea y el comercio exterior empieza a trasladarse a otras áreas de la economía que han sostenido hasta ahora el crecimiento en Europa.

«Esta vez, no solo cambia la demanda externa sino que también esperamos una demanda interna más débil. La incertidumbre hará mella en el gasto de capital. El mercado laboral en algunas partes de la Eurozona ya ha dejado de expandirse y las intenciones de contratación se están debilitando en los datos de las encuestas (especialmente, en Alemania). La confianza del consumidor comienza a debilitarse, y en medio de la incertidumbre prolongada en torno a las situaciones financieras y laborales, esperamos que los consumidores aumenten gradualmente sus reservas de ahorro en la zona euro», señalan los expertos del banco estadounidense.

Bank of America ha recortado recientemente sus previsiones de crecimiento en la Eurozona al 1,1% en 2019 y al 1% en 2020 y advierte de que «muchas cosas pueden ir aún a peor este año», ya sea con la materialización de un Brexit sin acuerdo o la imposición de aranceles a la industria de automoción por parte del Gobierno de Estados Unidos.

En esta coyuntura, parece inevitable que el Banco Central Europeo (BCE) anuncie en su próxima reunión del 12 de septiembre un nuevo recorte de los tipos de interés en la Eurozona y, con toda probabilidad, el reinicio de un plan de compra de activos, para combatir la debilidad económica en la región.

La expectativa de esta nueva ronda de estímulos está, sin duda, detrás de la reciente caída de los costes de la deuda europea –la española incluida– a mínimos históricos y la sucesión de emisiones de deuda a tipos negativos. Más allá de la de Alemania, este miércoles Portugal también ha colocado 1.000 millones de euros en letras a 3 y 11 meses, a unas tasas récord por debajo del 0% y el martes fue el Tesoro español el que obtuvo un hito similar al emitir más de 1.500 millones en títulos a 3 y 9 meses.

Se calcula que unos 14,4 billones de euros en bonos a nivel mundial cotizan a tipos de interés negativos

Actualmente, en la Eurozona sólo Italia y Grecia ofrecen rentabilidades superiores al 1% por su deuda a plazos de 10 años, mientras que cada vez son más los bonos que franquean la frontera del 0% para sumergirse por primera vez en la historia en terreno negativo. Se calcula que unos 16 billones de dólares (alrededor 14,4 billones de euros) de deuda cotizan a tipos negativos a nivel mundial y una proporción muy elevada de éstos pertenecen al área euro.

Pero la disposición de los inversores a comprar títulos de deuda alemana a un plazo de 30 años a tipos negativos -a pesar de que la demanda fue bastante reducida- también ofrece una lectura negativa para el BCE y para la Eurozona, porque podría sugerir que en el mercado no se confía en una próxima solución para los problemas que atenazan la economía de la región. La debilidad que siguen mostrando las expectativas de inflación a largo plazo refrendan esta señal de desconfianza.

Después de muchos años de soluciones extraordinarias, con las que los tipos negativos se abrieron paso en el escenario de la deuda europea, la intensificación de éstos es un recordatorio del grave reto al que se enfrenta el BCE para convencer al mercado de que aún cuenta con opciones para evitar una nueva crisis.

Comentar ()