Turquía ha sido «la mayor sorpresa positiva del año», afirmaba este lunes el consejero delegado de BBVA, Onur Genç, durante su intervención en el X Encuentro del Sector Financiero, organizado por KPMG en colaboración con Expansión, American Express y Microsoft.

A Genç no le faltaban argumentos para este comentario. Frente a los negros augurios que se cernían a finales del año pasado sobre la economía turca, el país ha crecido durante dos trimestres consecutivos y la inflación ha descendido significativamente, ha explicado el ‘número dos’ de la entidad.

Y sin duda esta mejora de la situación en el mercado turco ha ayudado a que BBVA esté capeando un difícil 2019 como el mejor banco del Ibex, el único con un saldo positivo, tras su histórico revés de 2018.

Pero las tensiones vuelven a intensificarse en torno a Turquía, elevando los riesgos para la entidad que preside Carlos Torres Vila. Este lunes, las acciones de BBVA han cerrado con un descenso del 1,73%, siendo, con diferencia, el peor de los bancos en la bolsa española. Y más significativo ha sido el revés superior al 10% encajado por su filial turca Garanti.

Las acciones de Garanti restaron este lunes un 10% y acumulan una caída próxima al 20% en once días

El grupo del que BBVA controla un 49,85% de las acciones había aprovechado la calma de los últimos meses para remontar más de un 45% desde el pasado mes de mayo. Pero la entidad turca ha cerrado en negativo diez de las once últimas sesiones, dejándose por el camino casi una quinta parte de su valor y regresando a niveles del pasado mes de junio.

El varapalo de este lunes, el mayor que sufre el banco turco desde el verano de 2018 es reflejo de las inquietudes generadas por la amenaza del presidente estadounidense Donald Trump, quien señaló a través de su cuenta en la red social Twitter que «grandes sanciones se avecinan para Turquía».

El presidente estadounidense mostraba así su disposición a castigar al Gobierno de Recep Tayyip Erdogan por su polémica intervención en territorio sirio contra las guerrillas kurdas. Esta operación ha cosechado una condena internacional, que amenaza con derivar en sanciones comerciales de calado.

El aumento de las tensiones entre la Casa Blanca y el Gobierno turco llega en un momento inoportuno, ya que en los últimos meses se venían manteniendo conversaciones para multiplicar hasta por cinco las relaciones comerciales entre ambos países, que rondan los 20.000 millones de dólares (algo más de 18.000 millones de euros) anuales.

Más importante resultaría la imposición de sanciones por parte de la Unión Europea, con la que Turquía mantiene intercambios comerciales por año superiores a los 150.000 millones. Países como Francia están abogando por adoptar una posición dura ante el régimen de Erdogan.

Toda esta tensión se traducía este lunes en caídas de la lira turca, que cedía un 0,7% frente al euro y acumula una depreciación del 6% desde el inicio de octubre. La moneda otomana ha cedido más de un 50% de su valor en los últimos cuatro años, lo que ha supuesto uno de los principales problemas para BBVA.

La intervención en Siria podría golpear al turismo turco si desencadenara una respuesta del terrorismo kurdo

Al cierre del primer semestre, BBVA registró un resultado atribuido en Turquía de 282 millones de euros, un 24% menos que en el mismo periodo del año anterior, aunque sólo un 2,8% menos si se deja a un lado la depreciación de la divisa. El mercado otomano es uno de los principales para la entidad, representando un 9,2% de sus beneficios.

Pero Turquía se ha convertido en los últimos años en un lastre para BBVA a ojos de los inversores, que han penalizado al banco por su exposición a una economía que se ha visto acosada por sucesivos problemas y amenazas, a medida que el Gobierno de Erdogan ha ido perdiendo la confianza de los mercados.

En un reciente informe, Credit Suisse mostraba su mayor confianza en las perspectivas de Santander que las de BBVA, por las dudas sobre el negocio internacional de éste. Aunque sus principales preocupaciones se centraban en México y reconocía una mejora de las tendencias en Turquía, los analistas del banco suizo señalaba que «continuamos faltos de confianza sobre las perspectivas de la región».

Y JPMorgan, que mantiene una visión cautelosa sobre el valor, citaba en su último informe a Turquía como uno de los principales riesgos para el banco español.

Y es que los problemas para la economía turca de su intervención militar en Siria no se limitan únicamente a las posibles sanciones comerciales. La agencia S&P advertía la semana pasada de que la actitud del gobierno turco podría repercutir en un incremento de la actividad terrorista en el país, lo que afectaría a una industria que ha sido fundamental en la reciente mejora económica del país como es el turismo.