A lo largo de los años, una pregunta aparece de forma insistente en la consultoría de empresa familiar: ¿es recomendable integrar a un miembro de la familia política en la compañía?

He aquí uno de los temas más esquivos con el que tenemos que enfrentarnos los profesionales que procuramos dar las mejores herramientas para la continuidad de las empresas familiares. Si ya es compleja la amalgama del sistema familiar con el empresarial, qué duda cabe que añadir un componente tan ambiguo nos complica la ecuación: es familia… pero no es familia.Como la mayor parte de las cuestiones difíciles, la respuesta no es única y depende de varios factores.

Para empezar, el tipo de familia que acoge al nuevo miembro determinará los filtros que se le aplicarán, a la hora de considerarlo más o menos de casa. Hay familias que valorarán al esposo de su hija como un hijo más y otras para las que siempre será el “esposo de su hija”. Este mayor o menor grado de intimidad condicionará su candidatura para formar parte de la empresa familiar.

Por otro lado, se debe tener en cuenta en calidad de qué se integraría, distinguiéndose aquí cuatro niveles.

Como trabajador: tener a un miembro de la familia política trabajando dentro de la empresa puede constituir una gran oportunidad, si es un profesional capaz y comprometido. Pero también puede suponer un riesgo elevado empresarial y familiar, si surgen problemas con su rendimiento o actitud en el trabajo. Si no se tienen previstos sistemas de salida para miembros de la familia, tanto con vínculos de sangre como política, llevar a cabo un despido pone en riesgo la armonía familiar.¿Cómo decirle a una hija que su marido no es válido y que hay que echarlo de la empresa?

Como socio: dar a un familiar político parte de la propiedad de la empresa familiar es un signo de confianza y de afecto que, en caso de que la pareja no funcione, puede poner en peligro la continuidad del proyecto en manos de la familia empresaria. Efectivamente, este familiar político puede emprender una nueva vida familiar y tener más hijos que nada tendrán que ver con la familia y que, en cambio, decidirán también el futuro de la compañía.

Como líder: decidir que un familiar político ocupe el liderazgo en una empresa familiar, no es una cuestión sin trascendencia. Por un lado, si hay miembros de la familia que trabajan a sus órdenes, pueden cuestionar su autoridad y no seguir las directrices que marca. Esto sería peligroso, no solo para su relación familiar, sino también porque la empresa contaría con un líder sin legitimidad. Tendríamos un barco sin capitán.

El asunto se complica si este líder rompe su matrimonio con su cónyuge, miembro de la familia empresaria. El familiar afectado podría exigir su despido inmediato y, aunque, desde el punto de vista personal esta demanda podría ser muy lícita, empresarialmente podría implicar un enorme conflicto si el líder está muy consolidado y representa una gran aportación para la empresa. Se han dado casos en los cuales se ha optado por mantener al familiar político en la dirección general de la compañía, generando un conflicto importante dentro de la familia.

Como actor en las relaciones Familia-Empresa: aunque el familiar político no esté vinculado a la empresa en forma alguna, no hay que olvidar que comparte el hogar con un familiar. Sin medidas preventivas, los problemas no tardarán en llegar. Situaciones como esta pueden resultar conocidas:“Hoy mi cuñado me ponía mala cara y yo no le he hecho nada… ¿Será que Ana le ha contado la discusión que tuvimos el martes en el trabajo?”

Es fundamental que los asuntos de la empresa queden en la empresa. Es recomendable, incluso, pactar con la familia que nada de lo que se diga en el ámbito empresarial saldrá de allí, justamente para evitar que discusiones que se producen en el trabajo entre miembros familiares, sin más consecuencias, afecten a la relación conlos cónyuges.

También aparecen con frecuencia tensiones entre familiares que trabajan en la empresa, producto de comparaciones que los cónyuges realizan en cuanto a su rendimiento o dedicación: “Hoy he visto en el centro comercial a tu hermano por la tarde paseando con su familia, mientras que tú sigues trabajando y no llegas a casa hasta la noche”. En estos casos, los miembros de la familia son los únicos con la capacidad de neutralizar el malestar, definiendo cómo entienden la implicación y el compromiso de sus miembros. A veces, nada tiene que ver con aspectos como el horario o con otros parámetros que los demás pueden considerar normales.

Con todo, podría parecer que lo más prudente sería evitar relacionar de manera alguna a la familia política con la empresa familiar. Y lo cierto es que, si la intención es evitar situaciones que amenacen la armonía de la familia empresaria, sin duda sería lo aconsejable.

Sin embargo, esta es una decisión muy personal de cada familia y hay que respetar su decisión puesto que, a pesar de los riesgos, muchas empresas familiares han salido a flote y prosperado gracias al esfuerzo y dedicación de sus familiares políticos.

Yolanda Mora

Asociada Senior de Empresa Familiar en Vaciero