Alejo camina entre sus olivos en Villarejo de Salvanés

Alejo camina entre sus olivos en Villarejo de Salvanés Ignacio Encabo

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El viaje de la aceituna: así llega del olivo a tu mesa

El ínfimo precio de la aceituna pone en riesgo la viabilidad del sector aceitero a medio y largo plazo

«Esto antes eran todo cepas de vides. Y mira ahora. Sólo hay rastrojo”, se lamenta Alejo García, de 68 años, mientras conduce su tractor por un estrecho camino flanqueado por “tierra muerta”. A lo lejos se ven vides y un poco más allá se vislumbran unos olivos. En Villarejo de Salvanés, un pequeño pueblo del este de Madrid, la crisis del campo se vive con intensidad. Aquí está la principal cooperativa aceitera de la Comunidad. Aquí se preguntan por qué las grandes superficies les obligan a vender a veinte céntimos el kilo de aceitunas.

«Eso es una ruina y a largo plazo puede acabar con la agricultura si no se le pone freno», advierte Mariano García-Patrón, agricultor y miembro del consejo de la cooperativa Recespaña. En el mercado actual, la oliva se compra en origen a unos 20 céntimos por kilo, un precio tan bajo que supone una amenaza para el futuro del sector.

«Si seguimos así, yo el año que viene paro y me quedo en mi casa. Y el día que no haya aceite, pues lo traemos de Marruecos o nos ponemos a guisar con agua oxigenada», dice sin perder el sentido del humor Félix Expósito, de 60 años y toda una vida dedicada al campo.

Alejo, Mariano y Félix trabajan en el primer eslabón de la cadena de producción del aceite de oliva. Esta semana estuvieron el miércoles en Madrid frente al Ministerio de Agricultura para protestar por los precios a los que tienen que vender sus productos, unos precios que en algunos casos, como en el de la patata, se multiplica por siete en los supermercados.

Las cuentas que echan estos agricultores son sencillas: si a ellos les cuesta entre 30 y 35 céntimos recoger cada kilo de aceituna, no pueden venderlo a un precio más bajo. No pueden permitírselo. Y ahí está el quid de la cuestión: que los distribuidores sí pueden permitirse vender por debajo del precio de coste porque lo recuperan por otro lado. «Te pongo un ejemplo», se arranca Félix mientras camina por sus olivos, «una gran superficie se puede permitir venderte una garrafa de cinco litros a diez euros porque lo recupera después con unas zapatillas».

Los márgenes y la queja del «producto reclamo»

Eso es lo que se llama «producto reclamo»: atrapar a los clientes con un bien de primera necesidad como el aceite a un precio muy bajo y lograr el margen con la venta de otros productos. «Usar el aceite, el vino o el queso como gancho es hundir al agricultor», se queja Alejo.

Nos dejan sin ningún margen de beneficio porque es una negociación totalmente desigual»

Los grandes supermercados, instados por el presidente Pedro Sánchez a hacer «autocrítica» en esta crisis agraria, son los más señalados por los pequeños productores. Estos últimos argumentan que están en una situación de indefensión en el mercado: los agricultores son muchos y los compradores (que son a la vez distribuidores y vendedores finales) son muy pocos.

«Esto les permite decidir el precio. Te dicen: ‘te compro el litro a tanto.’ Y si no aceptas eso, lo tienes que tirar», señala Alejo, que este año no ha recogido las pocas aceitunas que han producido sus olivos porque no le sale rentable. «No quiero perder dinero».

«Nuestro problema viene cuando convertimos la aceituna en aceite y vienen los grandes compradores, que sólo hay cinco en toda España», añade Mariano. «Nos dejan sin ningún margen de beneficio porque es una negociación totalmente desigual. Nos tenemos que supeditar a lo que dicen porque si no podemos vender, no podemos pagar a los agricultores».

Con este panorama, parece lógico el fenómeno de la España Vaciada. «Muchos jóvenes ven que aquí no hayn ingún futuro», indica Alejo. Y Mariano coincide: «Si nosotros recibiéramos un precio justo, el campo no se abandonaría. No se hablaría de la España Vacía.

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