Hace poco más de una hora que el ministerio de Sanidad y la Comunidad de Madrid han anunciado la suspensión de toda la actualidad educativa durante dos semanas para tratar de combatir la crisis del coronavirus, que ya afecta a más de 1.200 personas en toda España. Pero la gente da por descontado que habrá más medidas y se desatan los nervios. La imagen no es nada habitual: por el Paseo del General Martínez Campos, en Madrid, a las ocho y media de la tarde desfila gente con bolsas cargadas, carritos de tela o las manos llenas. Principalmente, de papel higiénico. Surrealista.

La imagen es la misma en otros muchos supermercados de toda la Comunidad. Los datos de ocupación en tiempo real de Google Maps lo señalan: los supermercados están llenos. Hasta cuatro veces más de lo habitual a esas horas. Y los estantes cada vez más vacíos. Fuentes próximas a las principales cadenas de distribución del país confirman el masivo incremento de afluencia a los centros a última hora de la tarde, en comparación con cualquier día normal.

Aunque no hay desabastecimiento, escasean las frutas y las verduras, los paquetes de carne envasada y lo del papel higiénico es una quimera a última hora del día. Una mujer, de unos 30 años, dobla la esquina y ve un pasillo entero arrasado. Sólo queda papel de cocina absorbente. «Alucino», dice, y tras dar un par de vueltas saca el móvil para mandar una foto por whatsapp. Fuentes del sector aseguran que las decisiones de compra se han adelantado también a través de internet y que las próximas horas pueden ser complicadas para algunos envíos.

Los reponedores no dan crédito, tampoco reponen ya cerca del cierre. En otro supermercado de la zona el escenario es el mismo. Una mujer arquea las cejas e improvisa: se lleva todos los paquetes de 100 servilletas que puede agarrar con los brazos, porque no ha traído bolsas y también faltan los carros.

La imagen recuerda al acopio irresponsable de mascarillas tras confirmarse los primeros casos de coronavirus en España. Semanas después siguen agotadas en todos los comercios y los consumidores temen un desabastecimiento semejante ahora con otro tipo de productos, aunque las autoridades siguen recomendando moderación, sentido común y tranquilidad.

Lo cierto es que los supermercados ya fueron uno de los focos problemáticos en el brote italiano, a finales de febrero. Los estantes vacíos y las colas a la entrada, con la policía custodiando el acceso por turnos a las grandes superficies fueron una imagen icónica de los primeros días de aislamiento en la zona roja alrededor de Codogno. Ahora, el nuevo decreto del gobierno italiano ha ordenado que permanezcan abiertos sólo de lunes a viernes, para evitar aglomeraciones los fines de semana.