Que el coronavirus va a causar perjuicios a la economía española es algo que tienen claro todos los analistas y economistas. Desde los distintos servicios de estudios de los bancos, las casas de análisis y las entidades de inversión la conclusión es clara: la incertidumbre sobre la evolución del virus nubla las estimaciones, por lo que toda previsión es “tentativa”. El hecho de no poder determinar la duración de la pandemia dificulta precisar en qué medida va a perjudicar a la economía.

Bank of America, Standard & Poor’s, Funcas y también el Fondo Monetario Internacional han reducido las previsiones de crecimiento para el PIB nacional. La mayor rebaja ha sido la de S&P, que ha pasado de estimar un crecimiento del 1,7% al 1,3%. El Gobierno español no ha movido ficha en cuanto a previsiones, y sitúa el crecimiento esperado en el 1,6%.

Sí lo ha hecho Bruselas. La Comisión Europea ha advertido de que la economía comunitaria “caerá o se volverá negativa” de forma muy probable a causa del coronavirus. Ese podría ser el escenario más perjudicial, una nueva recesión, que Esade calcula que se materializará en el segundo semestre del año.

Una situación que España enfrenta en unas condiciones muy diferentes a la crisis de 2008. A cierre de 2008, la deuda sobre el PIB representaba el 39,7%, mientras que en diciembre de 2019 la deuda alcanzó el 97,8% del PIB. Esa cifra explica, en cierto modo, las medidas que el Gobierno está tomando ante al coronavirus: mientras Alemania puede inyectar dinero público a las empresas, España opta por el aplazamientos de pagos para no endeudarse todavía más.

Los expertos coinciden en que la incertidumbre hace imposible concretar el impacto económico de esta crisis

Tampoco la tasa de paro es la misma que en 2008. Mientras que en marzo de ese año la cifra era del 9,6%, alcanzó el 13,79% a cierre de 2008, según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE). El último trimestre de 2019 dejó una tasa de paro del 13,78%. 

Desde Randstad apuntan que “la situación todavía es de incertidumbre y es difícil realizar predicciones sobre la evolución de la economía a corto plazo”. Sin embargo, calculan que las medidas implementadas por el Gobierno servirán para evitar 14.398 despidos. Así, los aplazamientos para pymes y autónomos evitarán la destrucción de empleo, pero no correrá la misma suerte la creación de puestos de trabajo que ya denota ralentización, según alertan desde CaixaBank Research: en enero, el crecimiento interanual fue del 1,8% frente al 2% en diciembre y un 2,6% en el promedio de 2019.

“En un escenario en el que el PIB se redujese un 0,1% estaríamos hablando de que se dejarían de crear casi 30.000 empleos (29.994); en un escenario medio con una reducción del PIB del 0,3%, estaríamos en una creación neta de empleo de -70.000 empleos y, en el escenario más negativo, donde el PIB creciese un 1% (es decir, medio punto menos de lo estimado a causa del coronavirus) se dejarían de crear casi 130.000 empleos netos menos”, señalan desde la consultora de Recursos Humanos.

Enric Serradell, profesor de los Estudios de Economía y Empresa y director de MBA de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC), considera, sin embargo, que el efecto sobre el empleo será a corto plazo. Serradell cree que esta crisis servirá para acelerar la automatización y avanzar en la digitalización de las empresas.

Una crisis global

Serradell explica que a diferencia de otras, el coronavirus es “una crisis global”. El hecho de que el foco principal esté en “China, el proveedor principal del resto del mundo” provoca que estemos ante un escenario económico “muy grave”. En este sentido, España puede ver resentida su balanza comercial, por la dependencia de las exportaciones.

Si el comercio exterior creció un 1,8% en 2019 frente al 7,7% de 2017, según datos de la Secretaría de Estado de Comercio, las restricciones de los diferentes países no ayudan a que en 2020 las cifras puedan mejorar. Si bien es cierto que el transporte de mercancías no está restringido, la cadena logística puede romperse si se limita la actividad de almacenes o distribuidores.

El fantasma de la crisis financiera

El peor escenario para el sistema bancario sería, sin duda, que se pusiera en riesgo la estabilidad financiera, lo que llevaría a que algunas entidades tuvieran que cerrar y se produjera un corralito.

Sin embargo, los expertos no creen que se vaya a llegar a ese extremo, sino que lo más probable es que las perspectivas económicas de los bancos españoles se debiliten y tanto los domésticos (CaixaBank, Bankia, Sabadell, Bankinter y las antiguas cajas) como los internacionalizados (Santander y BBVA) sufran un impacto en sus carteras de crédito, aunque de forma limitada, como subrayan desde Moody’s. Eso sí, si la crisis se alarga demasiado, tanto la calidad del crédito como la rentabilidad, esta última dañada antes de la crisis por los tipos bajos, sufrirán el impacto “más severo”.

Los bancos sufrirán por el empeoramiento de la economía y las medidas de los bancos centrales

El empeoramiento de las proyecciones económicas, el deterioro de la calidad del crédito a empresas y las consecuencias de las medidas que están tomando los bancos centrales llevarán por el camino de la amargura a la banca española, según la agencia de calificación.

De acuerdo con Goldman Sachs, las economías española y francesa serán más “resilientes”, dado que tienen una exposición al comercio mundial menor que el resto de Europa y parten de un “punto de partida más fuerte”, lo que vendría bien al sector bancario español, si bien todo dependerá del alcance de la crisis sanitaria en este país.

La buena noticia es que las entidades españolas llegan a esta crisis, en general, con buenas posiciones de capital y, además, el BCE ha decidido relajar los requerimientos para darles un respiro. La mala es que esto no garantiza por sí mismo la estabilidad bancaria, que no solamente podría tambalearse por falta de demanda de crédito, sino también por la relajación de los criterios de concesión del mismo en la que podrían caer las entidades  debido a la situación de alarma y para ir salvando sus cuentas a lo largo del año, lo que daría lugar a un aumento de la morosidad. El fantasma de la crisis financiera se aparece estos días más que nunca, por lo que el BCE ha salido al rescate con un plan de emergencia… que no ha contentado a todos.

Mientras en Estados Unidos, Reino Unido, Canadá y Noruega, entre otros, han optado por rebajar los tipos de interés, en Europa la solución ha venido por la vía de una barra libre de liquidez y una ampliación de las líneas de financiación para que el dinero fluya hasta la economía real y los agentes no se paren por falta de recursos.

Al margen del impacto en España, los bancos más internacionalizados, Santander y BBVA, además, deberán lidiar con el desarrollo de la crisis en sus principales mercados, situados en Brasil y México, respectivamente. Por el momento, desde Singular Bank estiman que el crecimiento de las economías emergentes se reducirá en 2020 hasta un 4,1% anual, frente al 4,7% anual estimado previo a la crisis.

En lo que coinciden los expertos es en que esta crisis llevará a una oleada de cambios de previsiones de crecimiento en las empresas españolas así como un cambio de paradigma en las relaciones comerciales. Algunas ya están anticipando sus medidas, como Mapfre, que revisará sus objetivos estratégicos, o Seat e Iberia, que han anunciado sendos Expedientes de Regulación Temporal de Empleo (ERTE) debido a la paralización de su actividad. El peor escenario para España se acerca por momentos.