En condiciones normales, de talleres de piel de Ubrique tendrían que haber salido en las dos últimas semanas miles de bolsos, carteras y otros artículos de piel, algunos para marcas de lujo de renombre mundial. La mercancía que en cambio han producido son mascarillas, batas, monos y pantallas protectoras que han repartido entre hospitales, residencias de mayores y otros profesionales expuestos al coronavirus.

Es la particular forma con la que este municipio de la Sierra de Cádiz de 16.600 habitantes contribuye a luchar contra la covid-19, que se ha cobrado ya la vida de 12 mayores de la residencia local -Nuestra Señora de los Remedios- y que ha obligado a parar el motor de la principal actividad económica de la población: la industria de la piel.

La idea surgió como iniciativa para intentar ayudar a los vecinos del pueblo más expuestos proporcionándoles mascarillas, debido a la carencia existente y a la dificultad para encontrarlas en el mercado. «A los pocos días se nos fue de las manos porque se ofrecieron casi 200 voluntarios y nos llamaron de hospitales de Andalucía, Madrid…», explica a El Independiente el gerente del Centro Tecnológico de la Piel de Andalucía (Movex), Javier Gallego.

Un centenar de voluntarios trabaja en una decena de talleres de marroquinería de Ubrique fabricando mascarillas y batas que luego reparten entre los colectivos más expuestos

Primeramente, sanitarios, marroquineros y patronistas se reunieron para analizar qué material se ajustaba más a las recomendaciones del Ministerio de Sanidad y elaboraron dos tutoriales sobre cómo elaborar mascarillas: uno para que los vecinos pudieran hacerlas en sus casas y otra para la fabricación industrial en las empresas que voluntariamente quisieran sumarse a esta iniciativa.

Finalmente está colaborando una decena de talleres, a los que se suman proveedores habituales que están donando material para que se puedan fabricar los medios de protección. Movex, que está coordinando esta iniciativa altruista, también ha abierto una cuenta a la que se pueden hacer aportaciones con las que comprar la materia prima y alargar la producción.

El primer obstáculo que tuvieron que salvar fue que las fábricas pudieran operar, dado que la actividad que realizan habitualmente no está catalogada como esencial y estaban obligadas a permanecer cerradas mientras duren las dos semanas de permiso obligatorio retribuido. Con la intervención del Ayuntamiento y la Guardia Civil, ese impedimento se superó elaborando un registro de voluntarios a los que se autoriza que puedan desplazarse desde sus domicilios a las fábricas para llevar a cabo esta actividad.

Medidas de protección

Según detalla Gallego, son 10 las personas que trabajan en cada taller, de tal forma que se pueda guardar la distancia mínima. También se han desinfectado los centros de producción por medio de una empresa contratada al efecto por el Consistorio, a fin de extremar la protección de los voluntarios.

«Nosotros recibimos el material de los proveedores y lo distribuimos a los talleres. Unos cortan, otros cosen, otros montan… Luego nos lo envían de vuelta, lo esterilizamos con autoclaves de dentistas locales y nos encargamos de entregarlo a hospitales y colectivos», explica Gallego.

Dos voluntarias, fabricando mascarillas en una de las empresa.

En concreto, las empresas que colaboran -tanto compañías que emplean a centenares de empleados como pequeños talleres familiares- son Invercumbre, Artilab, Carla Sade, Avana Piel, El Potro, Antonio Viruez, Miguel Fabero, Manuel Rodríguez Norman, Escuela de Artesanos y Paco Medinilla. Por su parte, la clínica dental de Ildefonso Moreno se encarga de la esterilización y el Ayuntamiento de Ubrique ayuda en la distribución.

Según los datos facilitados por Movex, ya se han entregado o se están elaborando unas 20.000 mascarillas, 600 monos, 2.000 pantallas y un millar de batas. En los últimos día se ha empezado a fabricar calzas para los pies y gorros.

Para ello, han utilizado más de 5.500 metros de polipropileno, 700 metros de elástico, dos kilómetros de hilo para coser y dos rollos de polipropileno quirúrgico. Este polímero termoplástico no es un desconocido para los marroquineros de Ubrique. Entre otros usos, se emplea como refuerzo entre la piel y el forro de los bolsos que fabrican para primeras marcas.

«Es un material muy dócil. Se ponen tres capas cortadas con distinta orientación para que salga ni la saliva ni ningún microorganismo», precisa el gerente de Movex. Aparte de las mascarillas, batas, trajes y calzas, el gremio también ha compartido los patrones y tutoriales para que puedan imitar su proceso de producción en otros puntos del país, como Ibiza, Madrid y Barcelona.

«Continuar mientras haga falta»

Algunas de las empresas que participan en esta iniciativa tienen previsto abrir sus puertas este lunes, una vez levantada la restricción. Ello no impedirá que los ubriqueños sigan fabricando mascarillas y otros elementos de protección para el personal sanitario. Como las empresas sólo mantendrán el turno de mañana para reducir los desplazamientos de sus empleados, la intención es que los voluntarios puedan seguir produciendo por las tardes.

«Nuestra intención es continuar mientras haga falta. No sé hasta dónde llegaremos, lo que dependerá del material que seamos capaces de conseguir. Además de proveedores, han llamado particulares y empresas y hemos abierto una cuenta en la que se están recibiendo donativos para comprar lo que se necesita», señala.

La marroquinería goza de una gran tradición en Ubrique, remontándose las primeras referencias escritas sobre la existencia de talleres en la localidad a mitad del siglo XVIII. La empresas que se dedican a la fabricación de artículos de piel constituyen el motor económico de este municipio, al generar unos 4.500 empleos directos y alimentar una industria auxiliar que da trabajo a numerosos vecinos de toda la comarca.