Las tiendas de Madrid, Barcelona y las capitales de las provincias de Castilla y León serán las últimas de España en completar las fases del camino a la nueva normalidad porque todavía están en fase 0. Pero este fin de semana han recibido una buena noticia para sus negocios, ya pueden recibir a clientes sin cita previa, algo que para muchos era totalmente inasumible para el negocio. Los clientes van entrando, pero a todas luces son pocos.

En la calle Preciados el encargado de una marca conocida de calzado nos cuenta que en la semana anterior sólo fueron tres personas con cita previa, “yo estaba todo el tiempo con los pedidos online que esos han funcionado muy bien”, asegura. Ahora, bajo esta medida de alivio que ha salido de la manga del Gobierno este fin de seman, en sólo dos horas de apertura, ya han igualado esa cifra. En las escaleras que conducen al almacén de la tienda asoma una pila de cajas, “son devoluciones, esos ya no los vendemos, han venido esta mañana a por ellos, pero son tantos que no caben. “Yo ya he salido del ERTE y mi compañera también, poco a poco iremos incorporándonos todos”. 

En calle Fuencarral se nota mucho movimiento, no es el hervidero de gente de hace dos meses, pero comparado con el peor momento del confinamiento es un alboroto de gente yendo y viniendo con mercancías. Las tiendas se ponen guapas, se limpian y acondicionan y las medidas de seguridad se ponen al día, cada una a su aire, según entienden. Algunas atienden desde la puerta, otras permiten el paso, pero el aforo es limitado. «Hemos medido la tienda y hemos pensado que cuatro personas esta bien. ¿Cuatro más usted?- preguntamos a una dependienta. «Pues no lo sé», contesta.

La calle Fuencarral sin su río de gente pasando hace inviable los negocios. Muchas de las tiendas de esta calle pertenecen a multinacionales y no han abierto, otras sí pero van poco a poco, “lo preparamos todo la semana pasada y ya estamos listos para atender con seguridad”, explica otro encargado de tienda que además de su mascarilla lleva gafas protectoras.

Medidas de seguridad en una tienda de Chueca. Rafael Ordóñez

En Chueca, Kelua, una tienda de moda, su propietario está preparándose para empezar a recibir clientes. Todavía estamos cerrados. En la entrada de la tienda gel, mascarillas y guantes para la clientela. “Nos faltan las máquinas de ozono”, estamos esperando a las máquinas para desinfectar bien la tienda y la ropa que se han probado los clientes, hasta que no tengamos todo no abrimos.

se nota que hay empatía con el pequeño comercio. Pero no vamos a subsistir sólo con los vecinos

A unos cincuenta metros, en la calle Pelayo, se encuentra Amapolas en otoño, la librería de Laura Riñón. La librera y autora se ha manejado bien el tiempo que sólo podía citarse con los cliente. “Venían con las recomendaciones que habíamos hecho durante el confinamiento”. Riñón no ha echado en falta las novedades editoriales. “Hay muchos libros por leer, de esto podemos aprender hay muchos libros y no son necesarias tantas novedades”, explica. Le ha funcionado tan bien que mantiene la cita previa.

En la misma calle en Chueca ha abierto la tienda de moda Roble Negro para sus clientes sin cita previa, “hemos tenido compras este fin de semana, se nota que hay ganas, y también se nota que hay empatía con el pequeño comercio. Pero no vamos a subsistir sólo con los vecinos”, asegura Juan Manuel. Su propietario ha preparado un cuarto donde pondrá las prendas en cuarentena tras ser probadas por las clientas “las vaporizaramos con desinfectante, sin afectar a la la prenda para la seguridad de la clientela y la mía, claro”.