Los tres aerogeneradores del nuevo parque eólico Quintanilla II, en Burgos.

Economía

Los gigantes eólicos de Burgos que hacen pequeña a la Torre Picasso

Burgos tiene tres nuevos rascacielos. Son más altos que la Sagrada Familia de Barcelona, la Torre Picasso de Madrid o cualquier construcción del skyline de Benidorm. Los tres nuevos colosos están en el Páramo de Masa, al norte de la provincia de Burgos, en medio de un paisaje desangelado. Pero no son edificios, son molinos de viento eólicos y generarán una energía verde similar al consumo eléctrico de 10.000 hogares.

Los tres aerogeneradores forman el complejo de Quintanilla II, el nuevo parque eólico construido por la compañía lusa EDP Renováveis. Se trata de la segunda fase de un proyecto que nació a principios de siglo. La primera se consolidó en 2009 con la puesta en marcha de Quintanilla I, un parque con diez molinos con una potencia total de 20 MW. El nuevo parque va más allá. Son menos molinos, pero más potentes: generan 3,33 MW cada uno, 10 entre los tres. Por ahora, están en fase de pruebas. Su energía verde podría comenzar a comercializarse a finales de año.

Entre los dos parques no sólo hay años y potencia de diferencia, también dimensiones. Comencemos por la altura, el rasgo más mediático de los molinos de viento. Los nuevos aerogeneradores de Burgos miden 199,9 metros hasta la punta de pala, lo que los sitúan como unos de los molinos más altos de España. De ellos, 131,4 metros son de la torre de contención (el ‘tronco’) y el resto de altura se alcanza gracias a la longitud de las palas (las hélices).

Hay pocos edificios en España que rocen el cielo desde tan cerca. Ni el Intempo de Benidorm (192 metros) ni la Torre Sevilla (180,5) ni la Torre Glòries de Barcelona (144,4). Por encima de los 200 sólo existen en España las cuatro torres de Chamartín y Torrespaña, en Madrid, y la Torre de Collserola, en Barcelona.

Que se construyan molinos cada vez más altos tiene una explicación muy sencilla. «La velocidad del viento aumenta cuanto más te separas del suelo», explica David Abascal, delegado en Castilla y León de la compañía portuguesa. Quintanilla II está en un páramo solitario y monótono, a más de 1.000 metros de altura sobre el nivel del mar. «Es un páramo llano con condiciones muy buenas. Esta topografía llana permite vientos laminares. En zonas de montaña, el viento no es plano, sino que incide en los aerogeneradores con turbulencias, no con un flujo plano, que permite un mejor aprovechamiento del viento y sufriendo menos», añade.

Cada una de las palas mide 67,2 metros. Si en los molinos de Quintanilla I el giro de las hélices abarcaba un área de 6.000 metros cuadrados, las de los aerogeneradores de Quintanilla II barren un espacio de 15.000 m2, algo así como dos campos de fútbol profesional.

Estos tamaños complican el proceso de construcción. Los traslados por carretera de las palas se convierten en operaciones logísticas con camiones de casi 80 metros de longitud, cortes al tráfico, retirada de señales y giros imposibles. La obra para levantar los nuevos molinos de Burgos han durado ocho meses. Los aerogeneradores pesan unas 500 toneladas. Para levantarlos hacen falta grúas pesadas, que se montan en el mismo lugar de la obra. Solo para construir la zapata de cada aerogenerador se necesitan 54 toneladas de hierro y más de 50 camiones que vuelquen hormigón sin descanso durante horas. «No se pensaba llegar a estas alturas. Cada vez estamos superando los récords anteriores», reconoce Abascal. Hace unos años, los molinos eólicos funcionaban durante dos décadas, ahora su vida útil llega a los 25, incluso un «poco más».

Los 10 MW de potencia que producirán las tres turbinas GE137 de Quintanilla II irán a parar a una subestación de la red de transporte de Red Eléctrica. Desde ahí, se distribuirá la electricidad de forma dinámica, según los puntos de demanda.

Comentar ()