Economía

El gas natural será clave en cualquier escenario de descarbonización, asegura Vaclav Smil

El reputado científico canadiense ha presentado el documento ‘El gas natural en el nuevo mundo energético’, publicado por Fundación Naturgy

El analista Vaclav Smil ha presentado el documento ‘El gas natural en el nuevo mundo energético’, publicado por Fundación Naturgy. El gas natural será clave en cualquier escenario de descarbonización, asegura.

El presidente de Fundación Naturgy, Rafael Vilaseca, y Vaclav Smil, durante el webinar 'La transición energética y el gas natural'.

Vaclav Smil es escéptico con los objetivos de reducción de emisiones para 2030 suscritos en el Acuerdo de París. «Hasta el momento, no hay ningún camino claro ni técnicamente firme» más allá de la voluntad política, asegura el científico y analista político checo canadiense, uno de los pensadores contemporáneos más influyentes, autor de más de 40 libros y centenares de artículos sobre los desafíos de nuestro tiempo. Pero si hay algo evidente, añade, es que cualquier hipótesis de descarbonización «no será posible sin el uso del gas natural». Smil desarrolló estas ideas durante la presentación del informe El gas natural en el nuevo mundo energético, publicado por Fundación Naturgy, y que ya está disponible en el Centro de Conocimiento de la web de la institución.

«No existe ningún escenario racional que relegue el gas natural a un papel insignificante o que lo convierta en una reliquia del pasado antes del año 2050», afirma Smil, que con motivo de la presentación de esta nueva publicación de Fundación Naturgy protagonizó el webinar La transición energética y el gas natural.

El experto señaló que los escenarios planteados para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 se basan más en la política que en la capacidad técnica evaluada de manera realista. Por ello, a su juicio, los objetivos al alcance dependen de lo que se haga en la prácica en los próximos años. «Solo si la UE sigue el curso de descarbonización agresivo durante al menos una década, podremos entender lo que realmente será posible para el año 2050», indicó.

Tres razones de peso

Y pase lo que pase el gas será decisivo. Smil lo sintetizó en tres razones: es un puente ineludible para la sustitución paulatina del carbón por energías renovables; en la actualidad no hay una alternativa asequible y confiable para la producción de calor; y es, a día de hoy, irremplazable como fuente de energía en infinidad de procesos industriales.

De ahí que las previsiones para los próximos años no solo confirmen la presencia del gas en el mix energético, sino el aumento de su importancia. En su documento marco para alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 publicado en 2018, la Comisión Europea prevé que el gas natural supondrá en torno al 20 por ciento del consumo de energía de la UE en 2030, y que se mantendrá practicamente estable hasta 2050, cuando, según el escenario de referencia, supondrá el 18 por ciento del total. Por su parte, la Agencia Mundial de la Energía, en su última prospectiva, prevé que para 2040 el consumo mundial de gas superará en cerca de un 28 por ciento el nivel de 2019.

Invertir para tener un gas más barato

A la luz de estos y otros datos, «claramente, en cualquier escenario realista de descarbonización gradual, el gas natural seguirá siendo uno de los pilares del suministro de energía mundial y europeo durante la próxima generación», asegura Smil. Por ello, su recomendación es clara: invertir para garantizar precios bajos. «Una inversión adecuada en el desarrollo de las reservas existentes y la expansión del mercado global debería llevarnos a precios más bajos; por contra, la falta de tales inversiones, combinada con el cierre prematuro de otras capacidades alimentadas por combustibles fósiles (o nucleares), podría conducir a picos de precios aún más altos en el futuro»

En definitiva, corrobora el científico, «cualquier descripción del gas natural como un activo a abandonar, o cualquier pensamiento sobre expulsar el gas por completo y menospreciarlo como un puente muy corto entre el carbón y las energías renovables, podría representar una gran equivocación».

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