El mundo está experimentando un «extraordinario aumento del desorden social», además de un incremento del crimen organizado y de la gobernanza criminal, según Prosegur Research, la recién creada plataforma de análisis de Prosegur sobre el presente y futuro de la seguridad global.

Según ha informado Servimedia, la extrema polarización, la fuerte erosión de la confianza en las instituciones y las difíciles circunstancias económicas, sanitarias y sociales vividas durante los últimos meses, especialmente a raíz de la pandemia, contribuirían notablemente a este incremento del desorden social.

Estas son algunas de las tendencias que recogen los dos primeros informes de este observatorio sobre el presente y futuro de la seguridad global, ‘Un mundo diferente: claves de futuro’ y ‘El mundo en 2022’, sobre la base de las cuales los analistas de Prosegur Research han establecido las siete claves de futuro que están configurando un nuevo entorno global y que impactarán durante los próximos años en la percepción y gestión de los riesgos de seguridad.

Tal como apunta The Economist, la democracia sufrió un retroceso en un 70% de los países a nivel mundial en 2020, con un nuevo deterioro en un 45% de ellos en el último año. Esto tiene como base la primera de las claves que revela Prosegur Research: la existencia de un poder difuso y descentralizado, repartido entre actores estatales y no estatales (lobbies, grandes empresas tecnológicas). También se destaca que, junto a cierto grado de desglobalización física, se está produciendo la amenaza de fragmentación del mundo en bloques. Las autocracias han aumentado su peso.

Por otra parte, los informes subrayan como otra de las claves la importante fragmentación social y la volatilidad e incertidumbre del mundo actual. A este respecto, destacan que a nivel global hubo un aumento del 244% en disturbios y manifestaciones antigubernamentales entre 2011 y 2019.

La fatiga pandémica también se cita entre los motivos del sentimiento de protesta, aumentando la percepción de shock sistémico. En este sentido, el Fondo Monetario Internacional ya ha alertado del incremento de la conflictividad social derivada tanto de los impactos económicos y sociales de la pandemia como del reciente conflicto de Ucrania.

La tercera clave, de acuerdo con los análisis de Prosegur Research, es la búsqueda de nuevos modelos económicos, más inclusivos con todos los actores implicados en la economía, como reacción a la crisis financiera de 2008 y los impactos económicos del Covid. En este punto, la crisis de Ucrania se desvela, en la actualidad, como uno de los acontecimientos que más están acentuando los problemas de la cadena de suministro y la inflación a nivel mundial.

Igualmente, los informes ponen de manifiesto la aparición de una nueva ola de conciencia social, que está potenciando la resiliencia comunitaria y la solidaridad social, como contrapuntos a la desesperación, la fatiga pandémica y la vulnerabilidad ante las crisis sanitaria, económica y medioambiental.

La convergencia tecnológica es otra de las claves destacadas, ya que contribuirá de forma acelerada a redefinir sectores y a mejorar servicios y productos. Sin embrago, tal como ponen de manifiesto los analistas de Prosegur Research, su potencial disruptivo y de convergencia supone un amplificador de las superficies de ataque, como es el caso de los ciberdelitos en dispositivos móviles, IoT y cloud. A esto se une la incipiente guerra fría tecnológica que se está generando con la crisis de microchips y semiconductores.

Por otra parte, los dos primeros informes de Prosegur Research apuntan a la pandemia como factor que ha propiciado la ampliación del concepto salud física a salud holística, en la que se incluye salud mental, alimentaria y social. Según los expertos, “el 70% de los últimos brotes epidémicos tienen su origen en la deforestación y, por tanto, el riesgo de aparición de nuevas pandemias es solo cuestión de tiempo”.

La séptima y última de las claves que señalan como configurador del nuevo entorno global es la búsqueda de equilibrios entre crecimiento económico, cuidado del medioambiente y bienestar social, lo que actualmente se materializa en la exigencia por parte de los ciudadanos de que las empresas respeten unos criterios ESG mínimos. Entre otros datos, se subraya que los consumidores escogen empresas concienciadas a nivel medioambiental y social, y el 70% lo tiene en cuenta a la hora de elegir una marca.