Economía

Putin, el calor y Argelia rompen las costuras del plan energético de Ribera

Los descuentos de la gasolina se borran y el tope del gas se estrena con subidas en la electricidad

La vicepresidenta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera.

La vicepresidenta del Gobierno y ministra para la Transición Ecológica, Teresa Ribera. EUROPA PRESS

Ha pasado ya un año desde que los precios de la electricidad empezaran a ser un verdadero quebradero de cabeza para el Gobierno. Desde junio del año pasado hasta la fecha, el coste del megavatio por hora se ha mantenido en precios históricos y, a pesar de los esfuerzos del Ministerio de Hacienda y del de Transición Ecológica, la crisis energética no ha hecho más que empezar.

La falta de gas por culpa de la alta demanda en Asia desató la primera de las tormentas energéticas hasta llegar a la guerra iniciada por Putin. Mientras tanto, las decisiones tomadas por Pedro Sánchez respecto a su posición al Sahara han puesto contra las cuerdas las relaciones comerciales energéticas con Argelia, el que era el principal suministrador de gas natural a nuestro sistema.

Y es que, las medidas diseñadas para abaratar los costes energéticos, que han provocado que la inflación se dispare al 8,7% interanual, no han surtido efecto. O, al menos, de momento. A la crisis del gas, se ha sumado el encarecimiento del petróleo. Los españoles contemplan día tras día cómo los carteles de los precios de los carburantes suben día a día. Esta misma semana, sin ir más lejos, la gasolina 95 ha superado los 2,23 en algunas gasolineras de la Comunidad de Madrid y el diésel se ha aposentado en los 2,10 euros. Tras dos meses y medio con descuentos de 20 céntimos por litro, la medida no ha frenado el aumento en los costes de llenar el depósito de los vehículos. Es más, la escalada en los derivados del crudo han borrado las rebajas impuestas por el Ejecutivo hasta el 31 de junio.

Esa fecha está a la vuelta de la esquina y el Gobierno ha tanteado diferentes fórmulas para continuar ofreciendo descuentos a los carburantes. La que más forma tomó fue la de que se beneficiaran las rentas más bajas y dejar de lado las ayudas a todos los españoles. Una idea que, finalmente, no se llevará a cabo.

Teresa Ribera, ministra de Transición Ecológica, reconoció este miércoles que, a 15 días de que expire la bonificación a los carburantes, el Gobierno no ha dado con una fórmula ágil para acotar su aplicación a ciertos colectivos, por lo que seguramente prolongará la ayuda para toda la ciudadanía. La también vicepresidenta cuarta ha apuntado «por ahora» que «lo recomendable es seguir manteniendo ese descuento generalizado».

Según ha explicado, los equipos técnicos del Gobierno llevan tiempo trabajando para tratar de encontrar una fórmula que personalice la bonificación de 20 céntimos por litro de combustible, con el fin de «focalizar más el esfuerzo en los colectivos profesionales, en los grupos más vulnerables o en las clases medias».

El gas, por las nubes

Lo mismo ocurre con el gas. Un tema que es mucho más complejo. Si bien España no depende de Rusia, al igual que sucede con el petróleo, por unas cosas el Gobierno se ha visto en la necesidad de maniobrar y proponer a Bruselas el tope del gas. Una medida que se demoró más de lo que hubiera querido el Ejecutivo y que, durante las primeras jornadas, no está teniendo el impacto deseado en el mix eléctrico. Y es que, a pesar de limitar la materia prima en los ciclos combinados, ha de pagarse de igual forma por lo que la compensación a las centrales gasistas empaña el resultado final.

El gas sigue en máximos históricos a consecuencia de la guerra en Ucrania. Putin sigue cerrando el grifo a Europa y la oferta es escasa. La excepción ibérica contempla la obligación de poner un precio máximo de 50 euros durante los próximos 12 meses, las centrales siguen comprando la materia prima a precio de mercado y hay que compensarlas en forma de pago en diferido, que asumirá la demanda. Es decir, los clientes.

Tampoco ha ayudado la inestabilidad con Argelia. Naturgy y Sonatrach, empresa argelina energética dependiente del Estado, tienen que revisar el contrato del gas que pasa por el gasoducto que une ambos países. Fuentes del sector energético subrayan que “las condiciones serán peores que las actuales” por la situación geopolítica mundial y, además, influirá la decisión sobre el Sáhara Occidental. O dicho de otra manera, el gas que llegue desde Argel será mucho más caro y, por tanto, encender la caldera o generar electricidad.

Con este caldo de cultivo, el tope del gas en la electricidad no se ha estrenado de la mejor manera. A pesar de que el megavatio a la hora se desplomara un 23%, los recargos a las centrales de ciclo combinado provocaron que el MWh subiera hasta los 224 euros. La electricidad para este jueves, incluso, volverá a subir hasta los 170 euros por megavatio.

Y podría ser peor ya que el Gobierno de Pedro Sánchez aprobó hace ya un año unas rebajas fiscales en la factura de la luz, como la suspensión del impuesto a la generación eléctrica o la reducción del IVA del 21% al 10%. De hecho, fuentes del sector dan por hecho que las medidas se prolongarán en el tiempo ante un escenario de precios tensionados. No obstante, el Gobierno tendrá que lidiar con Bruselas ya que eliminar estos gravámenes generan un boquete de 12.000 millones de euros al año en las arcas del Estado. Los Presupuestos Generales ya se empiezan a diseñar y María Jesús Montero deberá hacer encaje de bolillos para cuadrar las cuentas, más aún cuando Hacienda necesitará recaudar más dinero para poder pagar las pensiones ligadas al IPC.

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