Durante la pandemia, las restricciones a la movilidad paralizaron el comercio internacional. Las disrupciones en las cadenas de suministro provocaron cuellos de botella que afectaron prácticamente a todos los sectores. Esta situación evidenció la 'cara B' de la globalización y, para Europa, la dependencia que mantenía con terceros países en ámbitos estratégicos, desde el tecnológico hasta el energético.
Ante ello, la Unión Europea activó un ambicioso plan de recuperación —dotado con 723.800 millones de euros— con el objetivo de reforzar su autonomía en sectores clave para la economía: los fondos Next Generation UE. España se situó como la tercera economía más beneficiada del programa, al ser uno de los países más afectados por la crisis, lo que condicionó el volumen de recursos asignados. Sin embargo, la apuesta más ambiciosa del plan en el país —la que contaba con mayor dotación— no ha logrado materializarse como se estimaba inicialmente: el PERTE de microelectrónica y semiconductores, conocido como PERTE Chip.
Inicialmente, el Gobierno de España planteó una estrategia industrial basada en la creación de 12 Proyectos Estratégicos para la Recuperación y Transformación Económica (PERTEs), con una asignación total de 14.205 millones de euros. Posteriormente, la cuantía se amplió hasta superar los 41.100 millones y se incorporó un decimotercer PERTE. Entre los trece planes, el PERTE Chip acabó convirtiéndose en el mayor proyecto industrial del plan en términos de cuantía: aunque partió con 275 millones de euros, su presupuesto se multiplicó por 45 hasta alcanzar los 12.250 millones.
Solo se han resuelto 2.500 millones
Este mismo jueves, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, defendía en el Congreso de los Diputados la estrategia del Gobierno basada en "una apuesta por una industrialización de nuestra economía en aquellos sectores que son clave, haciendo frente a las nuevas necesidades de autonomía estratégica", y puso como ejemplo sectores punteros como "el de los chips". Sin embargo, la ejecución de los fondos revela que el gran fracaso del plan industrial recae, precisamente, en el PERTE Chip.
Según un informe publicado por Funcas y AFI también este jueves, hasta septiembre de 2025 tan solo se habían ejecutado 880 millones de euros, lo que representa el 7% de la dotación total. No obstante, fuentes consultadas por El Independiente avanzan que, con los datos más recientes del PERTE Chip, la resolución —es decir, fondos ya adjudicados pero no necesariamente ejecutados— alcanza los 2.513,38 millones de euros. Aun así, esta cantidad sigue representando apenas el 20% del total previsto.
¿Cómo se estructura el PERTE Chip?
El programa se articula en cuatro ejes: el refuerzo científico (1.165 millones), la estrategia de diseño (1.330 millones), la dinamización de la industria TIC (400 millones) y la construcción de plantas de fabricación (9.350 millones).
Este último eje concentra cerca del 76% de los recursos y constituye la principal apuesta para dotar a España de capacidad industrial en semiconductores. Sin embargo, las fuentes consultadas por este periódico indican que la ejecución de la parte destinada a fábricas apenas alcanza el 10%, mientras que en los otros tres ejes el nivel de ejecución se sitúa entre el 60%-70%.
El problema, según explica para este medio el gerente de la Asociación Española de la Industria de Semiconductores (AESEMI), Alfonso González, radicaba en el planteamiento inicial del PERTE: "El enfoque estaba centrado en compentir con las fabricas de silicio de EE.UU, China o Taiwan; pero ese modelo no encaja con el ecosistema industrial español". A diferencia de países como Alemania, donde existe una base industrial consolidada tras décadas de desarrollo —con cadenas de valor completas y proximidad entre fabricantes, proveedores y clientes—, España no cuenta con ese entorno.
Y a ello se suma la magnitud de los recursos necesarios. El PERTE reservaba más de 9.000 millones de euros para la construcción de fábricas avanzadas de semiconductores, pero "la inversión requerida para este tipo de instalaciones es muy superior", apunta González. Para tomar como referencia, Intel anunció en 2024 una inversión de 32.000 millones de dólares en Arizona para la creación de dos fábricas de chips. Con estos parámetros se refleja que la dotación española resulta insuficiente para competir con este tipo de proyectos.
Ante este enfoque, el Gobierno decidió reorientar su estrategia industrial de chips hacia iniciativas más realistas, centradas en tecnologías menos intensivas en capital y alejadas de los grandes chips de silicio. Por ejemplo, el proyecto de chips fotónicos impulsado en Vigo, que ha recibido 3 millones de financiación del PERTE. Y en total, según aproximaciones del sector, al menos se han incorporado en España 11 fábricas de chips desde que se pusieron en marcha los fondos europeos (sin contabilizar las plantas de ensamblaje): "Se ha optado por impulsar varias instalaciones de menor escala, más ajustadas al tejido productivo nacional, en lugar de concentrar los recursos en una única gran planta", resume González.
No obstante, esta limitación de escala se está abordando a nivel europeo. Según explica el gerente de AESEMI, la Unión Europea está avanzando hacia un enfoque comunitario para el desarrollo de las grandes instalaciones de fabricación de chips de silicio, con el objetivo de poder competir con los grandes polos globales del sector de semiconductores.
¿Cómo afectará la guerra en Irán?
De cara al futuro, el sector no anticipa un escenario similar al de la pandemia en términos de ruptura de suministros, aunque sí advierte de tensiones. Según informa González, ante la escalada de conflictos en Oriente Medio, ya ha recibido mensajes desde Asia que alertan de dificultades de acceso a materias primas, como el helio —clave en la fabricación de chips y del que Irán es uno de los principales exportadores—. Pese a ello, el experto indica que, por ahora, se están cubriendo con reservas estratégicas, aunque "si la situación se prolonga, podría haber retrasos o reajustes en las cadenas de suministro", pero sin alcanzar el nivel de disrupción vivido en 2020.
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