El dinamismo del flujo de inmigración en los últimos años ha transformado la demografía española. A 1 de enero de 2026, las personas nacidas en el extranjero representaban el 35,4% de la población de entre 25 y 34 años residente en España, según la Estadística Continua de Población del Instituto Nacional de Estadística (INE). Es decir, más de uno de cada tres jóvenes adultos había nacido fuera del país, frente al 20,8% registrado a 1 de enero de 2016, cuando equivalían a uno de cada cuatro.
No obstante, una mirada más detallada a los datos refleja una realidad mucho más compleja. Entre 2016 y 2026, la población total de entre 25 y 34 años residente en España apenas varió, al pasar de 5,66 millones de personas a 5,68 millones. Sin embargo, esta aparente estabilidad esconde una profunda transformación en la composición demográfica de la generación millennial.
En concreto, la población nacida en España dentro de esta franja de edad cayó desde los 4,48 millones de personas registrados a 1 de enero de 2016 hasta los 3,67 millones contabilizados a comienzos de 2026. Es decir, más de 814.000 jóvenes adultos nacidos en España desaparecieron de esa cohorte demográfica en apenas una década como consecuencia del descenso de la natalidad nacional.
Por el contrario, la población nacida en el extranjero de entre 25 y 34 años aumentó desde los 1,17 millones de personas hasta superar los 2,01 millones, tras crecer en cerca de 840.000 personas durante el mismo periodo. De esta forma, el ligero incremento total de la población de entre 25 y 34 años registrado en España durante la última década se explica íntegramente por el aumento de la población nacida fuera del país.
Es decir, si la evolución demográfica hubiese dependido exclusivamente de las personas nacidas en España, la población de esta franja de edad habría retrocedido. Un fenómeno que evidencia hasta qué punto la inmigración se ha convertido en un elemento clave para sostener el relevo generacional y la población en edad de trabajar en un contexto marcado por el envejecimiento demográfico, la caída de la natalidad y la sostenibilidad financiera de la Seguridad Social.
La inmigración, clave para sostener la ratio cotizantes/pensionista...
El dinamismo migratorio explica también por qué España se ha consolidado como una de las economías desarrolladas que más ha crecido en los últimos años. Concretamente, la Memoria Anual sobre la Situación Socioeconómica y Laboral de España 2025 que el Consejo Económico y Social (CES) ha presentado este miércoles destaca que España, por sí sola, generó el 45% de todo el empleo creado por la Unión Europea durante el pasado ejercicio. Un crecimiento experimentado por el impulso de los flujos migratorios, ya que cerca del 80% del aumento de la población activa registrado en 2025 se correspondía con la afiliación a la Seguridad Social de personas nacidas en el extranjero.
Una tendencia fundamental para sostener las cuentas públicas de la Seguridad Social, especialmente en las pensiones, ya que es la partida más importante del sistema. La AIReF (Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal) estima que la ratio entre cotizantes y pensionistas caerá desde los 2,1 afiliados por pensionista registrado en 2023 hasta los 1,4 en la década de 2050. Ante ello, el organismo señala que España necesitaría un flujo migratorio anual superior al millón de personas —que supondría que el 45% de su población fuese inmigrante en 2050— para garantizar la sostenibilidad financiera del sistema público de pensiones.
…pero España solo retiene al 48%
No obstante, distintos organismos advierten de que no solo será importante mantener el flujo migratorio, sino también mejorar la capacidad de retención e integración laboral de la población extranjera. El último Observatorio Trimestral del Mercado de Trabajo elaborado por Fedea (Fundación de Estudios de Economía Aplicada) y BBVA Research advierte de que las condiciones laborales de la población nacida en el extranjero continúan siendo peores que las de la población española.
En concreto, el informe señala que los inmigrantes siguen sobrerrepresentados entre los asalariados con contrato temporal, presentan una mayor exposición al desempleo y la inactividad y trabajan con más frecuencia en horarios nocturnos, vespertinos o durante los fines de semana. Además, se concentran en sectores de menor valor añadido, donde perciben salarios inferiores a los de los trabajadores nacidos en España.
Una situación que limita la capacidad de España para retener a la población extranjera en el largo plazo. De acuerdo con el estudio Los límites de la inmigración para el ajuste demográfico en España, publicado por Funcas (Fundación de las Cajas de Ahorros), más de la mitad de las personas nacidas en el extranjero que llegaron al país entre 2002 y 2024 terminaron marchándose pocos años después.
En total, cerca de 15 millones de inmigrantes llegaron a España durante este periodo, aunque el 52% acabó abandonando el país, lo que sitúa la tasa de retención en apenas el 48%, una de las más bajas de Europa. Un fenómeno que amenaza con dificultar la capacidad de la inmigración para sostener, a largo plazo, el equilibrio demográfico y financiero del sistema público de pensiones.
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