Es la vía de entrada y salida de energía que nos conectará con Francia. Lo hará bajo el mar, enterrada bajo el lecho submarino. El trazado de la interconexión eléctrica proyectado es de 400 kilómetros y 300 de ellos discurrirán de modo submarino. Por ahora, desde el pasado mes de agosto ya se han completado 65 kilómetros del recorrido que debe conectar la localidad vizcaína de Lemoiz con las Landas francesas. Un recorrido por el Golfo de Bizkaia que ya se ha completado en un 70% y que aspira a estar operativa a finales de 2027 o comienzos de 2028.
El ambicioso proyecto permitirá a nuestro país casi duplicar su capacidad de interconexión eléctrica con el país vecino, al pasar de los 2,8 GW de potencia instalada entre España y Francia a rondar los 5 GW cuando todo el proyecto esté terminado. El consejero delegado de Redeia, Roberto García, ha visitado este lunes los trabajos que se están llevando a cabo en la central de Gatika (Bizkaia), desde donde parte la interconexión ahora en construcción.
La conexión permitirá unir dos sistemas de corriente alterna a través de una línea de corriente continua. En cada extremo de la conexión, la estación de Cubnezais por un lado y la de Gatika, en Euskadi, por otro, convertirán la corriente continua en alterna y así poder distribuir la energía por las redes de transporte de España y Francia.
Robustez al sistema energético español
Se trata de un plan clave para asegurar la robustez del sistema eléctrico español y que dote al conjunto de la Península Ibérica de mayor capacidad de intercambio eléctrico, fortaleza clave que ya se demostró esencial durante el episodio del 'apagón' del pasado 28 de abril de 2025.
El recorrido de este trazado se inicia en la estación conversora de Gatika y, tras recorrer 300 kilómetros por mar, alcanzará la central de Cubnezais, en la costa de Aquitania, cerca de Burdeos. En total, el proyecto de interconexión completa cerca de 100 kilómetros bajo tierra y los 300 kilómetros restantes por el fondo marino. Es precisamente esta parte la que determinará de algún modo la duración de los trabajos. Desde el pasado mes de agosto el buque cablero NKT Victoria comenzó a tender cable desde Lemoiz y ha sido ahora cuando ha completado la primera de las fases previstas, de 65 kilómetros. La siguiente fase se prevé terminar en el verano del próximo año.
El proyecto se lleva a cabo de manera conjunta por Red Eléctrica y su homóloga francesa, RTE, ambas integrantes al 50% de la sociedad Inelfe. El reto es conectar los sistemas eléctricos de la Península Ibérica y el francés. De esta manera, ambos países podrán intercambiar flujos de energía, bien en forma de excedentes de energías renovables o de suministros de energía nuclear o hidroeléctrica en momentos de baja producción o de picos de demanda entre ambos países.
Con este incremento de la capacidad de interconexión, España reducirá su condición de 'isla energética', que le sitúa en posiciones de fragilidad en casos de dificultades de suministro en su red.
3.500 millones de inversión
La construcción de la interconexión consiste en la habilitación de dos circuitos independientes de corriente continua. Será la primera ocasión en la que España y Francia se encuentren conectadas de modo submarino. Una infraestructura energética que refuerza además la conexión con el resto del continente. Este fortalecimiento energético permite a nuestro país ganar en seguridad de suministro, así como integrar mejor su producción de energías renovables, ganar en niveles de eficiencia e independencia energética.
El primer tramo de cableado submarino ha corrido a cargo de la compañía danesa NKT y su buque Victoria, una de las pocas naves capaces de llevar adelante este tipo de actuaciones. El buque es capaz de insertar el tendido submarino a 140 metros de profundidad. Cables que o bien van enterrados o bien se recubren con roca, en función del tipo de fondo marino, arenoso o rocoso.
El proyecto permitirá desmantelar parte de la infraestructura aérea que ahora existe entre Gatika y Lemoiz. La construcción de esta interconexión se ha considerado de especial importancia al estar calificado como Proyecto de Interés Común por la UE y contar con financiación de la agencia CINEA y el respaldo del Banco Europeo de Inversiones. En total, el coste del proyecto alcanza los 3.500 millones de euros.
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