colonya-caixa-pollenca-caja-ahorros-resistencia-banca

Sede de Colonya, la antigua Caixa Pollença. Colonya

Economía | Finanzas

Caixa Ontinyent y Colonya, la resistencia de las dos últimas cajas de ahorro

En 140 años de historia, una pandemia mundial no es lo peor que les ha pasado a Caixa Ontinyent y Colonya, la antigua Caixa Pollença. Estas dos entidades son las únicas cajas de ahorro que no se llevó la tormenta de la crisis financiera y, presumiblemente, serán las últimas. En un sector en el que la contracción del número de bancos es la norma, estas dos entidades resisten a cualquier movimiento de sus cimientos.

Antes de la pasada crisis económica, España contaba con una red de medio centenar de cajas de ahorro. Ahora quedan dos. El sistema quedó denostado tras la crisis y algunas malas prácticas y la consecuente reestructuración bancaria arrampló con decenas de entidades. Estas dos, sin embargo, consiguieron resistir y aún ejercen la misma banca para la que nacieron.

«En estos 136 años de historia, la entidad ha atravesado toda clase de transformaciones: guerras civiles, cambios sociales y tecnológicos… y ha ido adaptándose a cada momento», explica a El Independiente Vicente Ortiz, portavoz de Caixa Ontinyent.

No estamos sujetos a las presiones de los accionistas ni a las agencias de calificación»

Vicente Ortiz, de Caixa Ontinyent

La clave de este tipo de entidades para no quedarse por el camino es, precisamente, esa: la adaptación. En opinión de Ortiz, esta arma es la más importante para conservar el modelo de negocio de las cajas de ahorro en un contexto en el que los grandes bancos se llevan la mayor parte de la cuota de mercado y este tipo de entidades sigue beneficiándose de sus ventajas y lidiando con sus inconvenientes.

Las cajas de ahorro no pueden acudir a los mercados y llamar a la puerta de sus accionistas cuando necesitan capitalizarse, principalmente porque no los tienen. Solo pueden hacerlo a través del beneficio y necesitan dotar reservas para mantener un capital mínimo.

«El modelo de cajas de ahorro ha tenido que cambiar porque la regulación y las circunstancias del mercado lo exigieron tras la crisis financiera de 2008. De este modo, se ha ganado capacidad para captar recursos propios y reforzar la solvencia», expone a este diario Santiago Carbó, director de Estudios Financieros de Funcas.

Pero este modelo también tiene ventajas. «Las cajas no tienen la obligación de retribuir a sus accionistas y pueden reducir sus beneficios sin que eso afecte a su posición en los mercados internacionales. No estamos sujetos a las presiones de los accionistas ni a las agencias de calificación», clarifica Ortiz.

La «banca tradicional»

«Seguiremos trabajando como siempre, haciendo banca tradicional», explica a El Independiente Juan José Caldés, responsable de Relaciones Institucionales i Estalvi Ètic de Colonya. Al final, como relata a este periódico, el negocio actual es similar al que puso en marcha en 1880 un hombre llamado Guillem Cifre de Colonya, que fundó la caja de ahorros con el objetivo de facilitar el acceso al crédito y el ahorro de la gente.

Le puso por nombre el de su localidad mallorquina de origen, Pollença, e inició así una historia que se alarga ya 140 años. La caja ayudó a financiar la Institución de Enseñanza de Pollença, creada a imagen de la Institución Libre de Enseñanza de Madrid, pero dirigida a la población sin recursos.

Durante unos 80 años, la caja solamente operó con una oficina y no salió de Pollença hasta 1974. Ahora tiene veinte sucursales (dieciséis en Mallorca, tres en Menorca y una en Ibiza) y emplea a un centenar de personas. Su nombre ha cambiado a Colonya, en honor al apellido de su fundador.

Un problema de las cajas de ahorro fue expandirse fuera de su comunidad. Si Colonya tiene una sede en Madrid o en Galicia, ¿dónde va a hacer su obra social?»

Juan José Caldés, de Colonya

Similar evolución ha tenido Caixa Ontinyent. Su fundación llegó cuatro años después que la de Caixa Pollença a manos de la Sociedad de Socorros Mutuos La Previsora en una época en la que los trabajadores no tenían protección social y su supervivencia dependía de sus ahorros.

Aquella Caixa Ontinyent fomentaba y aseguraba la disponibilidad de los ahorros y revertía a la sociedad sus beneficios. Un oficio parecido al actual.

En su caso, también se mantuvo con una sola oficina durante ocho décadas, tras lo cual amplió su presencia, pero sin salir de las comarcas centrales valencianas (Sur de Valencia y Norte de Alicante). Mantuvo sus sucursales durante la crisis financiera, una tormenta a la que también sobrevivió. Ahora tiene 44.

«Lo que hemos hecho es banca tradicional. Fuimos prudentes en su momento con la promoción inmobiliaria, lo que nos apartó del riesgo. Nos hemos mantenido fieles a nuestra fundación», añade Caldés.

Arraigo territorial

Si algo ha permanecido inmutable en el modelo de negocio de las cajas de ahorro desde su origen es el arraigo territorial, que algunas entidades perdieron hace un par de décadas, cuando comenzaron a hacerse cada vez más grandes. «Las cajas de ahorro iban creciendo poco a poco, como una mancha de aceite. En la medida en que una caja de ahorro se hace muy grande y amplía su ámbito de actuación, se parece cada vez menos a una caja de ahorro y más a un banco», añade Ortiz.

Es por eso que Caixa Ontinyent defiende orgullosamente su arraigo a Valencia y Alicante, al igual que Colonya lo hace con Balares. «Un problema de las cajas de ahorro fue expandirse fuera de su comunidad autónoma. Si Colonya tiene una sede en Madrid o en Galicia, ¿dónde va a hacer su obra social?», apunta Caldés, de Colonya.

En un sector en el que las oficinas de las zonas rurales van desapareciendo y los bancos idean fórmulas para no desamparar a sus habitantes, estas dos cajas de ahorro mantienen esa cercanía al terreno, que les permite tener una relación más estrecha con sus clientes.

«Tenemos un contacto muy directo con los clientes, no los mandamos al cajero o a la web, sino que preferimos conocerlos. Esto nos permite ofrecerles los mismos productos que los bancos, pero personalizados», explica Caldés.

Al final, esta cercanía es, precisamente, la que les sigue granjeando la confianza de sus clientes. Como explica Fernando Rojas, consultor del área de Banca de Afi, «los clientes perciben a esas entidades como más cercanas y eso al final redunda en el valor de marca».

Un negocio en extinción

Estas dos cajas de ahorro, ¿podrán ser algún día más? Ortiz, de Caixa Ontinyent, lo ve improbable. «La regulación dice que para crear una tienes que dotarla de un capital mínimo. ¿Qué entidad, organización, empresa o particular va a aportar una cantidad de dinero a una empresa en la que sus órganos de gobierno van a estar compuestos por una representación plural de la sociedad, no vas a tener ningún control y los beneficios van a obras sociales?», se plantea.

En todo caso, no prevé la desaparición de estas entidades. «Los bancos están, a través de políticas de comisiones, desincentivando la relación con los clientes que no son rentables. Si no hay una banca territorial que atienda a estos casos, no sé qué va a pasar», añade.

En efecto, las entidades más arraigadas al territorio, como pueden ser estas dos cajas de ahorro pero también las cajas rurales, hacen de «contrapeso» a la consolidación de las fusiones de grandes entidades, como apunta el experto de Afi. Sin embargo, el sector no parece por la labor de volver al modelo de las cajas de ahorro que, no obstante, entidades como CaixaBank siempre han defendido.

Para Caldés, de Colonya, que el modelo de las cajas de ahorro se fomentara y nacieran más sería, de hecho, «lo más deseable». «Ojalá se incentivara la aparición de cajas de ahorro», desea.

Los cimientos del sector financiero están volviendo a moverse, pero estas dos cajas de ahorro, los últimos mohicanos del antiguo modelo de banca española, se mantendrán en solitario. Serán, probablemente, las últimas que lo encarnen en un sector en el que se pelea por ser cada vez más grande. Es que siempre hay quien prefiere ser pequeño.

Comentar ()