Las estadísticas dicen que el mundo del emprendimiento es coto vedado para las mujeres. El pasado mes de octubre se celebró en Madrid el South Summit, el mayor encuentro start up del sur de Europa, y más de 3.000 proyectos se presentaron para darse a conocer y hacer nuevos contactos con inversores y otros emprendedores. Apenas un 17% de esos miles de iniciativas estaban dirigidas por mujeres.

«No es una cuestión de capacidad, si no de decisión», explica María Benjumea. No hay nadie mejor para hacer tal diagnóstico, pues es difícil encontrar una figura más relevante en el ecosistema del emprendimiento español.

En el año 1994 María fundó el portal Infoempleo, después de dar sus primeros pasos en el emprendimiento con iniciativas ligadas al mundo del arte. Su proyecto fue un éxito y en el año 2012 se decidió a fundar Spain Start Up porque, como dice ella, «me considero una start up yo misma».

Perfil diferente

Lo cierto es que el perfil de la mujer emprendedora es muy diferente al de los hombres. Y la mayoría de los casos, más válido. El 52% de las start up dirigidas por mujeres sale adelante, un porcentaje 20 puntos superior al de los hombres, ya que el 66% de los proyectos liderados por ellos acaban malogrados.

«Las mujeres fallan menos. Las que emprenden lo hacen con proyectos muy interesantes», explica Benjumea. Lo cierto es que las mujeres son más conservadoras tanto a la hora de gestionar como de realizar las estimaciones para la buena marcha de las empresas que fundan. Son, además, mejores gestoras.

Hasta el 52% de las start up dirigidas por mujeres salen adelante

De media, las mujeres solicitan cantidades inferiores a la hora de solicitar financiación. Un 54% de ellas piden entre 50.000 y 500.000 euros, 10 puntos por encima de los hombres que acaban pidiendo montantes similares. Ellas son, además, más cautelosas con las estimaciones de ingresos. Según el estudio elaborado por South Summit, el 30% prevé facturar menos de 50.000 euros anuales.

Nuevos escenarios

Lo cierto es que el panorama del emprendimiento está cada vez más acostumbrado a la presencia femenina. Y con el paso del tiempo lo estará aún más, ayudado por la propia formación de sus miembros. El perfil del emprendedor es, todavía, el de un hombre de 34 años con estudios superiores y, en más de la mitad de los casos, una ingeniería.

Son, por tanto, personas jóvenes y de alta formación a nivel de estudios. Están muy acostumbrados a mujeres de su mismo nivel en el día a día. «La situación de la mujer ha cambiado mucho. Yo tengo 62 años, y a mi me enseñaron desde pequeña para cambiarme y para tener hijos», cuenta María a El Independiente.

«Tanto la ley como lo que pasa en el mundo del emprendimiento está de nuestro lado», alega Benjumea. «Ahora tenemos que preguntarnos, ¿Qué debemos hacer para animar a la mujer a que se sumen o funden iniciativas?», explica.

Barreras autoimpuestas

«Las mujeres tienen una percepción de autoeficiencia menor que los hombres, creen que son menos capaces. Es algo que no tiene nada que ver con las capacidades reales, es una cuestión psicológica», así lo cree al menos Digna Couso, directora del centro de investigación para la educación científica y matemática, un órgano dentro de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad Autónoma de Barcelona.

Las mujeres tienen una percepción de que sus aptitudes para el sector tecnológico son peores. Eso es clave para su bajo protagonismo dentro del universo start up, ya que gran parte de ellas opera en dicha industria.

Los modelos de éxito en el mundo tecnológico deben cambiar»

«Si no me creo capaz, ¿por qué voy a emprender? Si no voy a emprender, ¿por qué interesarme por ese mundo?», dice Couso. Ahí juega un papel clave los modelos de éxito en el mundo tecnológico.

El perfil, potenciado además por series televisivas como The Big Bang Theory o Silicon Valley, es el de un hombre joven con escasas capacidades sociales. «El mundo tecnológico es difícil de conciliar con el modelo cultural que tienen las mujeres», explica Digna Couso, alegando que «hay que romper esa tendencia. Es algo que sí está cambiando poco a poco».

Diferentes intereses

La directora del centro de investigación para la educación científica y matemática también resalta que los intereses de mujeres y hombres son diferentes. «Las chicas suelen interesarse más por la salud o por el mundo de la educación», explica.

Esto beneficiará que crezca el protagonismo de la mujer en el panorama del emprendimiento, ya que estos dos sectores son los dos más populares en cuanto a las start ups durante el pasado año.

Todas estas barreras autoimpuestas de las que habla Couso empiezan a formarse a los 15 años, momento en el que los estudiantes deben decidir si comenzar a especializarse en el mundo de las ciencias o de las letras. «Los jóvenes se consideran de letras o ciencias muy pronto y eso les cierra puertas», explica.

Esto es un problema. Los jóvenes eligen su camino muy pronto sin tener toda la información en la mano, cerrando la puerta a ciertas materias en las que no van a desarrollar sus capacidades. En relación a esto, Couso dice que «es muy importante que las chicas se vean trabajando en el mundo tecnológico».

Cuestión de educación

Para ello es clave la educación, tanto en el mundo universitario como en etapas más tempranos de la formación. El modelo universitario, explica Couso, necesita una reforma. «La universidad debería ser una experiencia vital, y no una preparación para el mundo laboral».

Ofrecer una buena educación no es una cuestión de género

Por su puesto, esta es una cuestión clave para ambos sexos. «La buena educación es para todos, no es una cuestión de género. Enseñar bien ciencias o tecnología a todos hará bien a los estudiantes y les servirá para no descartar materias o sectores en los que seguir progresando», dice la investigadora de la Universidad Autónoma de Barcelona.

También deben mejorar los modelos en los que se basan los jóvenes. Para Couso cree que es un error esa concepción de que «debe haber paridad de sexos en los puestos directivos de una empresa. La gente de a pie no se ve reflejada en esos cargos. Los modelos que deben cambiar son los tecnólogos que trabajan en una start up«.