«El empleo del futuro ya está aquí», afirma tajante Margarita Álvarez, directora de Comunicación y Márketing de Adecco. «Ya no hay que imaginárselo». La mitad del equipo que dirige está repartido entre Asia y Latinoamérica. «Algunos ni siquiera se conocen entre sí. Y eso es el futuro del trabajo. Hay que ofrecerles flexibilidad total, porque el talento no tiene fronteras. Las empresas más que nunca necesitan gente capaz de relacionarse y adaptarse al cambio».

Le cuento que según el centro de estudios Bruegel, más de la mitad de los empleos está en «alto riesgo» de desaparecer en la próxima década. Que también en Davos la mayor preocupación este año era que las máquinas destruyan los empleos. En España, ese think tank calcula que afectará a más de la mitad de los trabajadores. Y no está claro todavía el hueco que va a quedarnos a los humanos.

Mi trabajo es hacer que te emocione una marca. Y eso no lo va a conseguir una máquina»

Margarita Álvarez, sin embargo, que en su haber tiene un triatlón y un Paris-Dakar, rebosa demasiada energía para permitirse un atisbo de pesimismo. «Ya estamos rodeados de cosas que parecen ciencia ficción», sentencia. «Las empresas de automoción tienen fábricas tan grandes como dos campos de fútbol llenas de máquinas que apenas necesitan tres operarios para que todo funcione. Pero son las labores más rutinarias las que están desapareciendo, los trabajos profundamente humanos seguirán existiendo». Por eso niega tajantemente que los robots sean una amenaza.

«No me creo ninguna de esas teorías apocalípticas que estamos constantemente escuchando. Mi misión es hacer que te emocione una marca. Y eso no lo va a conseguir una máquina, pero ésta me va a ayudar a hacerlo mejor». Y añade: «Tenemos que analizar qué es lo que queremos que sea sustituible y lo que no. E igual que no quiero tener un hijo robot, un novio robot o un amigo robot, no quiero tener un jefe robot. Pero claro que quiero que la inteligencia artificial me haga la vida más fácil».

De lo que se van a tener que encargar los directivos del futuro «es de coordinar esos equipos, la mitad del trabajo lo hará una máquina y la otra mitad una persona. Las empresas tendrán que motivar a la gente y ayudarla a que se adapte a un escenario en continua transformación. El secreto va a estar en el aprendizaje continuo, porque el valor no va a estar en la rutina, sino en adaptarse. Vamos a ser lo que se llama knowmads, es decir, nómadas del conocimiento en continua reinvención», explica. No le gusta la palabra reinventarse, pero no le queda más remedio que usarla «porque cada vez todo cambia más rápido».

Vamos a tener que estar constantemente aprendiendo, seremos knowmads: nómadas del conocimiento»

Reconoce que de niña imaginaba que cuando fuera mayor llevaría a sus hijos en un coche volador, vestiría trajes espaciales y comería a base de pastillas. «Pero el futuro ha sido más sutil al llegar de lo que pensábamos», comenta. «Y ya estamos rodeados de cosas que parecerían ciencia ficción, como la forma en la que nos comunicamos o trabajábamos, pero hace 20 años ni nos las imaginamos».

En este nuevo escenario de cambios constantes, las relaciones laborales también necesitan cambios de mentalidad. «Pero, por primera vez, la generación que empieza tiene mucho que enseñar a las otras y eso es algo que las empresas deberían aprovechar. Antes llegabas con 24 años a una empresa, cogías un boli y una libreta y te tenías que limitar a tomar notas y aprender. Pero ahora llegan con 24 años y cantidad de conocimientos que pueden aportar valor a los equipos», opina.

«Sin embargo, es un gravísimo problema que como sociedad permitamos que las personas de mayores de 50 sean expulsadas del mercado laboral porque no se les está dando suficiente formación para ayudarles a reciclarse y aportar valor con todo el conocimiento que han adquirido», advierte. «Si combináramos los conocimientos de todas las generaciones haríamos magia», explica la directiva, que llegó a esta consultora en 2011 tras haber trabajado 15 años en Coca-Cola, donde fundó y presidió el Instituto de la Felicidad. Ese tema es una de sus grandes pasiones, por eso  ha impulsado también los estudios anuales de Felicidad en el Trabajo en Adecco.

Por primera vez, la generación que empieza tiene mucho que enseñar a las otras y eso es algo que las empresas deberían aprovechar»

Hace poco visitó el Instituto Tecnológico de Masachussets (MIT) y quedó fascinada por el método de trabajo que tienen allí. A ellos les copió el mensaje que tiene escrito en el despacho en el que invita a la desobediencia frente a la complacencia. Un espíritu rebelde que transmite a su equipo a diario.

«En el MIT no hay áreas de trabajo, tienen equipos multifuncionales y los ingenieros tienen en sus equipos músicos, filósofos y psicólogos que les ayudan cuando se bloquean en un proyecto. Ellos son los que les dan lo que llaman las respuestas mágicas, porque piensan diferente», explica. «Las empresas deberían aprender mucho de ello, cada vez tiene menos sentido dividir las funciones».

Álvarez presume de que su empresa se dedica «a lo más bonito, que es buscarle trabajo a la gente». Y reconoce que la amenaza al empleo en España, más que los robots, sigue siendo la temporalidad (del 26,5%, la segunda más alta de Europa), de la que no considera responsables a las ETTs. «Los primeros que no queremos precariedad somos nosotros. En España tenemos una tasa de temporalidad que es un disparate», sentencia. «Adecco sólo gestiona un 3% de todos esos contratos y tenemos un ratio de transformación a contratos fijos del 30%», explica. «El problema es que muchas empresas cubren puestos que deberían ser fijos como contratos temporales. Nosotros tenemos la obligación de cambiar la mentalidad de las empresas».

Conciliar también es ir a jugar al pádel

Álvarez es una firme defensora de la flexibilidad. «A la gente le tienes que  poner objetivos y medir por los resultados», afirma con la convicción de que los horarios son una mala costumbre. «Cuando alguien de mi equipo me dice que se tiene que coger la mañana libre porque viene el fontanero me enfado. ‘¿Por qué me lo cuentas? Lo que sé es que el viernes vas a tener lo que te he pedido’. Y eso es lo que importa'».

Forma parte de ese selecto grupo de 12% de mujeres directivas españolas, todavía demasiado selecto a su pesar. Pero confía en que frente al mal del presentismo en las empresas, que está demostrado que baja la productividad de los empleados,  se instaure pronto el trabajo por resultados, que además es más rentable y ayudará a que cada vez más mujeres ocupen puestos directivos.

Encuentro empresas que me dicen que tienen conciliación para mujeres. ¿Cómo que para mujeres? ¡Los hombres también tienen que conciliar!»

«Es increíble que sigamos hablando de si debo contratar a un hombre o a una mujer», añade. «¡Debería darnos exactamente igual! Aunque es evidente que aún no hemos llegado a ese punto». Álvarez reconoce que muchas compañías todavía están muy lejos de aplicar verdaderas políticas de igualdad. «A veces las empresas hacen daño intentando solucionar la igualdad. A veces me encuentro empresas que dicen estar muy sensibilizados con la igualdad que no tienen ninguna mujer en puestos directivos y presumen de tener una becaria analizando el temas de diversidad. Esto no va de debatir, va de hacer».

«Yo sigo yendo a empresas que dicen que tienen conciliación para mujeres. ¿Cómo que para mujeres? ¡Que los hombres también tienen que conciliar!», afirma indignada.  «Los que tienen hijos y los que no, los que quieren ir a jugar al pádel y los que quieren ir a darle un baño a sus hijos. Aquí tenemos que conciliar todos».

No cree Margarita Álvarez que haya que diferenciar características de liderazgo femenino o masculino. «Nos hacemos daño cuando decimos vamos a analizar las ventajas que tenemos las mujeres directivas. No me interesa nada. Si pasáramos veinte años analizando las diferencias entre los altos y los bajos también las encontraríamos, pero no las quiero saber. Y hay cosas en las que puedo ser más parecida a Germán y otras a Verónica. ¿Y qué?».

Cuando voy a una empresa a presentarle candidatos no hay que decirle si es hombre o mujer ni cuántos años tiene

«Perpetuar estereotipos no ayuda a la igualdad», insiste Álvarez mostrando con la mano unas bolsas llenas de papeles que se acumulan detrás de la puerta de su despacho. «Se supone que por ser mujer debería ser muy ordenada, y míralo, soy un caos», bromea. «Pues asociar conciliación o tener hijos con ser directiva es otro estereotipo».

Lo que sirve para defender la diversidad es fijarse en el talento, por eso defiende los curriculos ciegos. «Cuando vamos a una empresa a presentarle tres candidatos no le tenemos que decir si es hombre o mujer ni cuántos años tiene. Son datos irrelevantes. Pero se siguen pidiendo cada día en muchas empresas. Tenemos un largo camino que avanzar todavía».

La pizarra gigante que tapa una pared de su despacho está llena de anotaciones. Lo mismo apunta un viaje a Ecuador que tiene pendiente que un congreso o un cumpleaños. Algunas las ha apuntado ella, otra su equipo, o alguno de sus tres hijos que a veces le acompañan los sábados y le ayudan a decorar las paredes del despacho con sus dibujos.

Le encanta viajar, porque el tiempo que pasa en los aviones es el único rato de tranquilidad en su rutina. «Me quedo mirando por la ventanilla y es muy inspirador, de repente estar desconectada me dispara las ideas y no paro de escribir», confiesa. «Cada vez que vuelvo de viaje mi jefe me teme a ver qué idea loca se me ha ocurrido ahora».

Tal vez por eso Margarita Álvarez esté tan convencida de que los robots no son una amenaza. Si hay algo en lo que somos mejores los humanos es en la locura. Y la desobediencia.