“El suicidio no es un asunto privado, sino una cuestión de salud pública”, afirma la eurodiputada Beatriz Becerra, vicepresidenta de la subcomisión de Derechos Humanos en el Parlamento Europeo y perteneciente al Grupo de la Alianza de Liberales y Demócratas por Europa (ALDE), que lleva una década dedicada a la promoción de políticas de salud mental. “La invisibilidad que afecta a estos temas en la sociedad cubre con un manto de sufrimiento adicional a las víctimas y sus familias, que llegan a la conclusión de que esa situación sólo les pasa a ellas”.

Las muertes por suicidio duplican a las de accidentes de tráfico

En España, las muertes por suicidio duplican a las de accidentes de tráfico y son 70 veces mayor que las causadas por violencia de género. Según la OMS, son la causa de la mitad de los casos de muerte violenta.

Beatriz Becerra, que ha escrito varias novelas entre ellas una sobre suicidio en niños y adolescentes titulada La estirpe de los niños infelices, reclama un plan de actuación que ayude a visibilizar y reducir los suicidios en España, que superan las  3.800 anuales. “Mueren diez personas al día por esta causa, pero en los medios solo se habla de ello cuando afecta a una personalidad pública, como ha pasado esta semana con el caso de Miguel Blesa”, afirma.

“Hay que dejar de tratarlo como un problema de la intimidad”, reclama la eurodiputada. “El suicidio es el último tabú que nos queda. Hemos abolido tabúes médicos, sociales, sexuales… Pero al suicidio aún le rodea el último resquicio de lo misterioso, de lo que no se puede abordar. Encarna la vergüenza, la idea de un fracaso. Seguimos pensando que solo somos nosotros los que conocemos un caso, pero es algo tristemente frecuente. La única manera de avanzar en la prevención es poniéndole nombre, visibilizarlo y hablar de ello para que deje de ser un tabú.”

Alerta también que siguen presentes en el imaginario colectivo muchos mitos sobre la situación que viven las personas que llegan a quitarse la vida: “Hay creencias falsas como que cuando alguien verbaliza ideas suicidas es porque no lo va a cometer. Puede ser una alerta de que está pidiendo ayuda. Otro mito es que quienes quieren suicidarse lo van a hacer de todas formas y no se puede evitar. Es falso. También es falso que el suicidio sea un ejercicio de libertad individual”, apunta. “Nadie quiere morir, lo que quiere es acabar con un sufrimiento. Y ahí es donde se les puede ayudar. Quien lo comete no es libre de elegir porque está en una situación desesperada de oscurecimiento mental. Cuando no se ven más salidas es porque no hay una percepción objetiva de la realidad. Y no hay una causa única, son situaciones complejas.”

La eurodiputada, que estudió Psicología y trabajó durante 20 años en el sector privado antes de entrar en política como miembro de UPyD, es especialmente enérgica al abordar otro de los mitos: “Informar sobre los suicidios produzca un efecto de imitación”.

¿Por qué los medios no informan?

“Todavía prevalece la idea de que hablar de ello puede ser perjudicial, pero a quien daña es al entorno que se encuentra solo cuando sucede algo así. Lo que hay es que evitar el tratamiento morboso o darle el halo romántico de la época de Larra, pero las indicaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) son clarísimas: Hay que informar de ello, pero sin sensacionalismo, ni simplificar la relación causa-efecto. Uno no se suicida por un desahucio o por quedarse en el paro…”

Cree la eurodiputada de ALDE que desde la crisis, “en España el suicidio se ha intentado utilizar como arma ideológica y eso es de una irresponsabilidad mayúscula”, sentencia.

“El suicidio no es un acto de libertad individual”

“No tengo claro que el suicidio de una persona como Blesa ayude a visibilizar el problema”, advierte Becerra. “Ayuda a visibilizar que estas cosas pasan pero no ayuda a verlo como un problema de salud pública. El error sería transmitir que esto solo le pasa en casos extremos porque no es verdad.”

El 20% de la población europea sufre uno o más trastornos psicológicos, según la OMS y en Europa el suicidio es la segunda causa de muerte entre jóvenes. “La invisibilidad de los suicidios es un círculo vicioso. Viene dado por el convencimiento de que eso no le pasa a nadie más. Hay que acabar con ese tabú porque refuerza el sentimiento de culpa del entorno. Las escuelas, los institutos, los vecinos, el entorno laboral… Pervive el estigma de que el que se ha suicidado por algo será”, añade.

Blesa y Pablo Iglesias

Al día siguiente de la muerte de Miguel Blesa, que según confirmó la autopsia se pegó un tiro en el pecho, el líder de Podemos, Pablo Iglesias, declaró que “el suicidio es algo muy triste que debemos lamentar, pero a mí en estos momentos se me vienen a la cabeza los suicidios de muchas personas que fueron víctimas de desahucios y estafas”.

“No tengo claro que el suicidio de una persona como Blesa ayude a visibilizar el problema”

Para Becerra este tipo de declaraciones ejemplifica “una irresponsabilidad máxima”. Y añade: “Prefiero pensar que es por falta de conocimiento. De entrada, no se puede hablar de víctimas de suicidio. Hay que llamar a las cosas por su nombre. El suicidio no es una enfermedad ni la causa una sola cosa. Es una conducta que puede y debe evitarse. Y la utilización por parte de fuerzas políticas de una burda relación causa-efecto entre los desahucios y la pérdida de empleo es de una simplificación indecente”.

“No tiene sentido pretender hacer una equidistancia con el caso de Blesa y los desahucios”, añade tajante. “Más de 3.500 personas se suicidan cada año en España, pero no los provoca la pérdida de un hijo, un desahucio o estar en el paro. Lo causa un conjunto de circunstancias muy complejas que son mentales, sociales, familiares… Si fuera causa-efecto todo el mundo reaccionaria de la misma manera. La falta de políticas sociales causa pobreza y causa desigualdad. Pero no mezclemos las cosas. Para evitar las conductas suicidas hay que trabajar las estrategias de salud mental.

Una campaña de prevención como las de Tráfico

“El Gobierno tiene que aceptar que el suicidio es tan grave como accidentes de tráfico, porque hasta que no se asuma no se puede poner en marcha un verdadero plan de acción. Una estrategia de salud mental que incorpore un plan de prevención del suicidio tiene que implicar varios ministerios (empleo, salud, igualdad, etc). Y es imprescindible la incorporación de los ámbitos educativo y laboral”.

En 2012, cuando Becerra era diputada de UPyD, impulsó una PNL  para la salud mental que fue apoyada por todos los partidos políticos. “Sin embargo, se incorporó de una manera muy laxa. Solo había una referencia al suicidio como una nota al pie de la depresión. Pero no algo con entidad propia. Se estableció una Unidad de Coordinación del Plan de Prevención del Suicidio, que es como crear una comisión. No se ha materializado en nada concreto. Hay Comunidades que tienen fondos destinados a la prevención de suicidio que acaban en unos cuantos folletos. Y eso de prevención no tiene nada. Faltan cauces sistematizados para ayudar. Hay que establecer alertas en los colegios, en las familias, en las oficinas. Hay que aceptar que el suicidio existe, que se puede dar y que lo tenemos que evitar.”

“Hay que sacar el suicidio del ámbito privado y hacerlo visible”

Cree Becerra que el cambio de mentalidad que se precisa “tiene similitudes con el que se vivió en el caso de la violencia de genero: hay que sacarlo del ámbito privado y hacerlo visible, establecer protocolos y ayudar a las personas en esa prevención de riesgo. La manera más práctica es hacer un seguimiento de los intentos de suicidio. No se hace ninguno ni hay una coordinación estatal. Es el primer paso. Y hay también que crear redes de apoyo a las familias.”

El referente máximo en prevención es Finlandia: “En los 90 establecieron un plan a largo plazo y ha funcionado muy bien. Tenían el mayor nivel de incidencia de toda la UE y han demostrado que con una buena estrategia el suicidio se puede prevenir como cualquier otra conducta nociva par la salud de los ciudadanos igual que se actúa contra los accidentes de tráfico. Se trabajó conjuntamente sobre todo en colegios, institutos y universidades y la participación y el compromiso de los medios de comunicación.”

Que el suicidio sea la segunda causa de muerte en adolescentes “debería ser razón suficiente para abordarlo con urgencia”, añade la eurodiputada. “Tiene una interrelación con el acoso escolar muy clara. Pero falta una decisión política para orientar recursos multidisciplinares que coordine ministerio de Educación y Sanidad”.

“Es muy urgente”, reclama Becerra. “Hoy volverán a morir otras diez personas por esta causa y no nos enteraremos de ninguna de ellas. Solo se quedarán en el círculo de terrible dolor de su familia, sin saber que no es un problema aislado. Es obligación de su Gobierno prestar atención a esto porque el Estado debe ser garante de la Salud”.