Tecnología

MWC 2024: más allá de coches voladores y robots

Esta edición del Mobile World Congress de Barcelona deja definitivamente atrás la telefonía para exponer nuestro futuro inmediato y reivindica al ser humano en el centro de la tecnología

Decenas de personas asisten a la presentación del prototipo de coche volador de Alef Aeronautics, durante la segunda jornada de la XVIII edición del Mobile World Congress. David Zorrakino / Europa Press 27/2/2024

Todos los fans de la ciencia ficción de décadas pasadas imaginábamos gigantescas estaciones espaciales, coches voladores y robots humanoides que nos hablarían de tú a tú en el siglo XXI. La realidad ha resultado algo más prosaica, pero es innegable que tal y como se predecía, vivimos en un mundo tecnológico hasta el analfabetismo de quienes no se adaptan. Por lo tanto se hace necesario poder asomarse, no solamente al futuro, sino también al presente de ese entorno que ya nos rodea completamente.

Una “tractorada” en Lleida y su protesta convocada por redes sociales impidió que pudiera llegar a tiempo de recorrer buena parte de los pabellones del congreso mundial de la tecnología, siendo más exactos en su denominación. El contraste entre el futuro eléctrico que soñábamos se estrella con la realidad más agreste de los que tratan de vivir del campo, ahora invadido por nómadas digitales. Por suerte, varias citas me complementaron la visión que necesitaba, que no siempre es la que obtiene el visitante de a pie.

Efectivamente, mis entrevistados me confirmaron que las trastiendas eran mucho más decisivas que los fuegos artificiales habituales en los noticiarios. Los trucos de prestidigitador en forma de móviles que se retuercen, humanoides que responden en inglés o perros robot no son “el turrón” del evento. Lo verdaderamente importante se cuece en zonas exclusivas dentro de algunos pabellones. Hay que conseguir superar estrictas barreras para llegar a “la ciudad prohibida”, como la denomina Albert Cuesta, ingeniero y periodista. Mi interlocutor comenzó diseñando el futuro del sonido en marcas como Vieta, Marantz o Aiwa en los 80, y hace décadas que es uno de los más cualificados observadores de lo que acontece en el mundo tecnológico. “El congreso ya no es lo que era, pero eso es estupendo”, me asegura nada más comenzar nuestra charla. Los móviles se han quedado atrás, y eso que el “cuquimóvil” de Barbie se presentó a los medios antes de abrir las puertas de los pabellones, y los Android chinos ya consiguen batir en prestaciones a la mayoría de modelos de Apple. Por cierto, un año más la compañía de Cupertino es la gran ausente de la fiesta tecnológica mundial, ya que siguen prefiriendo presentar las cosas a su manera y en sus propios eventos. No sé qué diría Steve Jobs de eso.

Sí, se están vendiendo más de mil doscientos millones de móviles al año, pero son un elemento más de la cantidad de dispositivos que se conectan a la red global. Albert lo tiene claro: lo verdaderamente importante es la gestión de las redes que conectan a todos estos dispositivos entre sí. Efectivamente, tres marcas que todos conocemos destacaron con stands que han de medirse en kilómetros cuadrados: Huawei, Ericsson y Nokia. Esta última compañía finlandesa de ciento cincuenta años de historia y que dominó el mercado de la telefonía mundial durante más de una década, ha cedido su marca para el consumidor a manos orientales para la fabricación y venta de móviles “retro” que triunfan entre la chavalada. Ahora su oficio está en proveer de conectividad al mundo de los verdaderos robots, que no han de ser humanoides ni hablar como en las películas, a pesar del famoso Ameca. Sí, una de las estrellas del evento ha sido el humanoide conectado a una IA que es capaz de parpadear y seguirte con la mirada mientras contesta obviedades en una conversación que no se parece en nada a las imaginadas por Clarke o Asimov. En persona gana, claro, porque impacta, pero no deja de ser la versión moderna de los autómatas que durante siglos pasados entretenían al público en ferias.

Nótese mi escepticismo, que es algo menor del que siento por el famoso coche volador Model A presentado por Alef. Aseguran tener más de tres mil pedidos, a ciento cincuenta euros la reserva, pero seamos claros: no existe ninguna ley que permita que alguien vuele metido en eso ni en los atascos, ni sobre nuestras cabezas. 

Es cierto que la inteligencia artificial ha sido una de las grandes protagonistas, pero muy lejos de esos artefactos de feria y de lo que espera el público en general. Un ejemplo: según Cuesta, las redes 6G la usarán para poder ser mucho más eficientes al ser capaces de dirigir la cobertura de forma direccional hacia el usuario, haciendo de la telefonía móvil algo más sostenible, otro de los puntos clave de esta edición. No lo parece, pero está muy relacionado con el boom del último año largo: la IA generativa que ha dado orígen a Chat GPT. La regulación de su uso y el impacto en nuestras vidas también ha ocupado una parte importante de los debates y corrillos del MWC. Sigue habiendo bastante miedo a su impacto.

“En la revolución industrial hubo quien quemaba las fábricas”, asegura Eduard Martín, uno de los mayores expertos en la evolución de nuestro “tecnoentorno” que se puede uno encontrar en esta feria. Es el “arquitecto digital” detrás de grandes proyectos de innovación tecnológica en Barcelona y siempre supo combinar la ingeniería informática con la estrategia pública, forjando el futuro de las ciudades inteligentes que tomaron nota de lo ocurrido en la ciudad condal. Desde 2019 es el Director de conectividad inteligente de la Fundación Mobile World Capital Barcelona. Desde su cuartel general, situado en el mismo puerto al que durante siglos llegaron los barcos desde las indias con todas las grandes novedades, dan sentido al enorme conglomerado que organiza GSMA. Si en el pasado el lema de su fundación era “Technology Matters” (la tecnología importa) ahora, con “Humanizing Technology” (humanizando la tecnología) se pone el acento en el “humanismo tecnológico”, que es mucho más que una expresión. “Primero van las personas, después lo que hacen las personas, después cómo hacen lo que hacen las personas, después si nos parece bien o mal lo que hacen las personas, y al final viene la tecnología para hacerlo”, sentencia Eduard. 

Este enfoque “antropocéntrico” en la locura del progreso actual parece muy necesario. Es cierto que hemos cambiado tanto nuestro entorno, que ahora tenemos que adaptarnos a él, y los cambios son cada vez más rápidos. Según Martín, muchas veces se fuerzan procesos de transformación digital porque alguien con cierto mando en su empresa piensa, por ejemplo, en un congreso como este “anda, qué chulo” al ver algún avance tecnológico. Por ejemplo, con la inteligencia artificial, el ingeniero deja claro que la primera pregunta debería ser “¿realmente la necesito para hacer lo que hago?”. A pesar de ser el sueño de la informática desde que existe, no es lo mismo datos que conocimiento, y muchas veces se es muy trivial en esto. Me quedo con una de las reflexiones que Eduard me regaló: “lo que la IA tiene ahora son datos. El siguiente paso será el conocimiento, que es lo que tienen los humanos. Todo esto no será peligroso si conseguimos ponernos a nosotros primero”. 

Me voy con la sensación de estar sobrepasado, como en nuestra vida cotidiana, por tanta información. En medio de la lucha por la atención de la que somos víctimas en nuestro tiempo, conservo cierta tranquilidad al constatar que existen personas que sabrán dar en el momento adecuado el punto de vista necesario para que, al enfrentarnos al reto humano de la tecnología, tengamos algo de sentido común y no parezcamos críos “flipados” con un móvil. O con un coche volador.

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