La muerte en agosto de una mujer de 92 años –la noticia trascendió ayer– atropellada por dos jóvenes a bordo de un patinete eléctrico en una amplia rambla peatonal en Esplugues de Llobregat (Barcelona) marca un hito: la primera muerte conocida por atropello en España. En octubre falleció otra mujer de 40 años también en la provincia barcelonesa (en Sabadell) al caer de su patinete desde la acera a la calzada y ser aplastada por un camión. El patinete como amenaza para el peatón está hora mismo en el debate de la calle.

Es precipitado sacar conclusiones de ambos siniestros: el patinete eléctrico es un fenómeno de 2018 que asusta a los ayuntamientos de las grandes ciudades pero cuya peligrosidad todavía se desconoce. No es un artilugio que se haya inventado este año, aunque sí que ha explotado su uso. E irá in crescendo: además de venderse como vehículo particular por unos 400 euros aproximadamente, las grandes multinacionales están detrás de los modelos de sharing.

A principios de agosto una empresa financiada por Google y Uber llamada Lime desplegó centenares de patinetes eléctricos en Madrid sin avisar al Consistorio y con medio país de vacaciones, lo que enfureció al equipo de Manuela Carmena. Después de Lime, vinieron otras 15. Como sucede con la moto, el coche eléctrico, los segways o la bici eléctricos, las app cuestionan el concepto de propiedad individual y fomentan la denominada economía colaborativa.

Este jueves se ha sabido que la Dirección General de Tráfico trabaja en un real decreto  para impedir que los patinetes eléctricos circulen por la acera y para establecer una velocidad máxima para ellos de 25 kilómetros por hora.

¿Es peligroso el patinete?

Hasta que no se crucen datos y publiquen estadísticas sobre accidentalidad y -por ejemplo- números de kilómetros recorridos, es difícil aventurarse a lanzar afirmaciones. Pero hay dos cosas claras: los dos accidentes mortales se han producido en la acera, es decir, en áreas peatonales donde ayuntamientos como Madrid y Barcelona prohíben circular. Por comparar, la última vez que murió una transeúnte arrollada por una bicicleta ocurrió en febrero de 2016 en Barcelona. La víctima fue la entonces diputada de Junts pel Sí Muriel Casals, ex presidenta de Ómnium.

Según un técnico de movilidad del ayuntamiento madrileño, todo está en fase de análisis. «No tenemos experiencia de atropellos en la calzada, pero entendemos que no es lo mismo el contacto entre un coche y una bici que entre un coche y un patinete. En el segundo caso, es mucho más probable que el contacto sea directo entre el automóvil y la persona».

Lo que está claro es que estamos ante un artilugio que puede circular a 30 kilómetros por hora, una media mucho más alta que la de la bicicleta (15 kilómetros por hora en la ciudad). Un choque entre cualquier vehículo a esa velocidad y una persona anciana o frágil de salud entraña demasiados riesgos. Los menores de 16 años tienen que llevar casco, y todos deben portar timbre y luces. Con menos de 15 años los usuarios deben moverse acompañados de un tutor.

¿Es engorroso el patinete? 

A tenor de lo que se lee y escucha cada vez más en televisión, radio y redes sociales, claramente lo es. Se aparcan en medio de las aceras y molestan al transeúnte.

https://twitter.com/malvartinez/status/1053273398556659712

Este último problema es una consecuencia directa del sharing: el patinete eléctrico particular se guarda en casa o en el trastero. Las firmas que sueltan los patinetes por las calles que han hablado en las últimas semanas con este medio defienden que ellas no pueden estar pendientes del usuario: que lo idóneo es aparcarlo en la calzada o en el límite entre ésta y la acera para que no moleste, dicen.

En realidad los patinetes son uno más de los elementos que incomodan al peatón, a sumar a las terrazas o las motos (que también invaden las aceras). O el coche: en el Paseo de la Castellana de Madrid el 80% del espacio es para el automóvil, por donde solo viaja el 20% que circula por esta arteria.

¿Puede circular por cualquier parte el patinete eléctrico?

En absoluto. Es una competencia municipal regular la movilidad urbana, y por eso Madrid o Barcelona han aprobado sendas ordenanzas y otras llevan el mismo camino. En Madrid se les llama técnicamente Vehículos de Movilidad Urbana (VMU). La literalidad de la ordenanza dice que el patinete eléctrico podrá circular por:

«ciclocalles, carriles bici, pistas bici, por la calzada de calles integradas dentro de zonas 30, -respetando la prioridad del peatón- y por las calles en las que en todos sus carriles la velocidad máxima de circulación sea igual o inferior a 30 kilómetros por hora siempre que la anchura del vehículo lo permita en condiciones de seguridad»

En resumen, el patinete no puede ir por ninguna zona peatonal ni por calzadas con dos o más carriles por sentido (como la Gran Vía). Se han creado asociaciones en Madrid que piden circular por los ciclocarriles o cc30 (en Barcelona hay una malla de casi 200 kilómetros de carriles bici frente a Madrid, donde la infraestructura ciclista es marginal).